Gobierno reportó más de 1.500 nuevos casos de COVID-19 en Chile

El ministerio de Salud entregó un nuevo balance diario sobe la evolución del Coronavirus (COVID-19) en el país, reportando la cifra más alta de nuevos casos en un solo día.

El ministro Jaime Mañalich destacó el aumento importante de nuevos casos, en comparación a la semana pasada, y el respaldo de los alcaldes a las cuarentenas anunciadas ayer.

Además, informó que “hemos dispuesto crear un consultorio de emergencia en el sector norponiente” de Santiago, en el INBA, para realizar exámenes PCR y “fortalecer que las cuarentenas se realicen en residencias sanitarias”.

Por su parte, la subsecretaria de Salud Pública, Paula Daza, informó que hasta las 21:00 horas de ayer se reportaron 1.533 nuevos casos de COVID-19 en Chile, de los cuales, 1.343 son personas con síntomas de la enfermedad y 190 son asintomáticos.

La autoridad indicó que el 81% de los nuevos contagiados con el virus corresponden a habitantes de la Región Metropolitana, lo que explica las cuarentenas para comunas capitalinas anunciadas en los últimos días.

Asimismo, precisó que el total de infectados en el país asciende a 24.581, de los cuales 11.664 son pacientes recuperados y 12.632 corresponden a casos activos.

Daza informó que hasta la noche del miércoles, se registraron cuatro nuevos fallecimientos de personas contagiadas: 2 en la Región de Valparaíso, 1 en la Metropolitana y 1 en Arica y Parinacota. El total de víctimas fatales ascendió a 285.

A su vez, el subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zúñiga, precisó que 493 personas permanecen internadas en unidades de cuidados intensivos, de las cuales 391 están con ventilación mecánica y 79 en estado crítico.

Actualmente, hay disponibles en el país 627 ventiladores mecánicos y unas 1.800 camas de cuidados intensivos. Asimismo, Zúñiga reiteró que en los próximos días llegarán nuevos ventiladores al país.

Por último, informó que ayer se realizaron 12.118 exámenes de PCR, la cifra más alta hasta la fecha, totalizando 244.226 tests, en 73 laboratorios dispuestos a nivel nacional para diagnosticar la enfermedad.

LasTesis pidieron la destitución de la nueva ministra de la Mujer

El colectivo LasTesis cuestionó seriamente el nombramiento de Macarena Santelices como nueva ministra de la Mujer y Equidad de Género, junto con pedir que sea destituida del cargo.

En declaraciones a la Agencia EFE, que reproduce Radio Cooperativa, el colectivo creador del himno global “un violador en tu camino”, afirmó que el nombramiento de Santelices “decir que es ofensivo es poco, decir que es una bofetada en la cara de todas y todes es insuficiente. Esperamos que sea destituida lo antes posible”.

“No es posible que en un ministerio que se supone vela por la equidad de género la representante máxima sea una mujer que es de extrema derecha, altamente conservadora, y que ha demostrado públicamente su apoyo a la dictadura cívico militar de nuestro país”, agregó la agrupación conformada por las artistas Dafne Valdés, Sibila Sotomayor, Paula Cometa y Lea Cáceres.

Además, aseguraron que el Presidente Sebastián Piñera “se está burlando en nuestras caras y es inaceptable, es negacionismo y es una falta gravísima a la memoria en nuestro país”.

“En nuestro colectivo hay hijas de exiliados y torturados y es altamente ofensivo que una persona con esa postura sea ministra”, concluyó el colectivo de Valparaíso.

Cabe recordar que decenas de agrupaciones feministas se han mostrado contrarias al nombramiento de Santelices en el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género.

Presidente de la Cámara de Diputados descartó caso de COVID-19 en el Congreso

El presidente de la Cámara de Diputadas y Diputados, Diego Paulsen (RN), confirmó que el abogado asesor de comisiones que era sospechoso de estar contagiado con COVID-19, dio negativo al examen al que se sometió.

El hecho se dio a conocer la noche del miércoles, luego de que la hija del funcionario, que es enfermera, diera positivo al test que diagnostica la enfermedad, lo que obligó a suspender la sesión de hoy.

Sin embargo, Paulsen señaló esta mañana que el abogado no está contagiado, descartando de esta forma un brote de Coronavirus en el Congreso, según informó 24 Horas.

Pese a lo anterior, los 18 parlamentarios que estuvieron en contacto con el abogado, permanecerán realizando una cuarentena preventiva, como se dispuso ayer miércoles.

Además, el Presidente de la Cámara anunció que la sesión programada para hoy se realizará finalmente, aunque los diputados tendrán libertad para participar de forma presencial o remota.

Durante esta jornada se espera que en el Congreso se discuta la reforma al Sename y se continué el debate sobre la rebaja de la dieta parlamentaria.

Comisión Mixta rechazó rebaja automática de dieta parlamentaria

La Comisión Mixta rechazó este miércoles la rebaja automática de la dieta parlamentaria y de otras autoridades del Estado y su informe será despachado a la Cámara de Diputados, que este jueves deberá votar la iniciativa.

Asimismo se estimó que sea el Consejo de Alta Dirección Pública el que determine los salarios en primera instancia, y que luego sea una comisión de cinco expertos la que fije la rebaja.

En tanto, los únicos que apoyaron la rebaja automática fueron los diputados Leonardo Soto (PS) y Gabriel Boric (CS), en tanto los diputados Paulina Núñez (RN), Juan Antonio Coloma (UDI) y Matías Walker (DC), y los senadores Alfonso de Urresti (PS), Felipe Harboe (PPD), Andrés Allamand (RN), Víctor Pérez (UDI) y Francisco Huenchumilla (DC) desecharon cualquier número.

Cabe precisar que el diputado Gabriel Boric propuso que la rebaja automática fuese de al menos un 30%, sin embargo, los senadores miembros de la comisión mixta sostuvieron que no había un marco legal para determinarlo, desechando así dicha propuesta.

Epidemias y coronavirus; deforestación y pérdida de biodiversidad

La acción humana es la responsable de la propagación de enfermedades como la pandemia actual, somos testigos de la destrucción sin precedentes de hábitats silvestres en todo el mundo.

La pérdida de biodiversidad y la destrucción de hábitats naturales tienen una estrecha relación en la propagación de enfermedades transmitidas por animales silvestres a los humanos. Siempre ha existido un tránsito de enfermedades de los animales a nuestra especie que han estado vinculadas a los entornos urbanos, los ejemplos son las principales epidemias de los últimos años: Ebola, Sars, Mers, Gripe aviar, etc, son de origen animal y su propagación es el resultado de la destrucción de las “barreras naturales” que durante siglos han creado una muralla para el contagio. Los bosques y selvas en todo el mundo guardan una vasta biodiversidad y la existencia de muchas especies animales diferentes que ponen a los virus frente al llamado “efecto de dilución”: al tener la probabilidad de atacar incluso especies no receptivas, los virus no encuentran un ambiente fértil en el que propagarse y en consecuencia quedan atrapados para luego debilitarse he extinguirse. (Informe WWF: “Pandemias, el efecto boomerang de la destrucción de ecosistemas”).

La deforestación vinculada a nuevos pastos para el ganado, producción de madera y papel o el avance de las ciudades ha debilitado esta tarea que permitió mantener una mayor distancia entre los virus que se podría definir como “salvajes” y el ser humano. Además sigue avanzando la caza indiscriminada de animales silvestres para el consumo de su carne, sin importar incluso las especies protegidas.

El equilibrio que la naturaleza pudo establecer se pierde como resultado de la acción humana, el informe del año 2019 de Ipbes (Comité científico internacional e intergubernamental que se ocupa de la biodiversidad y los ecosistemas en nombre de la ONU), plantea claramente que se ha modificado el 75% del medio ambiente terrestre y aproximadamente el 66% del medio ambiente marino. Un millón de especies animales y vegetales están en riesgo de extinción. Si agregamos como dato que en los últimos 50 años la población humana se ha duplicado, aumentando la necesidad de recursos que lleva al empobrecimiento de los recursos naturales y el aumento de la contaminación; los gases de efecto  invernadero, por ejemplo duplican desde la década del 80 hasta hoy y han contribuido en gran medida al aumento ahora de al menos un grado de la temperatura promedio de la tierra.

