El lápiz y otras formas de lucha




Se ha abierto polémica con relación a la memoria del 5 de octubre. La mayor gesta ciudadana es apropiada por unos y otros para llevar agua a molinos de hoy. Una fecha que en otros años ha pasado desapercibida se torna actual gracias a la magia de los números cerrados. 30 años abren la ocasión de recordar un día donde miles de ciudadanos y ciudadanas derrotaron en las urnas la pretensión de la dictadura de prolongarse.

El dictador vistiendo traje civil, con una perla en el ojal, intentando sonreír para ganar votos y así blanquear la dictadura a través de una elección democrática fue una operación audaz, soportada en una poderosa y corrupta maquinaria estatal de favores políticos y en un plan cívico nacional de intervención puesto en marcha por los aparatos de Interior y Comunicaciones.

Frente a este escenario, la oposición estaba dividida en su cúpula y unida en su base. Tres tesis se disputaban la hegemonía política:

La tesis de la rebelión popular, a través de “todas las formas de lucha”, impulsada por el PC y otros sectores buscaba una radicalización forzada, que desembocara en algo así como una insurrección popular o condiciones para un quiebre interno en las FFAA. Esta tesis estaba perforada y puesta en duda luego del atentado a Pinochet en 1986, y no creía en una salida como la que propició el plebiscito porque temía (justificadamente) que el dictador consumara un fraude. Finalmente, estos sectores impulsaron para el plebiscito la idea de “No hasta vencer” como una forma de conciliar a los grupos internos que querían sumarse al NO con aquellos grupos menos entusiastas.

Otra parte de la izquierda buscaba una salida distinta, a través de una combinación de acciones de desobediencia civil con inscripción en los registros electorales. Esto, con el objeto de crear un canal de acción ciudadana que permitiera expresarse a quienes, no participando de los partidos, querían volver a la democracia. En este sector había dudas sobre la posibilidad de fraude en el plebiscito, pero finalmente a través del Comité de Izquierda por Elecciones Libres (CIEL) decidió participar y junto al CEL impulsaron la idea de elecciones libres primero, y de inscripción masiva en los registros electorales después.

Otras fuerzas, más al centro del arco político, estaban convencidos que había que incidir en el itinerario fijado por Pinochet para derrotarlo “desde dentro” privilegiando una salida institucional. Desde acá surgieron iniciativas como el Comité por Elecciones Libres (CEL). La primera acción ciudadana de esta iniciativa conjunta entre CEL y CIEL fue la primera “Jornada por Elecciones Libres”, realizada en Peñalolén, donde participaron repartiendo volantes en ferias y convocando a organizaciones sociales dirigentes como Ricardo Lagos y Eduardo Frei Ruiz Tagle.

Cruzando estas diferencias, existía una poderosa fuerza social impulsada desde los movimientos sindical y estudiantil, e integrado por variadas fuerzas que iban desde comunidades cristianas de base hasta un sector de los transportistas, campesinos y colegios profesionales. Estas fuerzas se reunían en la Asamblea de la Civilidad que estuvo detrás de las protestas nacionales. En medio de todo ello, una transversal y amplia agrupación de mujeres expresaba en las calles la unidad de todos los sectores. Una ola feminista recorría los partidos y la oposición demandando “democracia en el país y en la casa”.

Todo este proceso de acumulación de fuerza política y social contribuyó de manera decisiva al triunfo electoral de 1988. No habría sido posible sin ello. Los apoderados, enlaces, encargados de centros de acopio, el recuento paralelo, no habría tenido el éxito de organización que tuvo sin todo lo anterior. Incluso los sectores que tenían dudas y se opusieron inicialmente, participaron de manera disciplinada y convencida de toda la organización del proceso.

Cierto que no se ganó “con un lápiz”, sino que hubo un proceso largo y doloroso de acumulación de fuerza política y social que desembocó finalmente en el plebiscito. Pero también es cierto que hubo mucha gente que vio en la organización de la oposición para el plebiscito un canal para participar por primera vez de forma activa contra la dictadura. En ese momento, se transformó la oposición, que estaba dividida en distintas tesis, pero unida en la base social por el anhelo democrático, en una mayoría capaz de enfrentar con éxito al aparato político militar de Pinochet y derrotarlo en su propia cancha.

Síguenos