Armados hasta los dientes




Mientras en la mayoría de los países de América Latina el problema de las armas está asociado a mercados ilegales y tráfico, en nuestro país, si bien esos fenómenos existen, gran parte del Problema nace desde la misma legalidad. Las armas legales y correctamente inscritas se constituyen en un dilema para Chile, contrariamente a lo que se tiende a pensar. Hoy obtener un arma es extremadamente fácil y la supervisión de estas una vez que llegan a manos de privados es absolutamente ineficiente.

La experiencia internacional y nacional con respecto al uso de armas en actos delictuales, baleos y accidentes desmiente que la tenencia de éstas por parte de civiles afecte de manera positiva la Seguridad. La evidencia indica que la tenencia de armas aumenta no solo los niveles de violencia, sino  también de accidentalidad. Esto desarticula lo que algunos sectores políticos o grupos de interés intentan instalar al promover la tenencia de armas por parte de civiles a modo de defensa frente a la delincuencia. Apuntan, finalmente, a argumentos similares a los que hemos visto por años en países como Estados Unidos, donde el porte de armas se ha transformado en una expresión política. No es necesario que profundicemos en el impacto que este armamentismo civil ha tenido en ese país, ya que de forma periódica nos enteramos por la prensa del grado de violencia ejercido con armas en múltiples balaceras que han tenido lugar en espacios públicos como escuelas, centros de eventos, hechos que suelen estar caracterizados por una pérdida no menor de vidas humanas. Sin embargo, en este contexto si cabe hacer una reflexión incómoda. Es de mayor preocupación que las personas sientan que tienen que tener un arma en su casa para estar seguros. Esta sensación, habla principalmente del fracaso que el Estado mismo ha tenido
para mantenerlos seguros.

En lo que respecta a la realidad chilena, gran parte de las armas usadas en delitos ha sido adquirida de manera legal y se encuentra correctamente inscrita. Dada la incapacidad de una regulación real y efectiva, muchas de estas armas simplemente se dan por perdidas o robadas.

Hoy en el país, existen domicilios privados que cuentan con más de diez armas inscritas. El grueso de las armas es declarado para usos de defensa personal, llegando a un 53% de acuerdo a la Dirección General de Movilización Nacional (DGMN). Solo el 35% está declarada para uso de caza y el 7% para deporte. Además, alarman cifras que hablan del aumento en la inscripción a nivel nacional: en 2018 las inscripciones aumentaron en un 12% respecto al 2017. Hoy en 15 comunas de Chile hay más de 100 armas inscritas por cada mil habitantes. Solo en Las Condes hay 144,4 armas por cada mil habitantes. Como si fuera poco, el 2018 las denuncias de armas en colegios aumentaron en un 57%.

Debido a lo anterior es que en el corto plazo urge contar con una nueva regulación para las armas de fuego en el país. Tal regulación debe incluir medidas tales como la reinscripción de todas las armas de fuego en el país, la suspensión de su venta hasta la actualización de dicho registro y el establecimiento de un sistema de seguimiento de piezas, partes y municiones. Asimismo, junto con un nuevo marco normativo, es necesario contar con planes que amplíen e intensifiquen la fiscalización a armerías y se enfoquen en el decomiso de armas de fuego en manos de delincuentes, estén inscritas o ilegales. Finalmente, urge reactivar el programa “Entrega Tu Arma”

En el mediano y largo plazo, debemos prohibir el uso de armas por parte de civiles. Nada justifica que quienes no están destinados a labores de seguridad pública o militar tengan armas.

Esto no va a terminar con el problema de la violencia o el uso de armas por parte de delincuentes.

Pero sí es un gran paso que debe ser acompañado de una serie de medidas, que de una vez por todas se hagan cargo del problema de fondo y dejen de lado acciones populistas y de efectismo
mediático que buscan hacernos creer que la seguridad se consigue solo con la voluntad de aplicar mano dura.

Síguenos