Los seres humanos y la naturaleza son parte de un sistema conectado y necesitamos entender cómo funciona para no llevar las cosas demasiado lejos y enfrentar consecuencias cada vez más negativas. Existe la urgente responsabilidad de proteger los ecosistemas, conservar las áreas no contaminadas del planeta, combatir el tráfico y consumo de especies silvestres, reconstruir el equilibrio de los ecosistemas dañados y frenar el cambio climático.

Solidaridad urbana en tiempos de COVID 19

Las crisis nos ponen a prueba sacándonos de la zona conocida de confort hacia zonas desconocidas en las que debemos lidiar con habilidades de adaptación rápida y reconectarnos con nuestras habilidades de sobrevivencia.

En la actual crisis sanitaria de COVID 19 gran parte de la población ha vivido situaciones de reclusión y confinamiento lo que no sólo afecta sus vínculos relacionales sino que también las situaciones estresantes del día a día que pueden llegar a afectar la salud mental de los ciudadanos.

Entre las diversas complejidades de esta crisis se encuentra la gran incertidumbre sobre un futuro incierto y un escenario de recesión económica mundial que ya deja estragos en la tasa de desempleo en el país.

En este incierto panorama cabe preguntarse ¿quién quiero ser en el contexto de esta crisis de COVID 19?, ¿quiero actuar desde la zona del miedo?, ¿quiero actuar desde la zona del interiorismo y concentrarme en mi conocimiento interior?, ¿quiero ser un agente de cambio y aporte a mi comunidad y a una comunidad virtual mayor?

Esta última pregunta abre la puerta a un nuevo mundo en términos de conciencia y solidaridad urbana que en tiempos de COVID puede encontrar una mayor caja de resonancia.

La parte evolutiva social de cada individuo no hace más que sentirse frustrada ante este escenario de crisis; como una sociedad a la que está acostumbrada a tomar acciones frente a las crisis, el hecho de que la mejor respuesta para esta pandemia sea “quedarse en casa” ha causado impotencia. Tomemos como ejemplo los distintos terremotos durante la historia de Chile, y cómo los habitantes se han puesto manos a la obra, a veces literalmente, para ayudar a su familia, a su comunidad o incluso a un desconocido.

Hablemos también de cómo ante catástrofes en países lejanos, hemos podido reaccionar como país y enviar apoyo, eso es a lo que se está acostumbrado, y como otros países han colaborado con nosotros para enfrentar crisis.

La solidaridad urbana siempre ha existido y la hemos visto traducirse en distintas acciones colectivas o individuales, en tiempos de COVID, entonces, también ha sufrido una transformación hacia plataformas virtuales y la creación de nuevas formas de comunicación y acercamiento sobre todo hacia los grupos más vulnerables ante esta situación.

No es raro encontrarnos con los nuevos grupos comunitarios mediante aplicaciones, donde los vecinos se han unido para visitar a los adultos mayores que viven solos dentro de su barrio y les llevan alimentos para evitar que salgan. Tampoco es extraño ver las campañas alimentarias de solidaridad para barrios en situación de vulnerabilidad o el apoyo a aquellas familias que sufren violencia intrafamiliar por algún miembro de la misma.

Esto tampoco es exclusivo de Chile, pues también vemos a las abuelas en Madrid confeccionando mascarillas para donarlas a personal médico, vemos los distintos artistas haciendo campañas de donación o donando, incluso personalidades con canales de YouTube, gente joven creando contenido para evitar información falsa del virus y haciendo streams para donar a hospitales, centros de investigación y familias en desventaja, una clara prueba de que la generación “milenial” no es tan sínica como se cree.

Conforme avancemos en este escenario, sin duda surgirán nuevas formas de solidaridad urbana que seguramente nos sorprenderán, y que ayudarán a combatir aquellos grupos que, por frustración ante la actual situación, van a poner a prueba la fuerza de estos nuevos lazos que se están creando.

Cuando al fin de esta crisis mundial y el nuevo escenario que se nos presentarán, habrá que preguntarse si esa solidaridad que surgió de crisis persiste, ¿cambiará la forma de sociabilidad? ¿Cómo esto afectará el espacio construido y el espacio que estará por construirse?

El tiempo se acaba para enfrentar con humanidad la crisis

A fines de marzo, de este año (es decir, hace poco más de un mes), expuse la necesita urgente y vital de adoptar medidas sanitarias y socio-económicas para enfrentar la crisis que ya en esos momentos, vivíamos como Pueblo y como país.

La situación se ha agravado en todos los aspectos. Y mucho.

Organismos mundiales no sólo predicen, sino afirman, que en las regiones periféricas del mundo (Africa; Oriente Medio; parte de Asia; América Latina), y también en los sectores y zonas de seres humanos precarizados del llamado “primer mundo”, habrán hambrunas; grandes bolsones de cesantía; padecimiento sanitario, y también muchas muertes.

Estados Unidos, potencia capitalista y hegemónica mundial, vive esta situación, que se agrava día a día.

Sin embargo, en el mundo, hay asimetrías inmensas respecto de cómo los gobiernos y los estados enfrentan esta dura situación.

Y Chile no es una excepción en este sentido.

En el plano sanitario, muchos exigimos, al comienzo de la crisis, la necesidad de una cuarentena total; de un cierre de fronteras y de medidas radicales, entre las cuáles  que el Estado asumiera el control absoluto del sistema de salud privado.

Se nos descalificó de manera burda, porque nadie propuso una cuarenta total, sin adoptar diversas medidas para resguardar la cadena alimentaria; el control de precios; la distribución de recursos, especialmente a los más precarios y a la gente de tercera edad; y un ingreso mínimo universal que permitiera a las familias quedarse en sus casas, sin el pánico a perder el empleo.

Se han propuesto otras medidas de emergencia, como recurrir a una parte de la altísima tasa de ganancias de negocios de inmensa rentabilidad, como las AFP, para cubrir los recursos que se requieren. Se ha planteado un impuesto a las familias hiper millonarias; una reforma tributaria urgente (centrada en el uno por ciento más rico), que ya antes de la pandemia se venía exponiendo como camino para que el Estado disponga de recursos para financiar gastos y políticas fiscales.

En fin, hay una batería importante de propuestas bien elaboradas, entre ellas generar mayor liquidez a la economía.

La Central Unitaria de Trabajadores, CUT, llegó a exponer al gobierno un Plan Nacional de Emergencia Integral, pero no fue escuchada, ni considerada.

El camino ha sido uno muy distinto. Casi diametralmente diferente.

El gobierno, concentrando un poder autoritario, político y mediático gigantesco, ha hecho prácticamente lo que ha querido y considerado necesario de hacer.

Bajo la consigna brutal de “unidad nacional-unidad mando”, el régimen de Piñera no ha cambiado en nada el “plan puente” que, desde un comienzo, empezó a imponer con mano de hierro, inflexiblemente.

La nefasta “nueva normalidad”, de la cual hacen eco de resonancia poderosos medios de comunicación, sigue adelante. Aún cuando ha sido tan fuerte la presión ciudadana y popular, que el gobierno ha tenido que cambiar algunas de sus medidas, como la de reingreso escolar que tenía planteada en el marco de ese plan.

La desocupación se incrementa. Las ollas comunes y los espacios solidarios de pervivencia aumentan en las poblaciones.

Pero el gobierno sigue buscando las rutas que resguarden los grandes negocios; el capitalismo salvaje en tiempos de pandemia; una sacrosanta macro economía neoliberal.

Y  no ha cambiado en nada esa línea de mando.

Respecto de las consecuencias de esta concreta forma de enfrentar la pandemia, y la crisis socio-económica, el gobierno, el gran empresariado y la derecha deberán hacerse totalmente responsables.

No es cierto que no hubo nunca otros caminos para enfrentar esta dramática situación. Eso no es verdad.

Ni respecto de medidas sanitarias, ni en el plano socio-económico.

Diálogo social, real, no ha existido en Chile.

Más aún, hasta hoy, sectores de la pequeña y mediana empresa demandan otra forma de trato a este sector, del cual una parte muy significativa no está bancarizada, y que cubre un gran espacio del universo nacional de fuentes de ocupación.

¿Hay tiempo y espacio para adoptar medidas que signifiquen disminuir los efectos de la crisis sanitaria y socio-económico?.

Sí, lo hay.

