El Derecho a Morir con Dignidad




Independiente de la religión, la filosofía, la condición social, la edad, y un largo etcétera, en general los seres humanos vemos en la muerte un momento relevante, tanto en nuestras vidas, como en las de quienes nos rodean. 

No es raro oír reflexiones como: “Me gustaría irme en el sueño, o no quiero estar postrado, no me gustaría que llegara el momento en que no pueda recordar a quienes están a mi alrededor.” Así, las personas no solo buscamos poder llegar a la vejez de manera digna, auto solventada, con salud de calidad, sino que, además esperamos afrontar la muerte con esa misma dignidad.

Ante eso vale preguntarse: ¿Es suficiente solo dar como respuesta a tantas y diversas inquietudes cuidados paliativos o tratamientos para el dolor?, claramente no, ya que el principal dolor que sufren las personas en la antesala de la muerte es en las condiciones en que viven ese tránsito. 

¿Podemos exigirles a las personas que, frente a una enfermedad dolorosa o incurable quieran permanecer quizás por años en esa condición? A mí me parece que la tarea de las políticas públicas, de los Parlamentarios y del Gobierno, es hacer todos los esfuerzos para que las personas seamos libres de tomar decisiones en condiciones favorables, y con favorables me refiero a una vejez con pensiones dignas, a un sistema de salud que sea un co ayudante en los procesos de deterioro, un sistema de cuidados que acompañe a las familias y las ayude en esa cruzada, por señalar algunos.

¿Tenemos la potestad como sociedad de aun cuando tuviésemos un sistema pleno de derechos y garantías en los ámbitos sociales y de salud, impedir que las personas decidan que no quieren seguir viviendo de la manera en que viven, o más bien sobreviven? ¿Porqué debemos poner nuestros intereses y nuestras creencias por sobre la legitima voluntad de los seres humanos?

Con esto no quiero decir que la eutanasia no sea un proceso regulado, asistido, informado y posible en “ciertos casos”. Lo que señalo es la necesidad de abrir espacios de debate serios, con equipos multidisciplinarios, pero por sobre todo, tomando en cuenta las vivencias y la cotidianidad de las personas que han manifestado el deseo de acceder a este mecanismo.

Al interior de las familias este tema debe discutirse, en mi caso es algo que he hablado con mis padres, ambos de 75 años, los cuales me han entregado lo que en términos técnicos se llama “directrices anticipadas” que no es más que su expresa voluntad sobre sus límites como legítimos seres humanos frente a enfermedades incurables y/o invalidantes como accidentes vasculares severos, alzhéimer y otros. 

Ante eso, apelo a la necesidad de seguir discutiendo estos temas, y entender que la sociedad debe ofrecer las alternativas necesarias para elegir como vivimos y por cierto como morimos. 

“Tenemos que redescubrir el sentido de la muerte, sin disfraces… La forma como una civilización afronta la muerte en el horizonte de la vida, es un criterio decisivo de su respeto a la muerte”

 

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