¿De qué hablamos cuando hablamos de animalismo? (Parte II)




El capítulo Chileno

Un hecho en apariencia anecdótico, pero que tras ese a ratos irrisorio manto escondió la más brutal de las caras de lo que podríamos llamar Animalismo criollo. Los hechos fueron más menos así, amparados por cierto en esta nueva selva llamada TWITTER: destacado escritor y columnista Rafael Gumucio, protagonizó un fuerte intercambio a propósito de los incendios que ocurrieron en Valparaíso en el año 2014. Durante esos lamentables acontecimientos, Gumucio, publico en su cuenta twitter mensajes que hacían alusión a la preferencia de los habitantes afectados por las llamas de salvar a sus mascotas por sobre sus propias vidas o enseres, lo cual le acarreo por esos días un mar de críticas debido a sus “insensibilidad” para con las mascotas y la importancia de estas en la vida de las personas, es en ese contexto  que publica su ensayo “Contra la inocencia” en 2016, que significó una  reflexión posterior más calma y procesando lo sucedido, donde el escritor vuelca sus notas respecto lo sucedido y como no solo se replanteó su actuar aquellos días de la emergencia, sino como también pudo dimensionar la centralidad que actualmente tienen las mascotas en la articulación tanto de la identidad subjetiva de quienes las poseen como la relevancia al interior del núcleo familiar.

Al respecto y tras una sumatoria de hitos varios en el mismo sentido, algunos rozando el ridículo y otros de seriedad meridiana es que: ¿Es correcto hablar de movimiento animalista en Chile como un todo homogéneo? ¿Estamos en presencia de un movimiento social o movilizaciones temáticas puntuales? ¿Cuáles son las características de este nuevo petitorio?

Para responder a estas preguntas debemos ser puntillosos en nuestra aproximación y dar cuenta de algunas dimensiones que nos permitan rodear y prefigurar el tema.

En primer lugar, la causa animalista en nuestro país ha sido abordada escasamente desde el punto de vista de académico, teórico,  en tanto su problematización como fenómeno socio-político, solo un par de tesis de pregrado que abordaban algún tema puntual desde la óptica legal, por ejemplo el análisis jurídico de la ley de tenencia responsable de animales. En segundo término, hay algunos reportajes de prensa escrita que abordan el tema, a este esfuerzo se suma la crónica habitual que cubre hechos en que activistas de la causa animal tiene un protagonismo especifico, no obstante, no salen del ámbito descriptivo del suceso sin ahondar mayormente respecto de las motivaciones de sus protagonistas, ni del contexto en cual dicha acción se enmarca y tiene un sentido más profundo. Por tanto pareciese ser que el animalismo aún no logra su carta de ciudadanía en términos epistemológicos. ¿Una señal? ¿el usual reconocimiento tardío por parte de las ciencias sociales?

Otra dimensión en la cual detenerse es la relativa a la densidad y expresión ciudadana de lo que podríamos llamar animalismo en nuestro país. Por un lado apreciamos la lógica privada – individual en donde la figura central es la mascota, la cual deviene en rango de acción acotado aunque no menos importante: esterilizaciones, chip de identidad, reglamento de condominios, uso de espacio público (plazas y parques etc…). Por otro lado está la lógica nacional – colectiva, en donde la puja por los derechos animales y contra el maltrato animal adquiere mayor articulación organizativa y masividad, aquí podemos señalar las campañas rescate y posterior adopción animal, las funas a lugares donde maltratan o experimentan con animales, las decenas de marchas temáticas en favor de la causa, etc. No obstante, esta lógica nacional – colectiva nos da pie para una tercera dimensión.

Esta tercera dimensión radica en el carácter en términos de acción política, la cual presenta matices, no necesariamente dicotómicos, sino diferentes en escenificación en el espacio público y grados de disrupción política. Por ejemplo, están las recurrentes protestas, marchas,  contra el Rodeo que se intensifican  los días previos a fiestas patrias, la moción parlamentaria que busca impedir la carrera de perros galgos, petitorios liderados por ANIMAL LIBRE, ong que parte en nuestro país, aunque ya cuenta con expresiones en Perú, argentina y Paraguay entre otros países. Por otro lado nos encontramos con expresiones más radicales y en algunos casos violentas, esto debido a que los grupos detrás de las mismas poseen un discurso más radical que se expresa en muchos casos en lo que la sociología de la acción colectiva denomina  “acción directa”. Como es el caso de la Defensoría Animal, que intervinieron el Bioterio UC bajo una premisa poco vista en movilizaciones como es la desobediencia civil, acción que luego otro grupo replico en los laboratorios de ciencias de la U de chile, ambos casos con resultados disimiles. Otros hechos en esta misma línea es el incendio que afectó al cerro San Cristóbal en el sector adyacente al zoológico metropolitano, en cuyos muros se pudo apreciar aquel día rayados externos en pro de la causa animal, y la reciente quemazón de la medialuna de Quilicura, en ambos casos sin autores conocidos.

.Una cuarta dimensión es la que podríamos llamar la orientada a Objetivos / Logros cuyo eje es la participación en el debate y diseño de políticas públicas, que en varios aspectos representaría una suerte de estadio superior de las demandas animalista, ya que entramos de lleno al debate actual de la tercera ola animalista: Los derechos políticos de los animales.  Lo avanzado en nuestro país es sustantivo en los últimos años, desde la ley de protección animal, hasta la ley de tenencia responsable o “ley Cholito” y su reglamento.

Por cierto hay aspectos a perfeccionar y subsanar, sin embargo el trabajo de entre otros del Senador PPD Guido Girardi junto a Patricia Cocas directora de la ONG PRO ANIMAL, han generado por un lado un corpus legislativo de los más completos y avanzados en países de rango OCDE y por otro han instalado  la temática animal a nivel de opinión pública y debate parlamentario, lo cual hace un par de años se consideraba un exotismo new age.

 

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