Pero es cada vez más reducido.

El tema es que hay un gobierno insensible y tozudo, que no quiere dialogar, ni escuchar.

 

 

 

Lucha contra el virus, no contra tu familia

“Lucha contra el virus, no contra tu familia”. Esta fue una de las frases que mujeres chinas pegaban en sus puertas y ventanas a pocos días de decretarse la cuarentena en su país. El mensaje fue popularizado por el colectivo feminista Free Chinese Feminism y, en definitiva, nos muestra el peligro potencial de que mujeres guarden cuarentena con sus agresores. Así, a pocos días de declarado el aislamiento, los casos de violencia intrafamiliar denunciados se multiplicaron en el país donde se inició la pandemia.

El virus cruzó fronteras y llegó a Chile. El día miércoles 25 de marzo, el gobierno decretó la cuarentena obligatoria para 7 comunas del sector oriente de Santiago. Por la dinámica exponencial en que avanza el contagio, todo parece indicar que esta medida se extenderá en el tiempo y hacia otras comunas de nuestro país conforme pasen los días.

Si bien esta es una decisión acertada para dar la pelea al virus, ya estamos viendo señales de cómo en realidad la pelea también está ocurriendo dentro de nuestras familias. Una cifra que nos permite observar esas señales, es el aumento de llamadas al fono de violencia contra la mujer. Desde el 20 al 25 de marzo, día en que se decreta la cuarentena para 7 comunas de la región metropolitana, el número de llamados fue de 532. Entre el 27 y el 29 de marzo el teléfono sonó 907 veces. El aumento de denuncias luego de la cuarentena es de aproximadamente un 70%. Números dramáticos que deben levantar nuestras alertas.

En el caso de nuestra comuna de Huechuraba, durante el año 2019 fueron 582 los casos denunciados de violencia intrafamiliar, y de estos, el 88% fueron al interior de domicilios particulares. Sabemos que la realidad siempre supera con creces a los casos denunciados. Lamentablemente, lo más probable es que en cuarentena estos casos aumenten.

Estos números son más tristes cuando los ubicamos por zonas de la comuna. Como se observa en el mapa de calor, las denuncias de violencia intrafamiliar están concentradas en el sector histórico de la comuna (La Pincoya, El Barrero, Nueva Amanecer, Lomas de Huechuraba). El mismo lugar cuyos vecinos y vecinas son usuarios de la educación y salud pública, los mismos lugares donde se encuentran los allegados, las viviendas en mal estado; y que han sido estigmatizados desde la dictadura en adelante. Existe también una “cifra negra” de las                 capas altas y medias, otros sectores de la comuna, que, por temor, vergüenza u otro tipo de silencios, no toman la decisión de denunciar.

Sin embargo, los vecinos y vecinas del sector histórico de la comuna conocen la ayuda mutua, la organización comunitaria y el valor que tiene estar juntos. Solo juntos podemos combatir la violencia contra la mujer. Hacemos un llamado a vecinos y vecinas a estar más atentos que nunca a lo que ocurre en nuestras calles y formar redes de apoyo por delegados/as de manzana. Hacemos un llamado al municipio a organizarse con las juntas de vecinos y poner esta problemática sobre la mesa, promover y acompañar la denuncia, focalizar las políticas de prevención dado la realidad focalizada del problema y prestar mayor apoyo psicológico a las víctimas. Siempre estaremos disponibles para apoyar estas iniciativas.  Por último, hacemos un llamado al Gobierno a no olvidar la crisis de salud mental que sigue a esta crisis sanitaria, ya que más allá de los números, la violencia intrafamiliar destroza proyectos de vida.

¡Luchemos contra el virus, no contra nuestras familias!

Y no me importa nada

El título de esta columna nos lleva inmediatamente a aquella canción de Luz Casal que entre todo el drama amoroso y de manera poética, retrata la poca esperanza en todo lo que hay a su alrededor, y es esta sensación la que todos, de alguna u otra manera, estamos sintiendo a raíz de esta crisis sanitaria, económica y social.

Será esta falta de esperanza la que sirve de argumento para que las personas, en su gran mayoría de barrios de clase media, media baja y populares, no respeten las cuarentenas y organicen fiestas masivas, o salgan a la calle sin salvoconducto o simplemente no respeten el distanciamiento social o el uso de mascarillas, será que hay algunos ciudadanos a los que no les importa nada.

Hago esta alusión ya que algunas autoridades que, la semana pasada hacían gárgaras con la “nueva normalidad” hoy, con diversos adjetivos descalificativos se refieren a estas personas.

Ante eso me pregunto, cómo se hace respetar a la autoridad si, por una parte se emiten mensajes contradictorios, si además estas personas viven con altos niveles de hacinamiento, y su sustento no está resguardado por la ley de protección al empleo, ya que viven del “día a día”, las mismas personas que desde octubre del año pasado son parte de un colectivo que siente que el pacto social que nos ha guiado desde el retorno a la democracia está al debe en una serie de ámbitos, sumado a que hoy perciben que ninguna ley, bono o programa les va a llegar porque forman parte del gran grupo de “nosotros nos tenemos que salvar solos”, con esto no digo que la fiesta en Maipú u otras flagrantes conductas no sean de una irresponsabilidad inexcusable, sino más bien que, una vez más la desigualdad de ingresos, de redes, y de entono, nos pone en una encrucijada respecto a quien está viviendo las peores consecuencias de esta pandemia, y una vez más son los más vulnerables a los que el impacto les es  más devastador.

Si bien el peligro de contraer el virus esta democráticamente repartido, el riesgo está en el nivel de vulnerabilidad con que el virus y sus externalidades nos atacan, y es en este caso, y en este país, con una economía de bajos salarios, enormes asimetrías entre trabajadores y empleadores y donde la salud es un derecho declarado, pero no así plausible, donde evidentemente este riesgo está más presente en algunos sectores, los mismos a los que quizás no les importa nada, porque ya no creen en nada.

El retorno a la anormalidad

No hay retorno seguro. No existe. De hecho, no hay nada seguro. El virus acecha y la idea, por ejemplo, de que el fin de los contagios estaba cerca en el hemisferio norte no parece nada de cercana aún.

En este hemisferio, Ecuador ha tenido que reconocer hace poco nuevos contagios, Brasil, que no ha declarado cuarentenas, aumenta día a día los contagios y mantiene una crisis de gobierno luego de las renuncias de dos ministros del gabinete de Bolsonaro, los más emblemáticos. No hay nada seguro. Ni allá ni aquí.

Primero la salud, luego la economía, parece ser la solución correcta de un dilema, que de falso no tiene nada, entre la una y la otra. Detrás de la idea de que se contagie un mayor número no perece estar la idea de inmunización sino la de cuidar al capital. Como no, si uno de sus fetiches, el petróleo, continúa varado en múltiples costas y su precio fluctúa como por un tobogán. Es por lo que se requiere mover el mundo de nuevo.

Pero la salud, bien despreciado y recortado en los ajustes de casi todos los países en las últimas décadas, requiere en lo inmediato no un mercado pujante sino un estado en forma, que garantice protección y derechos, insumos y equipamiento. Ahí está la tensión. La bolsa o la vida han dicho algunos.

La pandemia parece una irrealidad, pero es real y tangible. “Es como una película” se repite en las conversaciones, pero es la cotidianeidad. Hasta hace poco, pensadores como Harari, proclamaban que nos graduábamos de dioses e incluso crearíamos vida, la inteligencia artificial.

Pero no, la peste relatada por Tucídides en Atenas, la peste antonina de Roma, la peste de Camus, la vieja peste de las historias de abuelas: la epidemia de influenza en el Chile de 1957, reaparecen para retrotraernos a un temor parecido a la edad media, un ambiente “hobbesiano” parece ser la atmósfera del mundo hoy.

Hace dos años hubo un informe de prestigiosos médicos que advertía de la posibilidad de una pandemia, el SARS y el Ébola habían ocurrido hace poco rato. ¿Qué pasó ahí?

No es la única amenaza. Los síntomas del cambio climático están también hace rato, hasta que nos encontremos con una catástrofe aguda más que afecte a grandes poblaciones y sea demasiado tarde. U otra pandemia, terminada esta.

No. No hay retorno seguro. Ni nueva normalidad. Habrá una anormalidad constante mientras no haya vacuna o el virus se retire.

