¿A dónde va el Seikongen?




Esta semana, llegó hasta la bahía de Ancud un visitante no deseado. Muchos podíamos observar a distancia su anaranjada silueta, sin saber a ciencia cierta de qué embarcación se trataba y qué hacía detenido a un costado de la bahía de Quetalmahue.

En una par de horas, se comenzaron a escuchar los primeros rumores por parte de los pescadores artesanales de la comuna, dateados por pescadores de otras comunas del archipiélago, el barco era el Wellboat Seikongen, salmonero de la empresa Camanchaca, recientemente reflotado de las costas de Pilpilehue, tras haberse hundido en octubre del 2017, el que estaba siendo remolcado por los canales del archipiélago hasta Ancud, tras haber sido rechazado por los puertos de Talcahuano y Valparaíso.

Por qué? Porque el Seikongen contiene actualmente en su interior 100 toneladas de salmones en descomposición, lo que genera una bomba química de alta concentración de  ácido sulfhídrico (H2S) capaz de causar la muerte a quienes la inhalen, como lo señala la Dra. en Toxicología de la Universidad de Valparaíso, María Fernanda Cavieres: “Cuando el gas está en altas concentraciones, prácticamente la persona queda incapacitada de oler. Por lo tanto, no puede tener ese mecanismo de defensa de arrancar del lugar de riesgo… el gas produce un paro cardiorrespiratorio. Por lo mismo, como no hay energía para que los músculos se contraigan, el corazón ya no puede latir y la persona muere” enfatiza.

No obstante esta información, el barco estuvo más de 10 meses en las costas de Chonchi, en donde, en maniobras silenciosas y poco difundidas, se vació la mitad de su carga (alrededor de 100  toneladas de salmones descompuestos), nadie sabe dónde fue a parar esta carga, pero con su retiro la empresa y las autoridades cumplieron en dar una protocolar señal de tranquilidad a la población del sector.

Frente a esta situación surgen muchas preguntas ¿dónde estuvieron los representantes del gobierno durante estos 10 meses? ¿Quién debe prender la alarma ante una situación de emergencia ambiental y de salud pública de esta envergadura?, ¿Por qué las autoridades locales, tanto de Chonchi, Ancud, Puerto Montt, no previnieron en el momento del reflote, el paso de esta embarcación por sus costas, poniendo en riesgo a toda su población?, ¿Por qué los medios de prensa oficial nunca cubrieron esta lamentable emergencia?, ¿podemos confiar en el desconocimiento de este riesgo, por parte de las autoridades?.

Claramente, Chiloé hoy es territorio de salmoneras. Son las extranjeras de ojitos azules, que le susurran al oído a cuanto edil pase por su frente, poemas de progreso, desarrollo y apoyo político en las próximas elecciones. Así las cosas, el Seikongen y su bomba de tiempo se paseó por los mares chilotes, poniendo en riesgo la vida de todo ser viviente tanto en el mar como en la tierra. Y si no hubiese sido por la comunidad organizada de la comuna de Ancud, que a través de sus organizaciones williche prendieron la alarma, el Seikongen seguiría en la costa de Quetalmahue, escoltado y resguardado por la armada chilena.

Por ahora, el Seikongen se encuentra fondeado cerca de la isla Tenglo, en la capital regional de Los lagos, sin destino conocido, a pesar de que la autoridad local haya interpuesto y difundido un recurso de protección contra la empresa camanchaca y CPT.  A todas luces, una maniobra errática que se suma a las acciones tardías de los ediles del archipiélago, que no se pueden leer sin caer en la tentación de interpretarlas como franco populismo, frente a la acción decidida de sus comunidades.

¿Y por qué fue la comunidad Williche la que inició este movimiento de control ciudadano? Esa es otra historia, bastante más humana y consciente que dejaremos para la próxima columna.

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