El Chile del futuro




Chile presenta un déficit evidente y conocido en materia de innovación. La ciencia, la tecnología y la innovación, son herramientas fundamentales para un desarrollo inclusivo, sostenible y sustentable y, también, son fundamentales para hacerse cargo de las grandes preocupaciones globales como el cambio climático, para diseñar soluciones novedosas a los problemas nacionales, como el uso eficiente del agua y la energía, o para crear nuevos servicios, productos o prácticas que aumenten el bienestar de todos los chilenos, como es el caso de las tecnologías digitales o los alimentos funcionales.

Lograr que Chile se convierta en un país en que el conocimiento y la innovación sean palancas reales de un desarrollo dinámico, inclusivo y sustentable, requiere de impulsos significativos y transformadores al menos en tres frentes. En primer lugar, un fuerte incremento en el fomento a la ciencia, la investigación y la formación de capital humano avanzado. En segundo lugar, generar incentivos para que los actores del sistema incrementen sus esfuerzos en materia de innovación y los orienten hacia objetivos relevantes de desarrollo nacional. Y, en tercer lugar, contar con una institucionalidad que tenga la fortaleza y la estabilidad, pero también la flexibilidad en la acción, para conducir este proceso en un mundo de cambios profundos. Un aspecto específico pero fundamental en materia de desarrollo científico y tecnológico, consiste en retomar la política de clúster que fue impulsada con fuerza en el período 2006-2010.

La creación del Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC) permitió generar un espacio público y privado para elaborar una mirada de largo plazo sobre los retos que enfrenta el país en estos temas, más allá del gobierno de turno. A su vez, el Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC) permite disponer de un flujo significativo de recursos para financiar parte de la política pública en este campo.

Sin embargo, ambas son creaciones que no han sido capaces de abordar y desarrollar el déficit, no solo en investigación y desarrollo sino en que esa inversión en dichas materias sea sostenible en las distintas regiones, que los profesionales puedan en verdad apostar por la ciencia como herramienta de conocimiento y mejora de las condiciones de los territorios, manteniendo el énfasis en los temas de la investigación científica, el desarrollo tecnológico, la innovación y el emprendimiento, tanto en su dimensión productiva como social.

Un ejemplo en esta materia de desarrollo de capacidades, es la baja inserción en sus campos específicos de aquellos profesionales sobre especializados, que luego de apostar por doctorados financiados por el Estado, no exista la capacidad efectiva de éste de insertarlos en plazas donde puedan devolver el conocimiento adquirido.

Para enfrentar esta crisis no basta solo con la creación de una institucionalidad, sino promover un cambio en la estructura productiva de los territorios, apostar por una nueva forma de hacer las cosas, creer que la innovación puede colaborar a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Hoy los FIC se han transformado en la generación de estudios que finalmente quedan en baúles sin tener un impacto en la realidad, sin hacerse cargo de la profunda crisis socioambiental que vivimos.

Chile actualmente presenta profundos problemas en materia de desarrollo de la pequeña ciencia, que solucione problemas habituales, que respalde a pequeños productores, que responda a las necesidades de capacitación actuales, que sea el sostén de una educación superior proactiva en materia de innovación, desarrollo de tecnologías y ciencia, y que esté a la altura con los distintos países con los que Chile se encuentra asociado.

Es por ello que se requiere aumentar la competitividad de las empresas y la empleabilidad de las personas a través de la capacitación e intermediación laboral. Estimular las acciones y programas de capacitación que desarrollen las empresas, además de una administración apropiada de programas sociales de capacitación. Promover y coordinar programas de orientación ocupacional. Generar programas de inserción del Capital Humano Avanzado con miras hacia un futuro de desarrollo en el país y una atribución directa a la necesidad del país, desde una mirada micro hacia lo macro.

Es claro que el Gobierno está en deuda para con la ciencia y la tecnología en el país, y que no ha ejecutado políticas con magnitud, profundidad y plenitud en este tema. No obstante, con esto se logrará diseñar y pensar el Chile del mañana desde la ciencia. Para ello, es preciso que la institucionalidad apueste efectivamente por la ciencia. Ello permitirá la creación de entornos favorables para la colaboración y el intercambio de conocimiento de científicos de una misma especialidad. Se requiere un marco institucional apropiado en términos de incentivos existentes para motivar a la comunidad y a los privados a generar cada vez más inversiones en innovación para el desarrollo, en llegar al mismo lugar o más allá, pero con mejores condiciones. Incentivar la cooperación entre los distintos actores y promover la estructuración en forma de red que posibilita un funcionamiento proactivo, flexible y coordinado. Fomentar oportunidades de vinculación con capital humano avanzado extranjero con los que se encuentren en el país, promoviendo, a su vez, la permanencia de éstos en Chile. Dar respuesta a las necesidades propias de cada región y disminuir la brecha tecnológica que existe hoy en día, además de promover la interrelación entre el sector de investigación productivo de cada región. Es vital que la comunidad sea parte de este proceso de tales objetivos, enraizándola desde la cultura preescolar, para formar en ellos una persona íntegra y absolutamente involucrada con el desarrollo de la ciencia, tecnología e innovación como manera de desarrollo personal y en comunidad, de modo que se dará un incentivo constante y sostenido y un trabajo de apropiación social de la formación del conocimiento. Esto va a generar, a su vez, una mayor participación de la ciudadanía en los proyectos que a ellos como comunidad les beneficien y hagan sentido. Es decir, generará un círculo virtuoso basado en el desarrollo del conocimiento.

 

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