Es por lo que, en Chile, más que eslóganes o frases para la comunicación política del gobierno, lo requerido es un plan eficiente que convoque a diversos actores poniendo por delante aumentar significativamente la capacidad de testeos para detectar más asintomáticos, hacer efectivas las cuarentenas que se decretan en distintos territorios e incorporar la fuerte red de atención primaria de salud instalada en las comunas para hacer mayor prevención y educación.

Teletrabajo, corresponsabilidad y perspectiva de género: ¿Dónde está?

No compartiré nuevas ideas, nuevos conceptos, máximas teóricas. Solo una reflexión en torno al teletrabajo, la corresponsabilidad en las familias en tiempos de pandemia y por extensión en cuarentena.

Las preguntas en este último mes apuntan a las condiciones para desarrollar el teletrabajo: Tienes computador adecuado, silla ergonométrica, el móvil a cuenta de la empresa, apoya brazos? solo por mencionar algunos requerimientos y la respuesta ha sido incierta o francamente he recibido un NO, porque las empresas o los servicios públicos no estaban preparados para este trabajo en casa  además con la familia incluida y todo lo que ello ha implicado como proceso de adecuación en , por ejemplo, departamentos de  40 metros cuadrados, con hijos pequeños y un posible agresor en presencia constante.

Si bien en estos tiempos de cuarentena, el teletrabajo  es una de las pocas formas de asegurar la continuidad de las actividades económicas, es importante acompañarlo de  condiciones mínimas en su desarrollo, y tener en cuenta la doble o triple jornada que podrían desempeñar las trabajadoras.

A propósito de ello, conversando con mujeres de diferentes edades, nacionalidades, niveles de escolaridad y económicos el tema hoy es: cómo sobrevivo y “no muero en el intento” de teletrabajar, ver y orientar tareas, alimentación, contención y cuidado, adultos mayores a cargo y  si aparece por ahí la pregunta: ¿en qué te ayudo?, sin profundizar en los diferentes tipos de violencia al que se ven expuestas sumada a la enorme preocupación de que al término de la cuarentena te despidan por “razones de la empresa”.

Si Uds. observan, el confinamiento decretado en las diferentes comunas y regiones no tiene perspectiva de género alguna y solo contempla una mirada sanitaria.  No ha puesto en cuestión  quién ejerce las labores al interior de la casa, y qué ocurre en las familias con otro tipo de vínculos, con adultos mayores, niños y niñas en hogares monoparentales, familia nuclear o abuelos a cargo de nietos, por ejemplo.

En estos tiempos se hace indispensable redistribuir ese trabajo y avanzar en corresponsabilidad no solo si existe una pareja sino con el grupo familiar completo, poner tareas concretas, establecer horarios y límites porque es de justeza y urgente para aminorar el efecto negativo de esta sobrecarga donde la salud mental de quienes lideran en casa , mujeres en su mayoría,  sin duda alguna se está viendo afectada.

Por otra parte, para muchas personas es necesario seguir yendo a sus lugares de trabajo. Las mujeres son más del 80% de las personas empleadas en el sector sanitario y social, que tiene la mayor exposición al virus y, por tanto, mayores posibilidades de contagio asumiendo, además, gran parte de los costos emocionales de la pandemia ya que al volver a casa se encuentran con su grupo familiar.

Pensaba que la frase “distancia física” se ha replicado constantemente en los últimos días para considerar otro tipo de corresponsabilidad : la ciudadana que nos conmina a evitar el contacto con población de riesgo o que pudiese estar contagiada, todo lo opuesto a lo que solicita la autoridad y que se grafica en las salidas a la feria, supermercado o farmacias donde las mujeres deben hacerlo junto a sus hijos/as si no tienen con quien dejarlos.

Hoy, nuestra vida y bienestar se encuentra doblemente amenazada por el virus y la crisis al interior de los diferentes tipos de familias que están obligados a convivir las 24 hrs del día.

Solo llamarles a  que esta emergencia no nos deje indiferentes frente a las dinámicas que se dan al interior de los hogares, a que no repliquemos las desigualdades de género y aprovechemos esta oportunidad de poner no solo el tema sino que, con acciones concretas, empecemos a ejercer la corresponsabilidad familiar. Nos lo merecemos todas y todos en este camino hacia una nueva forma de vivir con el COVID19.

 

Educación virtual: problemáticas, desafíos y oportunidades

La educación como la conocemos el día de hoy remonta hace siglos atrás con el clásico ejemplo de Platón, en donde siempre el maestro es un guía e interactúa con aquellos que necesitan el conocimiento. Existen distintas formas y métodos de enseñanza, algunos muy tradicionalistas y unidireccionales, como también otros más participativos y dinámicos. Esta pandemia ha dejado al descubierto una gran brecha entre la tecnología actual que poseemos como video llamadas, plataformas con multi conexiones y la deficiente forma de utilizarlas en procesos educativos.

La raíz de la problemática hoy en día no es el no poder estar cara a cara en una sala de clase, la problemática no es la tecnología, porque la tecnología existe; la problemática son los métodos y el cómo entendemos el concepto de enseñanza. El creer que una clase tradicional puede ser traslapada a una conexión digital obteniendo el mismo desarrollo y el mismo resultado, ese es el gran problema. La educación virtual no es sólo el medio a través del cual se comunica al maestro con los estudiantes, la educación virtual requiere una reconstrucción y una reformulación de las metodologías  curriculares.

También podemos vislumbrar que las tecnologías que actualmente han actuado solo como entes informativos y comunicadores sociales, son un arma potente y trascendental en las nuevas formas de aprendizaje, pero que ha quedado atrás aferrándose a los patrones tradicionalistas de educación.

La educación virtual es una gran oportunidad, pero debe ser pensada y planteada desde un paradigma totalmente nuevo, que permita una enseñanza y aprendizaje efectivo. Tenemos frente a nuestros ojos la gran oportunidad de hacer una educación transversal, inclusiva y visionaria. Para ello, hay que desarrollar planes estratégicos que faciliten el acceso a la tecnología, material didáctico apropiado, capacitación docente, y un PLAN PAÍS que esté preparado para este nuevo universo de enseñanza.

Lo que hoy parece una brecha como el acceso internet, acceso a dispositivos o aplicaciones tecnológicas de comunidades con menos recursos o aisladas, con gestión e innovación se puede transformar en una gran oportunidad de entregar una educación aquellos lugares más lejanos, con problemas de transporte o aquellas comunidades que no tienen centros educacionales cercanos.

El creciente desarrollo demográfico, las grandes distancias entre las urbes, los problemas de transporte, hace necesario repensar la forma de educar. Esta gran brecha que podemos visualizar claramente hoy en plena pandemia sanitaria, no debe ser olvidada ni menos ignorada, la debemos ver como una gran oportunidad de cambiar la forma de educar para el futuro.

Merecemos más

Hemos visto durante los últimos días como Chile muestra con mucha crudeza cual es su realidad, tanto económica, como social y cultural.

El virus ha permitido que los chilenos y chilenas de sectores mas acomodados, puedan hacer cuarentena tranquilamente en sus hogares, sin mayores sobresaltos.  Los que además son espacios mas amplios, donde no existe el hacinamiento. Esto en sectores populares, se hace absolutamente imposible, cuando las familias viven al día, para generar ingresos de forma informal para poder sustentarse, en espacios físicos que son indignos, aumentando los niveles de violencia intrafamiliar en forma considerable.

Pero lo peor es darse cuenta de la indolencia de algunos, que sin considerar la salud del resto se pasea por las ciudades sin mascarilla contaminando a diestra y siniestra, organizando fiestas y eventos; yendo de compras a barrios comerciales, repletando las tiendas y centros comerciales.

¿Y todo esto por qué? ¿Que es lo que pasa por la cabeza de las personas?

Cuando las señales de las autoridades no son claras, cuando hablan de una “nueva normalidad” o de un “retorno seguro”, las personas entienden lo que quieren entender y por ende se provocan todos estos desaciertos. Cuando una subsecretaria dice que esta “nueva normalidad” te permite ir a tomar café con distanciamiento social, nos damos cuenta de no están entendiendo nada.

