Atención primaria de salud: ¿en Crisis?




Sabemos bien que la salud es un tema prioritario y esencial en las distintas propuestas de campaña, como también en el diseño de programas, proyectos, políticas públicas que se han generado en estos últimos 20 años en nuestro país. Por lo mismo, es necesario decir que viene de antaño la conversación sobre las múltiples maneras de abordarla. Puedo dar fe, desde un puesto de trabajo en salud primaria, que se han logrado grandes avances, que quizás no se han obtenido de forma prolija y efectiva, pero los intentos por producir satisfacción de las necesidades de la población son claros. Sin embargo, estamos atrasados en aspectos importantes como la evaluación del impacto, los procesos de intervención y otros, lo que se ve reflejado en que son muchas las personas afectadas y segregadas por el sistema.

Los temas de salud son variados y complejos, las enfermedades físicas y mentales se multiplican, y difícilmente dicha información puede ser enfrentada desde la plataforma local, ya que a este nivel principalmente se logra un trabajo de prevención y promoción de salud. Es difícil abordar las problemáticas complejas de la localidad, pero gracias a la red disponible se pueden entregar soluciones temporales, que las personas agradecen conformándose con ellas, pero muchas veces implican que ellas mismas realicen una autogestión que los deja aun más afectados y vulnerables. Esto también afecta directamente a su equilibrio socioeconómico y bienestar, y muchas veces se altera significativamente la dinámica o interacción entre ellos, generando con esto altos costos o índices por tratamientos de estrés, depresión u otras materias de salud mental.

Cuando hablamos de salud se integran focos de atención, en la atención primaria se visualizan en algunas divisiones importantes ya sea por el rango etario (infantil, adolescente, adulto y adulto mayor), como también por áreas de referencia técnica como Salud mental, Cardiovascular, salud oral, sexual y reproductiva, o promoción y participación. Entre ellos se encuentran muchas acciones de programas que han logrado  dar significado a ciertas tareas, un valor agregado que siempre pende de un hilo, ya que están sujetos a decisión gubernamental o aun más terrible a nivel local (municipalidades), produciendo inseguridad laboral y rotación notoria del personal.

Además de lo anterior, el funcionario de salud está sometido a reglas, índices numéricos, capacidad horaria, sobrecarga laboral, enfrentando constantemente al látigo de las metas, se definen las prioridades pero no se determina el tiempo suficiente para abordarlas.

En consecuencia, tenemos una población descontenta que no se conecta con esta realidad al interior del sistema, y funcionarios que se enfrentan al concepto ya integrado y estigmatizado de que el sistema de salud primaria es malo, ineficiente o deficiente. Muchas veces se valora el trabajo, cuando los usuarios visualizan el esfuerzo, que muchas veces depende de la disposición del personal. Sin embargo, los que han estado siempre en el sistema público se ven enfrentados cada vez más a tramites complejos, los horarios a veces son inaccesibles para acudir sobre todo para quienes mantienen un trabajo diurno, reclaman poca transparencia en los procesos, baja expectativa de resolución y el usuario no tiene en la mayoría de los casos acceso a ver en que están algunos de sus trámites en salud.

El sistema de salud primaria está en crisis, las metas nos someten a una gran carga laboral y dejamos procesos de importancia para las personas en un segundo plano, la deshumanización muchas veces expresada por los funcionarios es el efecto de este sistema. Se solicita una atención igualitaria y una atención de calidad, pero por otro lado nos piden tareas ajenas a esos objetivos, la desvalorización del profesional o funcionario existe cuando no obedece al requerimiento administrativo más que mejorar la atención al usuario, la calidad no solo es para el paciente, sino también debemos generar una estabilidad y protección del que está entregando el servicio.

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