Ausencia de diálogo en Clínica Dávila




Hasta hoy, se mantiene la huelga de la Clínica Dávila en donde un 98% de los trabajadores que no son médicos exigen reajustes salariales. La huelga, definida como la interrupción colectiva de la actividad laboral, convocada por un grupo de trabajadores o sindicato, que tiene como fin exigir que determinadas peticiones sean concedidas por el empleador, siendo esta la instancia entregada por el legislador para “nivelar” esa natural desigualdad entre el que paga y el subordinado.

Estos 700 trabajadores agrupados en dos sindicatos, hoy se encuentran en un punto muerto frente al ofrecimiento de la Clínica, que no supera el 1 al 2% de reajuste, cifra que al menos llama la atención considerando dos puntos fundamentales:

Primero, la Clínica Dávila perteneciente al holding de Banmédica, en el año 2017 obtuvo utilidades por más de 8.000 millones de pesos, utilidades que ya consideraban el 7% de reajuste salarial obtenido por los mismos trabajadores en la última negociación, respecto a esto, llama la atención el segundo punto a considerar, que en materia laboral, los reajustes obtenidos en los salarios, se incorporan al contrato individual del trabajador, pasando a formar parte de la intangibilidad de sus derechos, donde debiera primar el principio de “lo ganado no puede ser remplazado por algo menos favorable”, ya que entre otras cosas, iría en contra del elemento de la esencia del reajuste, que es el incremento del salario.

Frente a estos antecedentes, la inmoralidad de la oferta propuesta por la Clínica pasa a segundo plano cuando se están vulnerando por medio de la presión del no pago de sueldos (mientras dure la paralización) los derechos laborales de estos más de 700 trabajadores que hoy reclaman un reajuste justo, es decir, al menos dentro de lo ganado considerando las negociaciones anteriores.

En Chile el negocio de la salud es sin duda uno de los más rentables y seguros, características que se consolidan frente a una salud pública deficiente y colapsada, sin embargo y a pesar de las ganancias groseras de la salud privada parece irrelevante que dichas ganancias no solo provengan del aporte del capital del empresariado, desconociendo que el alma son sus trabajadores, que aportan lo fundamental que es la materialización de este gran negocio.

En los sistemas democráticos la huelga es un derecho legítimo para defender colectivamente las grandes desigualdades entre el inversionista y el trabajador, sin embargo en Chile, el poder que entregan dichas ganancias doblega cualquier intento de reclamo bajo el alero de cansar hasta la rendición, rendición que sin duda resulta fácil conseguir para un holding que en el año 2017 superó los 56.000 millones de utilidades, y que hoy tiene a la mayoría de sus trabajadores luchando por un reajuste que no solo es legal, sino moralmente necesario.

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