El tema es el siguiente: la preocupación por la economía hace que la vida humana pase a segundo plano y ha hecho que traten en forma casi desesperada de acelerar los procesos al máximo, para “reactivar” el país. ¿Pero que va a pasar si no tienen clientes a quien venderle o trabajadores para explotar, por que el mal manejo de la pandemia podría tener resultados impensados?

Los datos entregados a lo largo de estos días han sido a todas luces manejados de tal manera que no generen el temor que en realidad deberíamos sentir al enfrentarnos a este virus, para que las personas crean que es seguro salir y estar en contacto con los demás.

Hoy, con el virus migrando a sectores populares de nuestras ciudades el peligro se acrecienta y el nivel de mortalidad podría aumentar en forma considerable y solo vemos a los alcaldes de las distintas comunas, trabajar en pos de controlar el contagio, en absoluta contraposición con el gobierno central que insiste en la “nueva normalidad”.

Hemos escuchado en reiteradas oportunidades a representantes de este gobierno, quejarse de que la oposición ha tenido un muy mal rol en esta crisis, que no han los apoyado; cuando ha habido una especie de tregua para que puedan hacer su trabajo, mismo que a todas luces no ha sido lo bueno que debería.

Claro está y no es novedad para nadie que yo no voté por este gobierno, pero jamás ni en la peor de mis pesadillas, pensé que tanto el manejo de la crisis social, como el de la pandemia iba a ser tan malo.

Lo peor de todo es que tienen la posibilidad de ver el futuro, solo con levantar la cabeza y mirar hacia Europa, cosa que siempre les ha encantado imitando sus costumbre y modas, y evaluar cuales son los países que han tenido buenos resultados manejando la crisis sanitaria. Pero no son capaces de enfrentar la realidad y dejar de ser autocomplacientes.

Hoy escuchaba al ministro de salud partir su informe diario hablando de Brasil y de sus malos resultados. “Mal de otros, consuelo de tontos” decía mi abuela. Tratar de hacernos creer que las políticas aplicadas hasta hoy han surtido buen efecto, fundamentando con los errores de otros, no puede ser. Merecemos más.

IRT: Innovación, Resiliencia y Talento.

Un modo de globalización se ha venido al suelo, en un vuelo directo, sin escalas. Miles de aviones de pasajeros aguardan su turno en hangares y aeropuertos. Según Waze el movimiento de vehículos que usan esta aplicación en el planeta se redujo en un 60% en las últimas semanas.

Es cierto, la globalización ya nunca será la misma. Era hora.

Incipientes procesos de industrialización deben emerger con una fuerza poderosa en países del tercer mundo. Sí, aquellos que hoy son meros espectadores de cómo las “grandes potencias” intensifican su marcha para generar una vacuna que enfrente esta pandemia, maximizando el uso de todo el arsenal tecnológico y científico que han acumulado durante décadas.

Sí, ellos son los protagonistas, nosotros estamos en la fila, intentando alcanzar un número y esperar nuestro turno para obtener -quizá- un ventilador mecánico que pueda salvar la vida de un compatriota.

¿Por qué abandonamos tempranamente nuestra capacidad de innovar cuando la sociedad global asomaba impetuosa? ¿cuándo nos convertimos en pasivos consumidores del valor agregado que solo algunas economías pueden proveernos en el mundo? ¿qué ortodoxia neoliberal nos vendió el cuento que no éramos capaces de ser “competitivos”?

Hagamos un poco de historia. Arica, siempre Arica. Polo industrial de Sudamérica. Nuestra Silicon Valley que dejamos morir en los años 70 y 80. El televisor Antú ¿Se acuerdan? Un proyecto impulsado por el presidente Allende que incorporó el diseño de ingenieros chilenos. Luego, apareció ese icónico televisor IRT Alba de 12 pulgadas, armado en nuestro país y que se masificó por todo el territorio nacional. Allí también se ensamblaron los Fiat 600 y la mítica Citroneta.

Dejamos de creer en nosotros como sujetos globales de innovación. Le cedimos a otros la capacidad de inventar el futuro. ¿Se acuerdan de la Fisa? Una feria anual que reunía las novedades del mundo en un solo lugar para ponernos al día. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Este evento ya no se realiza pues ahora las tecnologías se mueven por el mundo casi instantáneamente. Pero ¿cuánto de esa novedad proviene de nuestros propios talentos?

Es cierto, fue la doctrina del shock aplicada por Pinochet la que terminó de abolir nuestros trenes y también, la incipiente industria electrónica que emergía. Pero hace apenas algunos años, que también ha sucumbido la industria nacional del calzado, junto a otras actividades productivas de fuerte tradicional local. No le echemos la culpa de todo a la dictadura, es una elegante forma de no plantearnos algunos incómodos cuestionamientos.

Pero ese modelo, llega a su fin. Esa globalización que monopoliza la creatividad. Que fija el precio y el destino de nuestras “materias primas” comienza su extinción. Evolutivamente, los países del sur deben dar un salto urgente al desarrollo.

Es hora de que Chile se atreva. Corra riesgos. Implemente una estrategia intensiva en generación de conocimiento. En una alianza público-privada a largo plazo que acentúe la inversión en innovación y ofrezca un atractivo incentivo a esos talentos nacionales que, de otro modo, terminan insertándose en universidades y centros de investigación en el extranjero.

La ingeniera chilena Barbarita Lara, situada en 2018 por el MIT (Massachusetts Institute of Technology) en el mismo ranking de innovadores a escala global donde antes estuvieron los creadores de Google y Facebook, debe sentir que sus proyectos tienen sentido y respaldo en su país. Junto a ella, son cientos los chilenos y chilenas que día tras día persisten en caminos de innovación y emprendimiento sin el apoyo suficiente, en ausencia de un ecosistema institucional que aliente esas búsquedas.

Estamos próximos a celebrar 50 años desde que Chile decidiera nacionalizar la industria del cobre allá por 1971. ¿Cómo exportábamos nuestro principal mineral en aquella época? ¿Cómo lo hacemos ahora?

La ortodoxia vendrá nuevamente, con sus impecables argumentos para decirnos que no somos competitivos. La diferencia con aquellos países que han dado un salto gigantesco al desarrollo en las últimas décadas, es que allí, estas pesimistas visiones no prevalecieron. Ellos innovaron cuando tampoco eran competitivos.

IRT: Industria de Radio y Televisión una marca que nos acompaña desde los años 70 se actualiza hoy a IRT: Innovación, Resiliencia y Talento. La aventura de Chile recién comienza. Atrévete, dale play.

Coronavirus, una oportunidad para nuestro planeta

La Pandemia producto del Coronavirus SARS – CoV -2 causante de la COVID-19 sin duda está dejando huellas en cada país, cada rincón de nuestro planeta y en la humanidad, provocando un confinamiento forzado o voluntario de buena parte de la población mundial.

Este “confinamiento planetario” ha generado estragos en el mundo, afectando a  innumerables actividades económicas. Por otro lado, ha tenido como consecuencia beneficios como por ejemplo, “valorar la vida”. Pero hay algo a juicio de quién suscribe, tiene un valor no menor para el futuro de la humanidad; la moderación del impacto humano en el medio ambiente de nuestro planeta y que no tiene precedentes.

El coronavirus genera un grave problema de salud que producto de este confinamiento las personas están cambiando sus comportamientos cotidianos para enfrentar esta pandemia,  provocando efectos positivos sobre el medio ambiente.

Cuales han sido algunos de los cambios en las actividades económicas que podemos mencionar, quizas dentro de las más importantes es el ‘frenazo’ de las industrias de gigantes Asiaticos, China (país donde se genera el Coronavirus) India, Singapur, por mencionar algunos; los vuelos comerciales alrededor del mundo, movimientos de la cuidadanía, disminución de tráfico de vehículos, y todas las industrias de cada país, etc. Esto ha traído como consecuencia que han bajado de manera importante las emisiones contaminantes en nuestra planeta.

Una de las fuentes más citadas en diversas publicaciones es el Centro de Investigación en Energía y Aire Limpio (CREA) en Estados Unidos, en cual nos dice que “el cierre de fábricas y comercios en China, al igual que las restricciones de traslados aéreos (se estima que entorno al 5% de la contaminación del mundo pertenece a los aviones) ha producido una disminución en las emisiones de CO2 en al menos un 25%, debido a reducción en el consumo de combustibles fósiles como petróleo, gas o carbón, entre otros, una cifra que representa a nivel global, una reducción del 6% aproximadamente”.

