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“Un año más…..que más da”


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La frase que inicia una cumbia popular de celebración, alegría e inclusión, conmueve el efecto de la vida, el curso de los años y la gráfica de una sobrevivencia en permanente cambio. En este contexto, el 2019 llegó cargado de expectativas personales, sueños comunes, sueños colectivos, esperanzas y motivos que contribuyen a dar vida a nuestros sentimientos más ocultos y desafiantes, es la época en que verbalizamos nuestras expectativas.

El año nuevo reivindica el envejecimiento como proceso, que grafica en los años el curso del tiempo, el curso de la vida y su mejor ejemplo en el rostro de las personas mayores, cuyas frases sobre el tiempo, se fueron instalando inexorablemente en la propia experiencia, en  el propio rostro….en nuestra propia historia. En la mayoría de las ocasiones, la celebración de año nuevo va aparejada de buenos deseos, que a mediada del paso de los meses genera un  declive, condicionando estados de ánimo, proyecciones  y concepciones sobre la vida de otros y la nuestra, mientras renovamos esperanza para el próximo año y así repetimos la dinámica mientras exista vida.

Un año más! dice la cumbia, un año más decimos en coro! celebración a la vida que pasa por reflexiones profundas sobre nuestro sentido de existencia, sueños y emociones. En este contexto, la evaluación de nuestro crecimiento personal y envejecimiento individual lleva a algún@s  personas a dimensionar la  realidad, basado principalmente en determinantes sociales como: ingreso, carencias personales, necesidades sentidas, deudas del año viejo, habitabilidad, afectos y visualización de proyectos colectivos que nos permitan soluciones a viejos problemas. El año nuevo es tiempo donde se revelan sentimientos que guardan las mismas motivaciones con esperanzas de nuevas soluciones. Es una característica fundamental de lo que tenemos pendiente, aquello que nos rodea y nos promueve como seres humanos, más allá de nuevas propias rebeliones.

El año 20018 en materia de oportunidades colectivas y ciudadanas dejo un aire difícil de respirar y comprender en sus efectos, la crisis institucional de la democracia y sus poderes, la crisis de las iglesias, el ejército, carabineros, el fútbol, la educación, la salud y el caso Catrillanca, entre otros, un despertar de nuevas miradas, sentimientos encontrados y la obligación de una nueva forma de hacer. El remezón, que como terremoto afectó a toda la ciudadanía, que por años consideramos a nuestro país libre de malas prácticas, tomando en cuenta que las instituciones y organismos nacionales, gozaban de un prestigio que no era real, eso implica volver a construir confianzas, regenerar estructuras, replantear nuestras creencias en función de nuevas formas, propiciar cambios  y recordar más que nunca las deudas pendientes.

Podemos decir que existen deudas cuestionables, pero sobre todo, que en algunas materias es simplemente insostenible, reconociendo los múltiples avances que Chile tiene en diversas áreas, pero elevando la voz sobre el envejecimiento, la vejez y sus desafíos.  La  gran deuda de Chile con las personas mayores, se grafica en la existencia de datos que argumentan necesidades de cambios, la escasa percepción de la vejez, la poca sintonía con las personas mayores, la falta de sentido de urgencia, el disfraz de participación de las organizaciones, la falta de empoderamiento sobre temas de pensiones, la manifestación contradictoria de estar con vida y la sobrevivencia. Un escenario de sentidos dicotómicos, anulados por las luces del significado de la vida. Sin duda estamos felices de vivir más, pero el desafío es reconocer que debemos vivir mejor en la vejez, esa es la deuda del 2018, un año donde la demanda por NO más AFP llenó las calles de reclamantes, pero no logró transformaciones concretas en la vida de las personas, una declaración cuyo sentido está en la búsqueda de nuevos escenarios y soluciones que vengan a contribuir en la extendida vida de las personas, un escenario de deuda política y de políticos que de vejez solo contribuyen desde el discurso. El miedo a la vejez y los efectos del envejecimiento poblacional, paralizan los múltiples motivos de soluciones a necesidades urgentes.

El año nuevo trae expectativas, pero poco o nada hemos visto, escuchado y leído sobre los desafíos de la vejez y el envejecimiento 2019. Tal vez sea más fácil seguir celebrando la vida y asumiendo que los años NO traen nuevas formas, un dilema que en lo práctico deja de ser moral, y su transcurso a lo ético no logra acciones que permitan apoyar la nueva forma de vivir más en Chile. En este ámbito, es necesario asumir que el tema del envejecimiento poblacional en política, debe ser una obligación ética y moral, basada en los derechos humanos fundamentales de las personas, la convención Interamericana de los derechos Humanos de las personas mayores y la defensa de la vida como un reclamo de todo tiempo.

Un año más….qué más da!!! definitivamente no puede ser final de cumbia, tenemos que abordar desde lo político respuestas que clarifiquen el horizonte de millones de personas mayores y la instalación de esta nueva generación en el escenario social como un logro de las políticas públicas y desarrollo humano, asumiendo como parte de las expectativas y sueños para este 2019.

 

 

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Rayen Ingles

Ex Directora Senama.

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