El montaje




Hace casi 8 años atrás, el Ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter, anunció por los medios en sendas entrevistas el surgimiento de una “nueva derecha”, que según él, se inspiraba en los valores de la libertad y el respeto por la democracia, y la construcción de una sociedad de oportunidades. Junto con esa declaración, estableció algunos nombres que llevarían a cabo una transformación política propia de una derecha evolucionada. Pocos meses después, Carlos Larraín calificó a la nueva derecha de Hinzpeter como “flor de un día” y abogó por una “derecha que represente sus profundas tradiciones”.

Traigo todo esto a colación porque a propósito del episodio del nombramiento y renuncia de Mauricio Rojas como Ministro de Las Cultura y Las Artes y sus impresentables declaraciones sobre el Museo de la Memoria (que además de ser de una ignorancia supina, ofenden gravemente a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos), se dejó ver en el debate público un sesgo autoritario en varios poderosos dirigentes políticos de derecha, que hasta ahora permanecía más bien oculto bajo el manto liberal del presidente Piñera. Muchos de ellos aprovecharon el fragor del debate del fin de semana para promover su tesis del “contexto”, con la que se relativizan los crímenes y atrocidades cometidas por agentes del Estado en dictadura.

Con lo anterior queda en evidencia lo que muchos ya sabían de antemano: si hay algún montaje, es sin duda de los que pretenden convencer a la ciudadanía de que la derecha en Chile se ha modernizado, y ha abandonado su pulsión autoritaria. El comunicado de Evópoli es una luz de sensatez y sentido común frente a los Desbordes y las Manenas. Pero borrar los tuits, o el hecho de que Rojas haya renunciado al cargo de ministro no logrará soslayar lo que ya quedó expuesto.

Rojas, que sabe de la construcción de “relatos”, tiene claro que el truco ha quedado a la vista de todos. No hay tal derecha moderna y respetuosa de las instituciones, liberal y democrática. Siguen siendo mayoría los que persiguen la agenda del diablo, los que piden razones humanitarias para asesinos y torturadores, los que quieren impedirle a las mujeres decidir. Es injusto probablemente decir esto para los que han tenido alguna voluntad de cambio, pero es tristemente cierto.

Hay temas en la sociedad que no pueden ser sometidos a la teoría del empate, la existencia del Museo de la Memoria no es un armazón ideológico de un bando, es la representación concreta de aquello que no queremos que se olvide, para que a través de la memoria misma podamos contribuir a un nunca más. Los derechos humanos deben ser un horizonte de trabajo diario, que nos conduzca a una mejor sociedad.

El episodio del ahora ex ministro Rojas supone un nuevo error político para el Gobierno, que aún no se adapta al estándar que la propia sociedad ha establecido para sus autoridades, donde hay cosas que por memoria y dignidad son inaceptables. Nadie que ponga en duda los derechos humanos, o niegue su vulneración, puede estar a la altura de un cargo público.

 

Freddy Seguel.

Director Revista Opinión.

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