El Instituto Scripps de Oceanografía por ejemplo, ha destacado que el uso de combustibles fósiles tendría que disminuir aproximadamente 10% en todo el mundo, y mantenerse así durante un año para que la reducción pudiera reflejarse claramente en los niveles de dióxido de carbono.

Entonces, preocupa las medidas que adoptarán nuestras autoridades junto a los empresarios de cada país para levantar la economía (donde no se considera la opinión de los trabajadores); cómo se reintegrarán a la vida laboral, cómo se ayudará a aquellos que han quedado cesantes, a los que han “quebrado con sus empresas”, recordando además que los  bancos no perdonan, y el costo de la vida es alto. Esta recuperación de la economía traerá  un aumento de emisiones contaminantes superando los promedios históricos, si es que no actuamos hoy.

Antes de la pandemia el planeta ya estaba mostrando señales de colapso asociados al Calentamiento Global, según ecologístas, “la naturaleza ha iniciado la búsqueda de un nuevo equilibrio, y esto el ser humando no puede hacer nada, el hombre debe adaptarse a esta crisis ambiental y ecológica”. Hoy tenemos, quizas a mi juicio, la última oportunidad de cambiar este sistema económico y social de mercado que ha devastado y degradado nuestro medio ambiente, donde el mercado utilizando al Estado regula el comportamiento de todas las personas. Es hora de revelarnos a esta sociedad salvaje donde lo más importante es el dinero, por sobre la vida de las personas y de nuestro planeta, debemos eliminar esta sociedad de consumo y apoderarnos de esta oportunidad que tenemos.

El decrecimiento económico tendrá lugar sí o sí; como nos levantamos es lo importante ya que es necesario que se generen políticas que de una vez por todas considere el desarrollo sustentable como eje principal asegurando la superviciencia de los seres humanos y de nuestra naturaleza por sobre el dinero. Veamos el Coronavirus como una oportunidad para enfocarnos en lo más importante, nuestras familias y nuestro querido planeta Tierra.

La Pandemia Perenne

Más de dos meses que llegó el COVID-19 a Chile. Más de dos meses desde ese caso cero que  ha ido multiplicando los contagios exponencialmente, tal y como se sigue multiplicando y evidenciando la desigualdad en nuestro país y en el mundo.

Muchas universidades se prepararon para un período de semi presencialidad, adelantándose al esperado estallido social. Ninguna se preparó para la pandemia y sus dimensiones.

El 2020, fue presagiado por muchos como el año de los cambios, el año emblemático de la Revolución 4.0. Historiadores, economistas, académicos, sociólogos y empresarios filosofaron largamente en diversos formatos y plataformas sobre las nuevas habilidades que estudiantes y trabajadores deberían adquirir, los desafíos en material legal, educacional, laboral, sindical de esta carrera sin retorno donde el imperativo es sumarse al cambio para no caer en la obsolecencia, y subsitir, y ¿saben qué?, efectivamente hay mucho de cierto. Es innegable que hacia allá vamos y que esta crisis sanitaria acelera por sobremanera la necesidad de implementar la digitalización de modo transversal.

Para los que estamos en el mundo de la educación han sido sin duda dos meses intensos. Quien más y quien menos ha tenido que aprender de modo forzoso el uso de plataformas, metodologías pedagógicas y emocionales para contener y relacionarnos con estudiantes que aunque son nativos digitales, no tienen incorporado el hábito de estudio on line.

La sobredosis de pantalla nos ha saturado a todos y el encierro ha pasado la cuenta. A pesar de ello, y no ajena de pudor, debo decir que me siento privilegiada. Formo parte del grupo que tiene opción de quedarse en casa, puedo pagar internet y tengo una profesión factible de ejercer vía teletrabajo, además claramente de pertenecer a una institución que permite que así sea. Puedo llenar mi despensa y cuidar responsablemente de mi familia y de mí.  Como muchos, he trabajado por años para obtener estabilidad y a pesar de que nada me ha sido regalado, no puedo evitar sentir pudor por estar en una posición privilegiada en comparación con tantos chilenos. Estoy segura que no hice nada mejor que ellos, y a pesar de eso, hoy en día están cesantes, con familias a las que alimentar y exponiendo su salud y la de los suyos al salir a las calles con cualquier emprendimiento que les permita llevar el sustento a sus hogares. Muchos otros, ni siquiera tienen esa alternativa, tal y como no la tienen miles estudiantes que no cuentan con conexión a internet para seguir aprendiendo, ni tienen posibilidad de acceder a un computador…

La emergencia sanitaria, junto con las innegables secuelas económicas y sociales que se desencadenarán, unidas a la Revolución 4.0 no harán más que incrementar los niveles de desigualad, pero ellos, aunque preocupantes, no son lo más peligroso. El enemigo post COVID-19, es y será el mismo de siempre; el egoísmo, los intereses creados, la avaricia, la falta de empatía hacia los más desfavorecidos del sistema

Resuenan en mi mente las palabras de León Tolstoi “Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo” ¿Qué tenían en mente los que para evadir los controles terrestres tomaron un helicóptero para ir a pasar Semana Santa a la playa? ¿o aquellos que van a comprar marisco sin ninguna medida de protección para darse el tradicional “gustito”? ¿En qué mundo viven los 400 participantes de la fiesta clandestina de Maipú? ¿De qué le sirvió a Antonio Vieira, Presidente del Banco Santander en Portugal todo su capital, poder e influencias? ¿Acaso no murió igual de solo y aislado que  miles de europeos que no contaron con una digna despedida?

Tras dos milenios de evolución,  seguimos sin comprender hacia dónde caminar para construir una sociedad más justa, sin entender la importancia de involucrarnos y comprometernos con los cambios. Muchas son las políticas públicas que deberán implementarse para disminuir las brechas sociales acarreadas por décadas, y muy grande el compromiso e integridad política de quienes estén al mando  para llevarlas a cabo.

Si hay algo a lo que nos debe desafiar esta crisis, es a entender la interdependencia social,  la validación del otro, y a que no podemos seguir faltando el respeto a los más  vulnerables. Si hay algo a lo que nos debe desafiar, es a entender que no podemos seguir siendo la pandemia perenne de este planeta.

Test rápidos para Covid-19 y reactivación económica

Con el llamado del Gobierno de instaurar una nueva normalidad, se han abierto una gran cantidad de discusiones sobre el cuando y el como. Si asumimos que el cuando es ahora, nos queda la gran pregunta de cómo lo hacemos. Hoy sabemos que el testeo masivo es una de las estrategias más importantes para tener cuarentenas mas flexibles, sin embargo debemos tener claro  que no se trata de testear “a tontas y a locas”, debemos tener un protocolo y una estrategia. Sin una estrategia clara, la nueva normalidad nos puede llevar directo a la UCI.

La Universidad Adolfo Ibáñez [Bitrán y cols, 2020, revista Pulso], indica que el uso de testeos masivos para Covid-19 permitiría que cerca del 95% de los trabajadores siguiera desempeñando sus funciones, a diferencia de un 58% en el caso que la empresa deba cerrar cada vez que aparece un caso. El mismo estudio señala que si no se aplica ninguna medida de control, un 26% de los trabajadores de la empresa se contagiará en algún momento, con todas las perdidas económicas que llevarían las continuas cuarentenas y/o cierres asociados a estos contagios.

El objetivo de los testeos masivos, es poder detectar a los pacientes asintomáticos de Covid-19 y saber aproximadamente cuantas personas han sido contagiadas por este virus. La detección de pacientes asintomáticos es crítica, ya que permite enviar a estas personas a cuarentena, disminuyendo la probabilidad de nuevos contagios en la empresa. Por otro lado, estos test permiten identificar a las personas que ya han sido contagiadas, y por lo tanto, podrían tener algún grado de resistencia a esta enfermedad, lo que les permitiría desempeñarse con mayor seguridad en su lugar de trabajo, reformulando los turnos e incluso algunas funciones.

