El fracaso y agotamiento del neoliberalismo




El presente de Chile, y de las naciones de nuestro continente, muestran el fracaso y el agotamiento del neoliberalismo, en todas sus expresiones.

En muchas de nuestras naciones, su imposición concreta fue a través de dictaduras; golpes de estado; aplicación del terrorismo en sus formas más crueles y masivas.

Tal como lo señaló y predijo Salvador Allende, en su preclaro discurso en las Naciones Unidas, lo que se venía encima de los pueblos era una forma de acumulación capitalista asentada en grandes clanes transnacionales; bancos y corporaciones financieras sin dios ni ley; un monetarismo extremo, rentista y depredador que, necesariamente, debía pasar por sobre los derechos sociales conquistados y los estados de derechos producto de grandes luchas nacionales e internacionales.

El gatillo dominante de este violento y antidemocrático proceso, también Allende lo definió claramente: el imperialismo norteamericano.

Sin embargo, pasadas décadas; superadas parcialmente las formas políticas de dominación dictatorial, con sus trágicas secuelas, lo que hoy queda es una arquitectura que ha sostenido una desigualdad extrema; unas depredaciones de recursos y fuentes energéticas; experimentos extremos de mercantilización de la vida social que no tienen salida.

La reacción y respuesta a este concreto modelo depredador; han sido los procesos emancipadores en América que, de muy diferentes formas, tratan de distanciarse del entramado continuista neoliberal.

Es muy evidente, que el neoliberalismo no es compatible con el sistema democrático.

No es cierto que las dictaduras fueron poco menos que “necesarias”, para imponer reconversiones económicas que sustentarían el crecimiento. Eso es una falacia, y objetivamente niega todo el desarrollo económico que por décadas tuvieron estados nacionales de la región, incluido Chile.

Tampoco es cierto que las fatigadas “democracias representativas”, son la base obligada para un crecimiento que sólo es instrumental a formas de acumulación financieras, pero no a un crecimiento a escala humana, en todos los aspectos.

Chile, según el Banco Mundial, es el séptimo país más desigual del mundo.

A proporción comparativa, en la década del setenta, del siglo pasado, Chile era un país que se empinaba a niveles de igualdad que lo instalaron entre los cincuenta menos desiguales. En el mundo.

Fracaso del neoliberalismo, es indesmentible en todos los aspectos.

Agotamiento….aunque al monetarismo le duela, también. Simplemente porque las bases del capitalismo especulativo no generan productividad; tampoco riquezas. Incluso del punto de vista de la internalización de tecnología y el conocimiento a los modos de producción, Chile empieza a quedar muy atrasado.

La necesidad, entonces, de un nuevo modelo de desarrollo nacional es urgente. Se nos vino encima…porque hay crisis medioambiental real; porque hay sequía; porque las pensiones son de miseria, mientras el negocio de las afp tiene alta rentabilidad; porque los salarios se mantienen estancados por décadas; porque la macroeconomía es una ficción, si se sostiene en una depredación sostenida de todas las variables humanas de una sociedad de seres humanos.

Políticamente, esto es asunto de las mayorías nacionales, no de los expertos.

Políticamente, significa construir una voluntad nacional que, desde la hegemonía democrática, termine con la hegemonía de la gran banca; de los grandes consorcios financieros; del rol tutelar no democrático del FMI. Quitarles la propiedad del 75% de la economía “nacional”, que hoy ostentan, es básico para intentar un modelo de desarrollo y crecimiento a escala humana.

Una alternativa política y social de futuro, realmente, no tiene otra salida que levantarse sobre la base de esta tarea nacional. Más aún, todos los intentos de alianzas y correlaciones de fuerzas para poder superar esta situación, deben partir de este acuerdo básico.

Lo demás, espejismo peligroso e injusto. Que bien puede entretener a elites y grupos académicos muy respetables, pero que no enfrentan la realidad cruda y terrible que vive Chile como país; como sociedad; como pueblo-nación.

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