De Chilezuela a Piñezuela…




Estudiosos del comportamiento humano han comprobado que existe una conexión científica que prueba que la manera en que pensamos tiene una influencia directa en atraer cosas positivas o negativas a nuestra vida. Además del pensamiento debemos visualizar y sentir cómo si ya estuviéramos viviendo lo que buscamos, dar por hecho que ya está sucediendo.

Por cierto que la recomendación siempre es pensar positivo, atraer abundancia y vivir en el amor; esta fórmula debe ir acompañada de otro ingrediente muy importante y nada de fácil: la auto observación, es decir, ser conscientes de lo que pensamos. Esta forma de vida también se conoce como la Ley de Atracción, lo que pensamos es lo que atraemos. Concentrarse en lo negativo y exacerbar lo negativo, según esta ley, solo trae cosas negativas; ¿qué es lo que nuestras autoridades de gobierno han hecho en estos últimos tres años?

El miedo ha sido el pensamiento que se ha exacerbado, llevamos 3 años escuchando sobre Chilezuela: partió en el marco de la última elección presidencial, transformándose en el eslogan más importante del entonces candidato Sebastián Piñera y Chilevamos para advertirnos del infierno que viviríamos como país si se nos ocurría votar por el otro candidato. Luego, Chilezuela ha sido el recurso permanente para intentar construir un liderazgo internacional que se compone por un lado, de hacerle un gesto permanente al presidente de Estados Unidos y por otro, liderar el movimiento internacional que intenta derrocar a Nicolás Maduro de la presidencia de Venezuela. Hemos sido testigo de varias acciones a nivel internacional, escuchado múltiples anuncios que vaticinaban fecha de término para el presidente de Venezuela y, por cierto, un mensaje dedicado en la asamblea general de Naciones Unidas.

Tanto hablar de Chilezuela y su desgracia, tanto buscar en el exterior el desorden y el caos social, qué súbitamente el caos se instaló en la política nacional, apareciendo el temido concepto de Piñezuela: nuestra versión de descontrol, represión, saqueos, autoritarismo, inoperancia, desinformación y sordera.

La estrategia del miedo lleva al odio, el odio a la ira y nada de esto garantiza el diálogo. De tanto azuzar a la población a través de vocerías majaderas que culpan a los contrarios, de tildar de delincuentes a quiénes se manifiestan en las calles, de anticipar supuestas quiebras económicas por cuánto costará recuperar la infraestructura destrozada y ninguna palabra sobre el costo del quiebre social generado por un modelo de desarrollo que a pesar de las buenas intenciones y esfuerzos de gobiernos post dictadura, no dieron solución estructural a las desigualdades que nuestro modelo profundiza.

Hace menos de una semana éramos un oasis en la región y hoy estamos en guerra, enfrentando a un enemigo poderosísimo que tiene características casi alienígenas, según planteó la primera dama, el ministro del interior hablando de desabastecimiento mientras el mundo empresarial dice que no es así, que el abastecimiento está garantizado. La verdad, dejémonos de cuentos, hagamos de Chile un país más grande, la empatía no se declara se practica en el lenguaje y en los hechos. Ponerse en el lugar de la población es hacerlo de verdad sin explicaciones inverosímiles, los temas son los mismos de hace años: pensiones, salud, educación, transporte, vivienda y trabajo.

La gran lección para Piñezuela es que es bueno equilibrar las cosas, que la producción de un país solo tiene valor mientras exista cohesión social, ser indiferente a lo que la gente demanda tiene un costo mayor a un alza de 30 pesos del metro. Piñezuela lo superamos reconociendo que nuestro modelo de desarrollo ya se agotó, según declaraciones Bernardo Larraín, Andrónico Luksic y otros, el mundo empresarial lo entendió, por lo que hemos visto en la tele un gran número de políticos también entendió: ahora falta el presidente y su círculo de hierro.

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