Alrededor del mundo se están utilizando test rápidos de anticuerpos para llevar a cabo los testeos masivos de Covid-19. Estos test pueden utilizarse antes de reabrir una empresa o sucursal luego de un periodo de receso o cuarentena, teniendo cuidado en testear a los funcionarios periódicamente para romper cadenas de contagios dentro de la empresa o institución. Por otro lado estos test también se pueden utilizar para disminuir periodos de cuarentena, ya que permitirían saber antes de los 14 días quienes están infectados y quienes pueden volver de forma segura a sus trabajos. Si queremos disminuir contagios y tener medidas mínimas de bioseguridad, todos aquellos que trabajan con grandes grupos de personas o atienden público, debieran como requisito mínimo hacerse uno de estos test de forma periódica.

El testeo masivo dentro de una institución, debe tener una estrategia específica según rubro, actividades, número de empleados y condiciones de trabajo entre otras variables. Sólo una estrategia diseñada de forma personalizada permitirá disminuir al mínimo posibles cierres o cuarentenas asociadas a brotes internos de esta patología. Si se hace una estrategia de testeos adecuada, se pueden disminuir los contagios de un 26% si no se hace nada, a un 8% [Bitrán y cols, 2020, Revista Pulso], o incluso menos si lo asociamos a otras medidas de protección biológica. Es importante señalar que una estrategia para ser exitosa debe contar con el respaldo de los trabajadores, teniendo los estándares bioéticos mínimos para realizar un testeo masivo en los colaboradores de una empresa. Deben asegurarse principios de confidencialidad, autonomía y justicia para mantener un buen ambiente laboral. Por otro lado esta estrategia debe contemplar el uso de las nuevas tecnologías relacionadas al teletrabajo y a la automatización de ciertos procesos que asociábamos al “futuro del trabajo”, el cual llegó ahora de forma obligada y acelerada producto de esta pandemia.

En resumen, es importante tomar el cuenta el conocimiento que ha levantado la comunidad científica durante esta crisis. Los modelos matemáticos que van prediciendo como se comporta esta pandemia, la creación de los test rápidos, la investigación sobre la propagación de este virus, y los análisis económicos que nos prospectan como viene el futuro, son insumos que debemos utilizar para hacer las mejores estrategias para abordar esta pandemia que se ha tomado a Chile y al mundo.

Lo que natura non da Salamanca non presta

Esta frase, atribuida al filósofo y escritor hispano Miguel de Unamuno, quiere decir que de nada sirve el estudio, sin el talento natural. Es decir, lo que no traes por naturaleza no lo obtienes ni aún en la mejor universidad. Según cuenta la historia, un príncipe llegó a estudiar a la universidad; después de un mes -y del hartazgo de Unamuno al ver que no había progreso- lo devolvió al rey con una nota que decía: “Quod natura non dat, Salmantica non prestat” (lo que natura no da, Salamanca no presta).

Todos nacemos con ciertos rasgos propios, como el temperamento, y otros como la personalidad, características y habilidades, se desarrollan con el tiempo, dependiendo del entorno en que sociabilizamos, de las situaciones que vivimos, de los patrones o creencias familiares, etc.

Al nacer nuestro cerebro no está formado totalmente, está en desarrollo; según el Instituto de Neurociencia Cognitiva de Londres el cerebro continúa desarrollándose en la infancia y pubertad, y recién a los 30 está totalmente maduro. Incluso, en algunos casos, después de los 40. Es así como a los 40 años y más, somos lo que trazamos en nuestra vida, nuestra forma de ser, de pensar y actuar es la suma de nuestras vivencias.

Hasta los 18 años en la mayoría de nuestros casos -hoy a menor edad- nosotros dependíamos de las decisiones de nuestros padres y madres: dónde estudíabamos, a qué colegio íbamos, si la educación era laica o dependediente de alguna congregación religiosa, dónde veranéabamos, en fín, ellos determinaban nuestro entorno. Luego, después de salir del colegio, esa decisión es más autónoma. A partir de los 18 años, nos hacemos cargo de nuestra vida, de nuestras decisiones, de quiénes somos. A partir de ese momento es nuestra voluntad ser quiénes somos a los 40, 50, 60 años y más.

Un hombre a los casi 71 años de edad, después de medio siglo haciéndose cargo de sí mismo, no puede decir que no es responsable de sus decisiones, ya no puede refugiarse en que su mamá no le dio la atención suficiente cuando era niño, o que su padre tomó decisiones por él, como el colegio dónde se formó. Hace 51 años salió del colegio y escogió voluntariamente cada uno de sus pasos para ser una de las fortunas más grandes del mundo. Su recorrido para llegar a tener su fortuna ha estado marcado por una larga lista de escándalos y de actos reñidos con la ética, la transparencia y el uso de información privilegiada; así mismo, especulación, y la compra y venta de empresas. Ejemplo de esto son el Banco de Talca, Citigroup y Bancard; compra y venta de Chilevisión, Colo Colo (aunque su equipo de fútbol era otro) y Farmacias Ahumada; la venta de LAN Chile y LAN Cargo. Como corolario de su primera gestión, al terminar su gobierno, su fortuna aumentó al doble según la revista Forbes.

Desde que partió el segundo gobierno de Piñera estamos en guerra, siempe contra un enemigo feroz e implacable, claro que en estos 2 años ha cambiado de nombre un par de veces: partió siendo la delincuencia, luego el narcotráfico, los extraterrestres, incluso llegó a ser el abuso y ahora la pandemia. Lamentablemente frente a la pandemia, repite el mismo triste patrón de su época de empresario: desinformación con las cifras y con la estrategia para combatirla; ocupar el estado de excepción para favorecer el funcionamiento de la economía por sobre el resguardo de las personas, preferir limitar las libertades para circular en vez de fijar precios para evitar la especulación, o el testeo gratuito para todos y todas. Se prohiben las reuniones superiores a 10 personas pero sí se puede abrir un mall para que la gente vaya a comprar; a pesar de las herramientas legales para tomar medidas efectivas, no son usadas. Finalmente, especula en torno a la realización del plebiscito como si fuera una de esas empresas que compra para pagar menos impuestos y no comprende que el plebiscito es ley, es parte de la Constitución y no depende de él.

Para ser Presidente y guiar un país en crisis, no basta haber estudiado en el verbo divino, ni economía en la Universidad Católica o un doctorado en Harvard, sino dar garantías de buscar el bien común sobre el particular, tener visión de largo plazo y una propuesta de desarrollo sostenible, con enfoque en la paridad de género, las pensiones, salud y educación de calidad. Si Miguel de Unamuno estuviera vivo habría mandado de vuelta a Sebastián Piñera a sus padres, José Piñera y Magdalena Echeñique, con una nota diciendo “lo que natura non da, Salamanca non presta”.

Una vez más en crisis… volviendo a la sobrevivencia….cómo lo hacemos?

No imaginé vivir un momento histórico tan significativo, impactante en la vida mundial, pero estamos acá. Una nueva pandemia nos azota, pero esta vez llegó a nuestras casa, barrios, comunas, regiones completas, al continente y más.

El discurso diario está centrado, en la sumatoria de casos tanto de contagiados como de fallecidos. Es cruel escuchar el “conteo”, no creo que se pueda comparar esta situación informativa con otra que hayamos vivido. Estamos paralizados y encapsulados en esta especie de mundo paralelo, se detuvo nuestra vida cotidiana por otra que pensamos es “transitoria, hacia algo que no sabemos qué o cómo será.

¿Y Cómo saldremos de esta crisis, en términos de nuestras convicciones, significados de la vida y prioridades? Eso es lo interesante. Hemos recorrido este camino de transformación social de manera constante hace años, pero este último ha sido extraordinario en sus giros, impredecible.

Esta pandemia, no solo ha puesto en riesgo la salud del ser humano, ha quebrado los modelos económicos. Chile no es la excepción, claramente veníamos insistiendo en la desigualdad y precariedad de la vida  de los chilenos, pero no  se reconocía lo que era evidente.

Con tan poco, los grandes empresarios, expresan sufrir la devastadora crisis económica. Curioso! por decir lo menos, ¿qué sucedió con las ganancias de años y años?  Inexplicable.

Los primeros en aplicar las leyes económicas a su favor son las grandes empresas, los retails, afectando a miles de trabajadores y sus familias. Ésta es la pobreza humana y esa no tiene solución simple.

La pobreza, es desoladora. Basta con salir a las zonas más comerciales y veremos a los mismos de siempre y a los nuevos que se unen al comercio informal. En su mayoría personas que contaban con un ingreso que les permitía vivir y no sobrevivir. Hoy están en las calles ofreciendo lo que tengan para vender, la cuestión es salir adelante por sí mismos, porque no son del grupo social que puedan optar a las ayudas económicas que se han dictado últimamente, como lo ha sido históricamente en Chile.

