Derecho a la honra




La distinción entre la norma legal y la moral, radica principalmente en la diferencia sancionadora de una y otra. Mientras una está tipificada en el ordenamiento jurídico y por ende su sanción es de exclusividad del poder del estado, la infracción de la norma moral es el reproche social. Sin embargo la conexión entre ambas es indudable, la norma legal no fue tal, sin antes ser reprochada socialmente, es decir nació como una sanción moral, antes de convertirse en legal.

Esa mutación hace que hoy vivamos en otro Chile, uno totalmente distante del de hace 15 años, hace a penas ese tiempo cuestionar la moralidad de un sacerdote era impensable, menos denunciar en contra de dichas autoridades eclesiásticas intocables que se desenvolvían por sobre la ley.

Para nosotras las mujeres los tiempos al parecer también han evolucionado en favorable, la semana pasada una extraña se me acercó para contarme que hace apenas una década vio truncada su ascendente carrera en una prestigiosa empresa, luego que su ex novio enviara fotos intimas de ella por mail a sus compañeros de trabajo, como si no fuera suficiente lidiar con la humillación, también lo tuvo que hacer con la cesantía. En esa misma línea una colega abogada me contó, como al separarse por violencia intrafamiliar hace algunos años, un también abogado juez, minimizó la causal de su separación argumentando que esos hechos eran “parte del matrimonio”.

Para ambas, los efectos colaterales causaron tanta vulneración como el acto principal, llegando en ambos casos a quedar plasmados en sus recuerdos para siempre.

Pero donde radica el cambio ? Cuando se cruza la línea que genera el cambio entre lo moralmente sancionable a lo legal? Además del tiempo, cuáles son los hechos que desencadenan esa mutación? Creo sin temor a equivocarme que el punto de quiebre entre uno y otro, es el fin de la tolerancia, el que una víctima en algún momento como verdadera carne de cañón decide reclamar sin importar las consecuencias, logrando con eso despertar el reproche social que da paso a la preciada sanción legal necesaria para los futuros castigos de esa misma conducta.

Hoy somos cada vez más mujeres que luchamos porque nuestros derechos se respeten, entender que para que esa lucha no se quede en sólo un discursos de buena crianza por parte del patriarcado reinante por décadas, es necesario denunciar. Sí, denunciar no importando de quien provenga esa vulneración, y entender para enseñar a las siguientes generaciones, de modo que quede impreso en su ADN, que nadie no importa quien sea, puede vulnerarnos, ese es el primer paso para generar al fin que ese anhelado cambio, y que no solo sea una linda utopía.

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