Carabineros y ciudadanía: una reconstrucción pendiente




Según la última encuesta CADEM del mes de febrero del presente año, solo un 34 % de los encuestados aprueba la gestión de Carabineros.  Evaluación lapidaria considerando que más del 90% de los funcionarios de la institución policial viven en las mismas villas y poblaciones de trabajadores con los menores ingresos del país, incluso siendo vecinos de “la primera línea” , de esta manera pasan a formar parte de los mismo circuitos cotidianos que enfrentan miles de compatriotas: se trasladan en la misma locomoción colectiva, sus hijos estudian en los mismos colegios, van semanalmente a las mismas ferias libres y a fin de mes hacen su compra en el mismo supermercado.

Para definir la relación Carabineros y ciudadanía habría que diferenciar su rol y desempeño en el territorio. No tiene relación la función de Carabineros en zonas fronterizas y comunas rurales como en capitales provinciales y regionales ya que por composición y densidad poblacional son absolutamente distintas. Pese al estallido social y su baja evaluación, siguen siendo el Estado en lugares donde son la única solución a problemáticas del día a día o cómo en las regiones Metropolitana, del Biobío o de Valparaíso donde se han trasformado en parte fundamental del problema, por su baja preparación en lo que respecta a aplicación de protocolos de orden público con apego a Derechos Humanos.

De no intervenir de manera decidida y responsable a las policías, podemos seguir por años en eternos enfrentamientos donde por un lado las pedradas y la molotov sean la norma, y por otro, balines, gas lacrimógeno y agua con químicos a presión, se enfrenten en un rito inútil en espacios poco estratégicos, ya sea en post de la resistencia o por el afán de orden público.

¿Es este el problema que Chile debe solucionar? ¿Es esta la problemática en cuestión? ¿solucionarán estos eternos enfrentamientos la desigualdad social? ¿será el enfrentamiento entre personas de un mismo nivel socioeconómico lo que consiga la paz social?

Y es así como después de maratónicas jornadas la primera línea y las fuerzas de orden retoman el vaivén de una cotidianeidad que, en vez de convocarlos a una reflexión conjunta, los lanza con fuerza a un cada mes más desgastado tableros de posiciones y estrategias que hasta ahora arroja una cruel asimetría respecto la sociedad civil.

Cabe esperar que pronto se active un resorte secreto que ponga la justa perspectiva, que suavice ese cansancio cotidiano post jornada y que marque un giro en el “modus vivendi” en villas y poblaciones. Donde la similitud en ritos privados como reunirse con sus familias comiendo pan de la misma panadería, permita masticar lentamente el absurdo de sus enfrentamientos.

 

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