COVID-19 desde la perspectiva de género: Las mujeres invisibles




Parto compartiendo con Uds. que según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), los brotes de la enfermedad afectan a las mujeres y a los hombres de manera distinta. Las pandemias empeoran las desigualdades de género ya existentes para las mujeres y las niñas y pueden afectar la forma en que reciben tratamiento y cuidado. El informe establece, además, que la salud psicosocial y dar respuesta a los derechos sexuales y reproductivos son un aspecto significativo de la salud pública que requieren de una gran atención en este periodo.

En estos tiempos de pandemia debemos poner un sentido de urgencia a la protección de mujeres y niñas migrantes la que debe incluir servicios de salud y seguridad, apoyo psicosocial y alojamientos seguros. Ellas se encuentran entre las personas en situación de mayor riesgo. Solo recordemos la imagen de las carpas en diferentes puntos de la comuna de Providencia hace unos días.

Por otra parte, la atención a las mujeres en situación de discapacidad requiere de apoyos económicos adicionales para reducir el riesgo de que ellas y sus familias caigan en la pobreza o mayor vulnerabilidad.

Analizando crisis económicas anteriores y situaciones de recesión, aquí y en LATAM, se observa que afectaron al empleo masculino con mayor fuerza que al femenino, a diferencia de la crisis económica generada por el COVID-19 y la caída del empleo relacionada con las medidas de distanciamiento social que sí tienen un gran impacto en los sectores laborales feminizados, como el de servicios, la educación y emprendimiento por mencionar algunos.

Además, otras medidas tomadas durante esta crisis como el cierre de las escuelas y jardines infantiles y no contar con las tradicionales redes de apoyo familiares también tienen un gran impacto en el equilibrio entre vida personal y trabajo, como hemos reiterado en columnas anteriores, agregando aquí el deterioro en la salud mental de las mujeres producto de la sobrecarga laboral y emocional cotidiana.

Esto me lleva a la necesidad de plantear la urgencia de contar con datos desagregados por sexo para poder focalizar de manera adecuada las medidas tendientes a proteger y apoyar a las mujeres.  Contar con la variable sexo/género, con análisis minuciosos del impacto del virus en hombres y mujeres son un paso fundamental para comprender los efectos primarios y secundarios de una crisis focalizada, hoy en Chile, en lo médico- sanitario sin considerar la diversidad de aspectos por género para fortalecer intervenciones eficaces y equitativas.

Por tanto, lo que resulta necesario es diseñar estrategias y políticas públicas con perspectiva de género que contemplen la “escucha atenta” a la sociedad civil, las diferentes comunidades que están en el territorio, a las ciencias, las humanidades y ciencias sociales garantizando con ello un aporte integral y diverso que apunte, con sus reflexiones y propuestas, a acortar las brechas y disminuir la desigualdad que se ha develado con mayor fuerza a través de esta pandemia.

La llegada del nuevo Ministro de salud y con ello el cambio necesario en algunas de las estrategias debe apuntar a  encontrar la forma de incluir a  más mujeres en la toma de decisiones valorando con ello no solo la capacidad de dialogo sino el liderazgo y conocimiento para abordar crisis, porque si hay algo que las mujeres sabemos es de resiliencia en tiempos duros.

 

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