Caballo inglés




Andrés Velasco, líder y fundador de Cuidadanos, ha anunciado recientemente que ha sido nombrado Decano de la Escuela de Políticas Públicas de la prestigiosa London School of Economics, cargo que asumirá en estos días. Me tomo de este hecho para escribir no sobre la carrera académica de Velasco, reconocida ampliamente, sino para intentar describir qué significa políticamente esta decisión de continuar su vida laboral a miles de kilómetros de Chile.

En primer lugar, si nos remontamos a 2013 recordaremos cómo Velasco fue adecuando su slogan de campaña para las primarias desde un “voy, si no viene” (en referencia a Bachelet) hasta un “voy, aunque venga”, dando muestras de una plasticidad publicitaria encomiable. Sin embargo, el segundo lugar obtenido en esa primaria, con el 13% de los votos, lo dejó en una inmejorable posición para iniciar una carrera política que lo llevara a representar al “centro liberal” que tanto clamó por defender. A eso sumó su cruzada anti malas prácticas, que inició acusando a políticos de distintos partidos de utilizar presiones políticas para poner gente en el Estado, y derivó en una interpelación ética mediática para todo aquél que estuviera cerca de esa “vieja política”. El resultado era una figura prometedora, que arremete desde el inicio con nueva fuerza y energía.

Pero, ironías de la política, después nos enteramos de que la figura emergente recibió apoyo financiero del grupo Penta para su campaña, mediante lo que se presentó como un almuerzo de asesoría, que le reportó 20 millones de pesos. Después vinieron los tropiezos en el proceso de constitución legal de su movimiento (primero “Fuerza Pública”, ingenio creativo que hizo recordar a la mítica de la franja de Frei Bolívar) y luego del partido Ciudadanos, desde las fiestas con barra libre donde se podía firmar por el partido, hasta la ya muy analizada elección interna que terminó en un fiasco de proporciones, pasando indudablemente por su frustrada candidatura senatorial en el Maule.

Tanto Andrés Velasco como el liberalismo de centro debieran sacar algunas conclusiones del devenir político de su figura principal: primero, para construir un púlpito desde el que apuntar con el dedo a todos los demás, debes asegurarte de no caer tú mismo en aquello que tan ácidamente criticas; segundo, hay que entender la diferencia entre la política (con sus reglas, modos y acciones) y los políticos; tercero, el ser un buen burócrata o un destacado académico no necesariamente te faculta para ser un buen político; cuarto, el centro liberal debe poner el proyecto político por sobre el personalismo si alguna vez quiere generar adhesión ciudadana más allá de uno u otro rostro.

Porque el “retiro” académico de Velasco es también otro síntoma, el centro liberal está aún a una gran distancia de contar con un proyecto sólido y convocante. El proyecto de Ciudadanos como partido y su líder, partieron como caballo inglés y terminaron enredados en los límites de sus propias declaraciones refundacionales.

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