Sobre el “Plan Retorno” y “Vuelta a la Patria”


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En las últimas semanas, nuestro país ha sido escenario de dos políticas migratorias impulsadas por distintos gobernantes de Latinoamérica. Gobiernos ideológicamente opuestos, pero que, desde el cuidadoso tratamiento de los medios de comunicación, parecieran, en esta experiencia, no tener grandes diferencias. Hablamos del “Plan de Retorno Humanitario”, impulsado por el gobierno de Piñera, que contempla un viaje gratuito de regreso para los haitianos y del plan “Vuelta a la Patria”, del gobierno de Maduro, que impulsa el retorno gratuito de Venezolanos.

Ambas experiencias tienen un motor discursivo común: facilitar el regreso al país de origen a una cifra no menor de inmigrantes haitianos y venezolanos que en Chile no lograron cumplir sus expectativas de una mejor calidad de vida, en el sentido amplio de la palabra.

Sin embargo, al analizar estas experiencias desde el discurso de sus voceros, podemos apreciar grandes diferencias entre ambas políticas de retorno:

Exclusión v/s inclusión: Piñera, dueño de casa, ofrece educadamente a sus visitas haitian@s irse, volver por donde llegaron, después de una tensa jornada en que no les ofreció ni una tacita de té, ni techo para abrigarse de la lluvia y ninguna posibilidad de trabajo que les permitiera valerse por sí mismos, ni siquiera hizo un esfuerzo por comunicarse, solo los observó intentar sobrevivir a fuerza de ganas, hasta que la adversidad y las barreras para lograr su inclusión fueron más fuertes,  luego les ofrece su auto personal con chofer para llevarlos de regreso. Maduro, por su parte ofrece a sus compatriotas la posibilidad de regresar a su país, a su hogar, a su familia, sin pedir explicaciones ni juzgar los motivos de la partida. Un país que enfrenta una situación social, económica y política difícil y que aun así, facilita el retorno voluntario, sin requisitos especiales ni prohibiciones.

Migrante como objeto de vulneración v/s migrante como sujeto de derecho; para  Andrés Chadwick, ministro del Interior de Chile, el Plan de Retorno se justifica ya que haitianos “fueron traídos en forma engañosa, con promesas infundadas y desproporcionadas”, generalizando una situación puntual de trata de personas, que afectó a un grupo de haitianos, mientras que el embajador de Venezuela en Chile Arévalo Méndez, expresa que “las razones por las que regresan es porque algunos venían con expectativa socioeconómicas que no les alcanzaron. Otros que, a pesar de obtener una condición socioeconómica buena y un buen sueldo, añoraron su tierra, su familia, su cultura, sus costumbres, su música, y decidieron regresar” aludiendo a la capacidad de sus compatriotas de decidir respecto de si mismos, sus expectativas y su futuro.

Autonomía personal v/s arbitrariedad  del gobierno: El plan de “retorno humanitario”, en su letra chica prohíbe el ingreso del “sujeto beneficiario” a Chile por 9 años (¿?), ya que según Chadwick “el Estado de Chile no es una agencia de viaje, esto no es entregar un pasaje gratis para que vuelva a su país y puedan retornar las veces que quieran el día de mañana. Es un plan que se establece de forma voluntaria y libre para aquellas personas que se le entregue un beneficio, pero no para que lo utilicen de forma irresponsable”, operando el principio de arbitrariedad del gobierno por sobre la libre voluntad de los sujetos que se ven “beneficiados” por esta política. En el marco del plan “Vuelta a la Patria”, la autonomía del sujeto beneficiario de trasladarse y salir nuevamente de su país no se ve afectada.

En definitiva, hay una gran diferencia entre las políticas migratorias expuestas ya que existe detrás de ellas un concepto distinto del “sujeto beneficiario”, siendo para Chile el inmigrante un sujeto pasivo, denostado, empobrecido, vulnerado que debe ser “devuelto” a su lugar de origen por su incapacidad para adaptarse y sobrevivir a este sistema social y político, mientras que Venezuela apuesta por la posibilidad del retorno a la patria, para todos aquellos sientan la necesidad de regresar, reconociendo con ello la posibilidad de errar en la elección, de haber vivido la experiencia del fracaso en términos familiares o económicos o del extrañamiento de la patria. No obstante, ambas políticas migratorias dejan en evidencia la incapacidad de nuestro pueblo chileno de comprender el concepto de inclusión. Aun en el siglo XXI, pareciera ser ésta una tarea de “los otros”, son ellos los que tienen que integrarse, aprender nuestro idioma, nuestras leyes, nuestros códigos sociales, para no ser ignorados, abusados laboralmente, vulnerados en sus derechos humanos.

Por ahora, mientras aprendemos a reconocernos como migrantes del mundo, asumiendo que las fronteras son tan solo acuerdos políticos, y que la tierra es de todos y todas, seguiremos aplaudiendo con indiferencia histórica, al presidente de los tiempos mejores que muy inteligentemente ha facilitado su avión presidencial para esta noble misión llamada Plan Retorno, que ante los ojos de los investigadores y observadores sociales no es otra cosa que una expulsión voluntaria.

 

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Estrella Bravo

Antropóloga.

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