Educación Ciudadana para la generación valiente




Este año comienza la implementación del Programa de Educación Ciudadana para el estudiantado de tercero medio en todo el sistema público, constituyéndose en un escenario de desafíos y proyecciones del profesorado, debido al cambio en el escenario político nacional y principalmente por la irrupción de una generación de estudiantes que se movilizan. La generación valiente.

En ese sentido, esta propuesta curricular es tardía. La generación valiente ya nos enseñó que no se debe pedir permiso para hacer los cambios políticos que buscan terminar con la desigualdad y la exclusión. Fue este grupo de jóvenes que mediante una evasión masiva nos recordó el Chile en el que vivíamos y que las Ciencias Sociales ya habían diagnosticado hace más de veinte años: pobreza, concentración de la riqueza y exclusión. Fueron el impulso para la movilización de antiguas generaciones que, dominadas por el miedo y el individualismo, intentaron sobrevivir con las herramientas que el modelo ofrecía.

En la actualidad esta generación valiente es protagonista del movimiento social que ha reconocido a distintas identidades de género, disidencias sexuales, organizaciones territoriales y al movimiento estudiantil como su eje. En ese marco, se plantean cambios estructurales como el fin del sistema patriarcal, la autonomía de pueblos indígenas y la derogación de la Constitución de 1980 promulgada durante la dictadura cívico militar.

En ese marco, la implementación de la Educación Ciudadana nos presenta por lo menos tres desafíos. Primero, apuntar a la relevancia de la participación política más allá de los hitos electorales. Este escenario histórico nos ha demostrado que la utilización del espacio público y la organización territorial, fortalecen la identidad en el movimiento social, empujando las demandas más allá de los límites que el sistema partidista puede contener. Es esa participación política, sin los límites clásicos del ordenamiento de partidos, la que debemos promover como piso fundamental.

Segundo, promover principios colectivos de organización de base abandonando la mirada individual en el proceso educativo. Incitar la participación del estudiantado en las distintas instancias que el sistema escolar nos proporciona como Consejos Escolares, Centros de Estudiantes o Planes de Mejora Educativa y también en espacios más allá de lo institucional, para vincular a los espacios educativos con sus territorios. Con esto, entendemos que la educación ciudadana debe fortalecer el nuevo tejido social que se ha ido reconstruyendo desde el 18 de octubre.

Por último, posicionar el respeto por los Derechos Humanos como un imperativo ético y político en cualquier contexto. Resulta importante en la actualidad defender y difundir este principio, cuando vemos que surge desde los rincones más oscuros del Estado esa violencia que creíamos superada, para recordarnos los límites de nuestra democracia. Por ello, debemos comprender que la educación que promueve un enfoque en Derechos Humanos es el camino que nos entregará un piso mínimo para la movilización y capacidad transformadora del movimiento social.

En definitiva, la implementación del nuevo programa de Educación Ciudadana nos proporciona un espacio que debemos potenciar como docentes en los distintos contextos en los que impactamos, pues la educación hoy más que nunca seguirá siendo un medio para la transformación social.

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