De las autofelicitaciones a la irresponsabilidad política




El autoritarismo en su máxima expresión

Pareciera ser que el problema se escapó de las manos. “Una crónica de una muerte anunciada”, podría expresarlo de mejor manera. Sin embargo, la autoridad política fue la única que no lo previó.

Como es de esperar en esta contingencia, miles de Universidades y Organismos de la Sociedad Civil, con un sentido público y rolsocial, comenzaron a recalcar la importancia del distanciamiento social, de tomar medidas preventivas efectivas y proyectar los efectos de esta pandemia. Los estudios, en este sentido, no se hicieron esperar. Anunciado y publicado el día 09 de Abril, un estudio matemático de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile manifestaba que, en base a un modelo matemático que estaba basado en un trabajo del Imperial College de Londres, que “en caso de decretarse la cuarentena total en la región, en un mes los casos nuevos desaparecerían, y el total acumulado a junio sería de 9 mil contagios” (Siebert, 2020). Hasta el 14 de mayo, la cifra triplica a este total de contagios que se esperaban para el mes de junio. La decisión se dilató, en suma, más de un mes para tomar medidas más drásticas como la anunciada cuarentena total en el gran Santiago.

¿Será que la estrategia del gobierno no fue la correcta? Según el académico Marcelo Olivares, “la gracia de la estrategia de cuarentena alternante entre zonas es que mantienes los casos activos en un nivel más o menos constante a nivel de ciudad. Y aunque es posible que una zona se vea  sobrepasada de capacidad en algún momento, podría ser cubierta por otra zona” (Olivares, 2020).

¿Fue posible mantener los casos a un nivel constante? Al parecer, no. ¿Qué falló entonces? Algunos dirán, la irresponsabilidad del ciudadano común. Sin embargo, no es menor, la irresponsabilidad política en términos comunicacionales y autoritarios.

La apertura de malls, el plan “Retorno Seguro” y la tan anunciada vuelta a clases por la cartera de Educación, han sido sólo algunas de las estrategias de comunicación que han adoptado diversas autoridades políticas en el país (Alcaldes, Ministros, Presidente de la República). ¿Cómo sincronizar una estrategia de cuarentenas en diferentes zonas de la región para aplanar la curva de contagio, cuando el mensaje que se entrega no contribuye al objetivo que se espera? Sin duda, que los esfuerzos son bastantes contradictorios.

Por otro lado, la mesa social tuvo presión e impacto público para que pudiera conformarse, es decir, no surgió desde las mismas autoridades políticas como una medida esencial. La presidenta del Colegio Médico ya lo anunciaba el día 20 de Marzo “es imprescindible el cierre total de la Región Metropolitana hoy”.

Pareciera ser que la consideración que se ha tenido con los distintos actores sociales de la mesa es, más bien, una “maqueta” en este manejo de la crisis: se estableció sólo para ser visualizada hacia el exterior como un sentido de otorgar “legitimidad” a las acciones que se estaban realizando (lo que implica cierta “instrumentalidad” indiferente hacia estos actores).

Sin embargo, al parecer a la autoridad política sólo se (auto)legitima por lo racional o legal, cuando el cuadro administrativo es la burocracia y la dominación es ejercida por las normas y las leyes, como diría Max Weber. Y, en complemento, se puede apreciar que, al cumplir la mesa social con un rol, meramente, informativo y no deliberativo, esta autoridad toma las decisiones de carácter autoritario, lo cual se “caracterizaría, en líneas generales, por un conjunto de valores, actitudes y comportamientos orientados por una visión del mundo totalitaria, por la sumisión a la autoridad y por la intolerancia en relación a las diferencias y a los «diferentes» – principalmente personas o grupos percibidos como inferiores”(Lhullier, 1995). ¿Ha habido diferencias en torno a la crisis entre la autoridad política y la mesa social? Sí, las ha habido. ¿Los actores sociales y académicos han sido escuchados de manera efectiva? Tal parece que no.

La intolerancia política en las “diferencias” y percibir a los demás como “inferiores”, ha implicado consecuencias gravísimas hasta el día de hoy. La salud pública está en su máxima capacidad y los hospitales al borde del colapso. En paralelo, se refuerza la desconfianza hacia la ciudadanía, se minimiza la participación y se alimenta el autoritarismo.

El ministro Mañalich ha sido el principal responsable en este contexto, tal como uno de sus tantos dichos expresando que “el trabajo de la prensa es vender cosas en base a inventar mentiras”. ¿Cómo queremos lograr avanzar en plena crisis sanitaria con tal manejo político? ¿Será que es necesario más autocrítica y menos autoritarismo? ¿Tendrá que relevarse, a un mayor nivel, a los diferentes actores sociales y centros de estudio e investigación como las Universidades? Tal parece que no se ha aprendido, si miramos desde el tsunami del 2010 donde hubo muertes a causa de la decisión de una autoridad política con indicios claros de emergencia hasta el estallido social del año pasado, en el cual el autoritarismo sigue vigente para cualquier tipo de crisis.

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