Cambio Climático y vulnerabilidad social




La emergencia climática en el mundo ya no es desconocida, peor aún, se instaura con más fuerza año tras año en situaciones cada vez más peligrosas y porque no decir devastadoras en distintos puntos del orbe.  Pero ¿En que nos afecta el Cambio Climático?  Es una de las preguntas que más se repite en las mesas de la sociedad Chilena hoy por hoy  y con mucha razón pues se vivirá en diciembre una de las instancias clave para abordar el fenómeno (COP25) desde Naciones Unidas poniendo a Chile como sede.

Gigantescas repercusiones son las que afectan actualmente al mundo y que podemos fácilmente consultar a través de los medios o internet, precipitaciones agresivas, sequías, proliferación de enfermedades, desabastecimiento de agua y alimento, derretimiento de las placas polares y otras tantas que dejan a la comunidad científica con predicciones desoladoras frente a una problemática que busca apoyo de todos los sectores para mitigar las consecuencias.

Es Indudable que uno de los principales factores del calentamiento global es el uso de combustibles fósiles y el uso desmedido de los recursos naturales para la producción de energía y bienes de capital. En ello no podemos quedar ajenos sobre la concepción humanitaria que conlleva que los Estados no se hagan cargo a través de acciones concretas y acuerdos internacionales para disminuir los efectos  asociados al cambio climático y que derechamente representan un peligro a las personas en situación de vulnerabilidad social.

Chile representa actualmente el 0.25 % de los gases de efecto invernadero producidos a nivel mundial, considerando que China  produce 9.839 toneladas métricas de CO2 siendo seguido por EE.UU (5.270) y la Unión Europea (3.544) según el informe del Global Carbón Project (2017) y que a la fecha se mantiene en un aumento progresivo . Entonces la primera apreciación es que nuestro país en vías de desarrollo en conjunto con otros de Latinoamérica sufren directamente las consecuencias de lo que producen los países desarrollados, sin embargo son además los que menos recursos contienen para preparar a sus poblaciones y mitigar los efectos en esta emergencia climática.

¿Quiénes son los verdaderos afectados?

En el año 2016, durante el fenómeno del niño considerado uno de los más fuertes en las últimas décadas y que afectó directamente a  África ubicándolo en una  crisis alimentaria  y que según datos de la FAO afecto a 32 millones de personas que entre otros no pudieron  pagar para acceder a los alimentos necesarios para subsistir y también durante el 2018 la Ciudad del Cabo producto de su sequía casi la convierten en la primera ciudad del mundo en quedarse sin agua y hoy en Chile en la comuna de colina los Animales de ganadería mueren producto del déficit hídrico que a la fecha se mantiene en un 72%  lo que es considerado concretamente una crisis hídrica en niveles no observados desde la década del 50.

Al parecer es inevitable que  la crisis climática venga de la mano con el aumento de las condiciones de vulnerabilidad para personas con menos recursos y él como estas podrán enfrentar los distintos efectos considerados como irreversibles si la sociedad en su conjunto no se hace cargo hoy, pues cuando hablamos de crisis no solo hablamos de un día de intenso calor o lluvias, hablamos del como esto se ve representado en las economías, en el acceso a servicios básicos y al racionamiento en etapas críticas de los cuales, lamentablemente a lo largo de la historia quienes menos tienen son y serán la cara visible de lo que los Estados no lograron solucionar.

En estricto rigor a la sociedad civil le pertenece la acción de cuestionar el actual sistema pues los acuerdos no han solucionado a la fecha las condiciones de vida de las personas y que estas no representan el total del problema pero que si han sido responsabilizadas indirectamente por sus malas acciones particulares en torno al fenómeno, pero  que si bien, son necesarias erradicar desligan de alguna forma de la responsabilidad del sector privado que fomenta las condiciones de consumo y producción para que la algidez de la crisis aumente. La propuesta es entonces visualizar las responsabilidades de los Estados y conglomerados de forma transparente y mejorarlas progresivamente hacia la generación de soluciones sustentables que no solamente radiquen en la generación de riquezas o hacia la mera “imagen de sustentabilidad” traídas desde el marketing para promover el consumo de las masas.

 

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