El cuerpo y el poder




El 02 de octubre se presentó el proyecto de ley denominado “Ley Adriana”, que busca constituir un marco legal que garantice los partos humanizados en todos los hospitales públicos y centros médicos privados en nuestro país.

Ésta iniciativa surge porque lamentablemente la violencia gineco-obstétrica en Chile es una práctica institucional que se ha naturalizado y enraizado a la luz de un modelo económico neoliberal, y que se reproduce al alero de un sistema sociocultural que obedece a los flagelos del patriarcado, cobrando vidas inocentes, poniendo en riesgo la vida de mujeres y destruyendo el sueño de miles de familias a lo largo de la historia. Tal fue el caso de Trinidad, quien por negligencia médica falleció con 40 semanas de gestación en el vientre de su madre, Adriana.

Ésta conjunción de elementos económicos, sociales y culturales repercute directamente en la interacción humana y las estructuras sociales que se establecen en base a relaciones asimétricas de poder y que se materializan en lo que Foucault denomina “microfísica del poder”.

Para Michel Foucault, el cuerpo humano con todas sus debilidades y fortalezas se ha visto involucrado a lo largo de la historia en innumerables conflictos y acontecimientos de carácter étnico, religioso, cultural, económico y político, ya que es el medio por el cual se puede ejercer poder y control social a través de lo que denomina “mecánica del poder”, que da vida a la estructura política que define el comportamiento social y que hasta la fecha ha predominado en todas las actividades humanas, incluido el tratamiento institucional del parto y las decisiones sobre este proceso y el recién nacido.

Es la “mecánica del poder”, a través de sus prácticas dominantes y hegemónicas mediadas por el capital, lo que determina las circunstancias de vulnerabilidad con que se nace en Chile. Desde un enfoque de derechos, la violencia obstétrica vulnera el derecho a: la salud, a la integridad personal, a no ser sometida a tortura o penas, ni tratos crueles, inhumanos o degradantes, a la información, el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia y el derecho a la vida privada, entre otros, es decir existe una apropiación naturalizada del cuerpo de la mujer por parte de la institucionalidad; sus condiciones y capacidades.

Para Foucault la “mecánica del poder” permite definir cómo se puede dominar el cuerpo de los demás, no simplemente para que ellos hagan lo que se desea, sino para que operen como se quiere, con las técnicas, según la rapidez y la eficacia que se determina. La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos ‘dóciles’.

Según este autor entonces el parto no es más que un hecho social de adiestramiento y disciplina, que posiciona y perpetúa el poder de unos sobre otros. Ya que una vez institucionalizada la madre (o ingresada a maternidad), su cuerpo y todo lo que está por ocurrir en y con él, deja de constituir una experiencia  personal y sagrada para convertirse -en el mejor de los casos- en un episodio pasajero, indoloro y centrado en la dimensión físico-biológica tanto de la madre como del recién nacido y, en el peor de los casos vivir la crueldad de la negligencia médica, la falta de atención y asesoramiento necesario para comprender cada uno de los momentos pre y post parto y/o cualquier situación inesperada durante el proceso.

En este contexto surge uno de los objetivos de la “Ley Adriana” que busca volver a poner el foco en el protagonismo de las mujeres y sus hijos en la maravillosa complejidad del proceso del parto, garantizando los cuidados y acompañamiento de un equipo profesional especializado y capacitado para guiar a las mujeres en uno de los eventos más relevantes de su vida, superando los paradigmas clásicos en donde la mujer en proceso de parto se encuentra en desventaja emocional y física y por ello puede ser objeto de violencia de quienes se espera estén allí para acogerla.

Finalmente, como madre de tres hijas y habiendo sido usuaria del sector público y privado, se celebra profundamente la iniciativa de la Mesa de Trabajo, en torno a la Violencia Gineco Obstétrica, convocada por la Diputada Claudia Mix, ya que como señala Foucault el poder no está en ningún momento por fuera del cuerpo, por fuera del hombre, es más, es responsabilidad ineludible del hombre en el ejercicio del poder.

Por tanto, el poder pasa por nosotras, nos invade, nos toca, somos objeto y sujeto del poder, y es nuestro deber como protagonistas de nuestras vidas, participar de esas relaciones de poder, así sea para “dejar hacer o deshacer”. Y claramente hoy, es tiempo de deshacer y deconstruir los antiguos paradigmas en ámbitos tan propios para nuestro género como es el mágico y sublime proceso que nos lleva a convertirnos en madres.

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