Chile Despertó: Nuestra democracia y la Nueva Constitución




A partir del viernes 18 de octubre Chile ha vivido una escalada de protestas sociales que ha movilizado a cientos de miles de chilenos a través de todo el territorio nacional. Lo que empezó como un grupo de jóvenes de Santiago saltando el torniquete de entrada al Metro llamando a “evadir” como forma de protesta por el alza de 30 pesos en el costo del pasaje, se transformó en pocas horas en una masiva demanda por igualdad y dignidad.

Para toda la élite del país este estallido social pareció ser una sorpresa, y muchos salieron no sólo a exhibir su asombro, si no también a pedir perdón por no haber sido capaces de ver el descontento social frente a la desigualdad.

De entre las causas de las movilizaciones sin duda la desigualdad es clave. Chile es uno de los países más desiguales de entre los países OCDE, y a pesar de las exitosas políticas de superación de la pobreza en la década de 1990, la desigualdad ha sido un problema que no ha encontrado solución. Sin embargo, hay otra gran demanda que está en la voz de quienes se manifiestan, que es una Nueva Constitución. Quiero detenerme en este punto.

La demanda de una Nueva Constitución no es reciente. Los críticas a la actual Constitución Política surgieron inmediatamente después de promulgada la actual carta magna en 1980, por su origen autoritario. Fue durante las movilizaciones sociales de 2006 y 2011 donde esta demanda se intensificó y así en las elecciones presidenciales de 2013 este tema pasó a ser parte de la agenda política. Ya hacia 2013 la demanda por una Nueva Constitución no era sólo por su origen autoritario, si no claramente por que la sociedad había cambiado, y la rigidez de la carta magna dificultaba la expresión de las mayorías políticas y sociales, en las políticas públicas y legislación que permitieran los profundos cambios que Chile requería.

En 2015 se reformó una de las principales trabas para la construcción de mayorías, que era el sistema electoral binominal. A fines de 2015, y luego de una amplia agenda de reformas políticas, la Presidenta Bachelet convocó a un inédito proceso participativo con el objeto de avanzar hacia una Nueva Constitución. A pesar de la no existencia de mecanismos para crear una nueva carta magna, la Presidenta hizo uso de su poder co-constituyente para convocar a la ciudadanía a participar, en lo que se denominó un proceso de incidencia política.

Como resultado del proceso participativo en 2016, más de 200.000 personas participamos en espacios auto convocados de deliberación democrática, y  plasmando nuestras visiones y proyectos sobre la sociedad que añoramos en un documento que se constituyó en las Bases Ciudadanas para la Nueva Constitución (https://public.tableau.com/profile/jose.chavez#!/vizhome/PlataformaInfograficaPROCO/Introduccin) . En este proceso se expresó fuerte y claro la necesidad de un cambio importante en nuestro modelo de desarrollo e instituciones políticas.

Esta etapa participativa fue un hito en nuestra historia, pues por primera vez se implementó la metodología de Convergencia Deliberativa que hoy muchas organizaciones de la sociedad civil retoman como válida para el debate que se requiere hoy, convocando a nuevos Encuentros Locales Auto-convocados, o Cabildos.

Sin embargo, a pesar de este amplio acuerdo social, los actores políticos no pudieron hasta hoy – o no quisieron – arribar a un Amplio Acuerdo Político, imprescindible para deliberar en una instancia democrática e institucional el proyecto de Nueva Constitución.

Esperemos que luego de este gran movimiento ciudadano, tanto el gobierno como los partidos políticos y actores sociales lleguen a ese acuerdo político necesario y activen el proceso hacia una Nueva Constitución. Nuestra sociedad lo demanda y la democracia lo requiere con urgencia. Estamos a tiempo para fortalecer nuestras instituciones, y por primera vez en nuestra historia elaborar una Nueva Constitución nacida en democracia para las nuevas generaciones que vendrán.

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