Tomás Hirsch: “El único dueño del triunfo del 5 de octubre es la gente”


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“Soy un convencido que el plebiscito no fue un triunfo de las dirigencias políticas, ni de los partidos políticos. Fue un triunfo ciudadano”, con esas palabras el diputado del Partido Humanista, Tomás Hirsch, resumió, 30 años después lo vivido en el plebiscito, al mismo tiempo de calificar su experiencia en la lucha por dejar atrás la dictadura como “maravillosa”.

Y mientras toma un café en el Congreso, haciendo un alto en su ajetreada agenda por estos días, accedió a conversar con RevistaOpinión para recordar lo ocurrido durante esa jornada y cómo se forjó la gesta que devolvió la democracia a Chile.

¿Cómo recuerda el plebiscito ahora que estamos a días de cumplir 30 años de aquel hecho histórico para el país?

Es uno de los momentos épicos de la historia de nuestro país. Existen momentos en que se produce una suerte de sintonía y sincronía social en que todo un país vibra en torno a un mismo tema, anhelo, que en ese momento era la recuperación de la democracia.

El plebiscito traspasó con creces ser un  hecho político. Fue un fenómeno de profunda conexión entre una inmensa mayoría ciudadanía. Lo recuerdo casi un momento místico, de convergencia psicosocial que me tocó vivirlo muy de adentro, así que fue una experiencia conmovedora.

¿Cuál fue el rol que desempeñó en su calidad de presidente del Partido Humanista?

Nos tocó estar al centro de lo que fue la organización, fiscalización, control de los resultados del plebiscito, por lo que sentíamos una gran responsabilidad y también un honor de poder estar ahí.

¿Quién fue el gran responsable del triunfo del NO?

Soy un convencido que el plebiscito no fue un triunfo de las dirigencias políticas, ni de los partidos políticos. Fue un triunfo ciudadano. Había una ciudadanía empoderada, comprometida y rescato eso, pero eso mismo se perdió después. Existía más movilización ciudadana en la dictadura que luego en la democracia.

¿Cómo se dio la fuerza opositora?

Hoy día cuesta entenderlo. En ese entonces había una vinculación, organización entre todos, siendo un proceso creciente, que partió en la gran manifestación de 1983. Desde ahí comenzamos a entender que las aspiraciones propias no eran lo más importante. Entendimos eso y pusimos al centro la aspiración conjunta que era la recuperación de la democracia. Dejamos de lado muchas demandas propias de cada organización y diciendo la prioridad era la democracia, ayudando a tener una convergencia como las fuerzas que se unieron.

¿Cómo se constituyó el Partido Humanista?

Cuando la dictadura saca la ley de partidos políticos y todos creían que era imposible, nosotros dijimos, vamos a ganar bajo su propia ley, teniendo un movimiento opositor. De ese modo nos constituimos en el primer partido que se legaliza. La legalidad daba siete meses para juntar 26 mil firmas, en cuatro meses nosotros logramos 60 mil, ya que la gente buscaba formas de participar, para lograr la democracia, y firmar fue un modo para tener democracia.

¿Cómo fue su experiencia en la campaña por el NO?

Fue una experiencia que solo puedo catalogar como maravillosa. Recorrí el país completo con otros dirigentes, como Gabriel Valdés, Ricardo Lagos, Patricio Aylwin, entre otros, teniendo un vínculo con la ciudadanía que me conmovió. Con el ahora diputado Flor Motuda incluso realizamos una larga gira y la recepción era impresionante. Nuestro discurso era muy simple, dando a conocer lo que era estar en dictadura y lo que significaría volver a la democracia. Por cierto, la democracia a la que me refería era muy distinta a la que llegó, por eso nos alejamos de la Concertación a los pocos años.

¿Algún recuerdo que haya quedado grabado a fuego en ese período?

El primer vals del NO en Huechuraba o Independencia, en alguna plaza que no recuerdo cual fue. Recuerdo en ese lugar cuando Flor Motuda empieza a cantar y surgió algo especial con toda la gente. En ese momento dije ‘vamos a ganar’.

¿Sintió alguna vez que el triunfo no sería reconocido?

Sí. Tuve ese temor. Veíamos señales complejas. Algunos meses antes del plebiscito empecé a tener seguimientos, puntos fijos de la CNI u otro organismo frente a mi casa, lo que hacía crecer el temor personal y de que no se respetaría el plebiscito. En el mismo día escuchamos de muchas irregularidades y por varias horas, sentí que se estaba montando un fraude.

¿Cuáles son las lecciones aprendidas y las que no de esa época?

La lección más importante para mí es que los procesos impulsados por la ciudadanía deben seguir llevado a cabo por la ciudadanía. Para mí lo más fuerte ocurrió el 6 de octubre, en una historia poco contada. Estuve en una reunión única en la oficina de Edgardo Boeninger en la calle Huelén, mientras por Providencia pasaban miles de personas celebrando, donde estaba una cúpula que discutía como detener esa movilización para que no se saliera de control.  Ese diseño donde se buscaba prescindir de la participación es lo que le ha hecho más daño a la democracia. Los procesos humanos deben estar en conjunto y no de pequeñas cúpulas.

¿Hoy en día, qué le parece la exclusión de la Democracia Cristiana de la conmemoración de los 30 años del triunfo del NO?

Se ha discutido mucho quien es el dueño del 5 de octubre, si son los partidos, políticos o los movimientos ciudadanos. El único dueño del triunfo del 5 de octubre es la gente, ese día ganó la gente, se recuperó la democracia por una gran movilización de la ciudadanía, del pueblo y por lo tanto no le pertenece a ningún partido político, a ninguna cúpula. Desde ese punto de vista, me parecen ridículos todos estos debates que han existido de a quien se deja dentro o fuera de algún acto. Esto le pertenece al pueblo de Chile.

¿Existe crisis en el Frente Amplio?

No diría que existe una crisis, más bien dificultades de una coalición relativamente nueva con una enorme diversidad orgánica, con distintas vertientes. Evidentemente esas diversidades tienen dificultades para encontrarse en el trabajo del día a día. Sin embargo, hemos construido una bancada parlamentaria con 20 diputados y diputadas. Un programa de gobierno direccionado, proyectos de ley en el que trabajamos todos juntos. Participación en 25 comisiones. Hay un trabajo enorme.

Que a los medios les guste centrarse en las discusiones, los líos, ya que es más vistoso, está bien, es comprensible. Hay dificultades, por supuesto, materias con distintas miradas. Eso no es una crisis, es una consolidación de un proceso de una coalición.

¿Qué le pareció la actitud de los diputados Renato Garín y Vlado Mirosevic con la diputada Pamela Jiles?

Me parece que cometieron un tremendo error. Un error político en todo sentido. Jamás debieron haber dado su voto para una sanción. He visto que ellos han reconocido que fue un error radical, no solo por un acuerdo previo, sino porque éticamente era apoyar la acción desarrollada por la diputada Jiles ya que era en favor de los derechos humanos.

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Rodrigo Castro

Periodista. Editor Revista Opinión.

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