La pobreza no es ni será nueva en nuestro país, está, permanece, de distintas formas.

Duele ver a las personas mayores, a los niños, niñas, pero no es primera vez, lo que sucede es que ahora son más y otros  puertas adentro, de los que no sabremos. Los niño y niñas  son los afectados silenciosos, me preocupan, en su simpleza y flexibilidad se adaptan y es su ventaja a este aislamiento.

Lo más doloroso de esta enfermedad, es la soledad en la que se muere, la desolación de no poder sostener la mano de al menos un ser querido, no existe la posibilidad de despedirnos. Se parte en el más absoluto silencio. Creo que es el aspecto más devastador de esta pandemia. Los miles y miles de cuerpos abandonados, sin valor alguno, sin respeto ni dignidad, somos un número más. Y somos eso, uno más o uno menos.

 

Como es sabido las crisis sacan lo mejor o lo peor del ser humano. Cada quién mira desde lo conveniente, desde lo que le permite vivir, sobrevivir, proteger o sacar más provecho. No es algo que se pueda juzgar simplemente.

Este encierro nos ha permitido pensar en lo importante, volver a conversar, apoyarse entre desconocidos, los que vivían al lado nuestro. Cómo cuidaremos lo ganado?, la comunidad, vivir en forma más sencilla, terminar con la adicción al consumo? valorar el diálogo? Volver a la consciencia de que existe dolor por hambre y que tenemos que hacer algo.

Y todo vuelve, la historia es cíclica. Vuelve la olla común, vuelve el empleo de emergencia, vuelve el comprar juntos, vuelven las mil y unas estrategias que olvidamos porque nos sentíamos seguros, pero solo son períodos que van y vienen.

 

El amor en tiempos del Coronavirus

Podría perfectamente hablar de todo lo que está pasando desde un punto de vista muy técnico, muy médico y con palabras rimbombantes; estar a favor o en contra de la gestión del gobierno y de nuestro ministro de salud. Cuestionar las estadísticas o bien refutar cada uno de los puntos de datos obtenidos desde los organismos centrales, pero hoy no estoy aquí para esto. Hoy les vengo a hablar de otra cosa, les vengo a hablar del amor. Principalmente el amor al prójimo.

Una de las características más codiciadas por cualquier profesional de la salud es el poder ser una persona empática, poder ponerse en los zapatos del otro para poder entender cuál es su dolencia, su magnitud y el impacto que esta presenta en su vida. El poder mirar la vida a través de los ojos de quien te viene a pedir ayuda.

Este “don” es cada vez más escaso entre nosotros y no por falta de esmero, sino por un sistema de trabajo que nos lleva a la deshumanización del paciente, o mejor dicho “usuario o cliente” como nos han hecho llamarlos desde hace un tiempo a la fecha. Este sistema donde se trabajan largos turnos extenuantes y con recursos generalmente inadecuados e insuficientes y con un muy mal sistema de gratificaciones para quienes pasan más tiempo dentro de los centros de salud que con sus familias.

Hoy gracias a esta pandemia que nos ataca desde hace unos meses ya, hemos podido ver que quienes están en la primera línea de atención de salud, tal cual lo hacen siempre (y digo lo hacen, pues desde que me dediqué a mi especialidad, salí de los servicios de urgencias donde solía trabajar), dejando de lado a sus familias y muchos de ellos arriesgando la vida de sus familiares y las propias por seguir brindando este servicio que es tan requerido.

Hemos sido espectadores de rondas de aplausos para estos nuevos héroes por horas y en todas las latitudes del mundo; a lo largo y ancho de nuestro país. Las RRSS están inundadas con agradecimientos hacia ellos y sin embargo todos los días nos desayunamos con noticias que muestran lo peor de nuestra sociedad frente a esta amenaza global. Fiestas multitudinarias en toque de queda y sin respetar las mínimas medidas de salud, gente haciendo filas para entrar al mall sin respetar la distancia social requerida, barrios comerciales llenos hasta las banderas y ni hablar de los elementos de protección personal necesarios para circular. Y podría seguir enumerando sucesos, pero no me quedan tantas palabras.

En estos días de crisis, hemos visto la completa ausencia de la empatía en nuestra sociedad. Entender que el amor al prójimo es lo que nos convierte en una sociedad desarrollada, donde entendemos que nuestras decisiones tienen consecuencias para con otros y que ello sea pensado antes de actuar. Hoy la crisis no es tan sólo económico-sanitaria. Hoy la crisis es de amor. De saber que, si me contagio, puedo llegar a afectar a mucha gente si no sigo las medidas impuestas por la autoridad sanitaria.

Hoy la crisis más terrible es la de la indiferencia. Haber olvidado que somos hijos, nietos, sobrinos, primos, padres y esposos. El haber olvidado el amor por quienes nos trajeron a la vida y quienes les dieron forma a nuestras vidas.

Hoy la peor crisis es la falta de amor.  Y esto es mucho más terrible que cualquier virus que nos pueda atacar hoy y en el futuro.

Una puerta abierta: Fuerzas Armadas en labores policiales

El pasado 22 de abril de 2020, el Intendente de la Región Metropolitana Felipe Guevara anunció que frente al aumento de delitos violentos y robos con intimidación, las Fuerzas Armadas apoyarán labores policiales de una forma preventiva. Esta medida, precisó, se debe al aumento de la inseguridad y al contexto de Estado de Catástrofe donde las instituciones castrenses tienen la misión de resguardar el orden público.

En este contexto, el anunció no generó mayores cuestionamientos, pues el foco al parecer se encuentra en la emergencia sanitaria. Sin embargo, el rol de las Fuerzas Armadas ha sido un debate que se ha desarrollado profundamente desde los primeros años de la transición. Años grises, donde la democracia se encontraba limitada por enclaves autoritarios y por la figura política de Augusto Pinochet aún en la Comandancia en Jefe del Ejército.

A pesar de ello, en 1997 se publicó el primer libro de la Defensa Nacional que entregó las directrices de los planes de modernización de las instituciones castrenses, enfatizando en la separación de los roles de seguridad y defensa. La publicación del segundo libro en 2002, entregó además el contenido para dicha separación, promoviendo la disuasión y profesionalismo en las funciones de los soldados. Asimismo, en el año 2006 se publicó la Ordenanza General del Ejército de Chile que delimitó el rol de los uniformados, entendiendo la subordinación al poder civil como un objetivo clave para los tiempos de paz. De esta manera, se impulsó una política que buscó  separar las funciones de seguridad y defensa.

No obstante, en el año 2010 bajo el primer gobierno de Sebastián Piñera se volvió a plantear la necesidad de colaboración de las Fuerzas Armadas en funciones de seguridad pública, redefiniendo roles y objetivos en el combate a la delincuencia. Asimismo, ya en el segundo gobierno de la derecha, la definición de un enemigo poderoso se tornó una práctica recurrente en el discurso oficial y la necesidad de endurecer medidas represivas para la solución a estas problemáticas.

En ese marco, ocurre el 18 de octubre de 2019, la movilización social inundó el espacio público y la respuesta del Ejecutivo fue la utilización de las Fuerzas Armadas para reprimir a los manifestantes. Quienes creímos en las definiciones de soldados profesionales para tiempos de paz, observamos la dura realidad de la represión que cometieron en contra la sociedad civil y entendimos la poca profundidad de dichos principios entre los militares.

Por ello, debemos ser críticos del anuncio de Felipe Guevara,  pues en este contexto de Estado de Catástrofe, esta medida pudiese parecer lógica e inofensiva pero establece las bases para un trabajo coordinado entre las instituciones castrenses y las policías, que potencialmente podría utilizarse con fines políticos y represivos una vez que se reanuden las movilizaciones. Involucrar a las Fuerzas Armadas en funciones policiales no sólo erosiona el principio de la subordinación al poder civil, sino que al otorgar a estas instituciones labores policiales, se atenta contra los derechos humanos de la ciudadanía, exponiendo a la población a mayores y más profundos niveles de represión.

El peligro de una puerta abierta que será muy difícil volver a cerrar.

Viñeta Govar