El Museo de la izquierda




Han pasado 40 años y parece que no hubiéramos avanzado nada.

Los lamentables dichos del ex ministro de Cultura me retrotrajeron a décadas atrás: los medios, las personas, y ahora las redes sociales, se centraron con mucha virulencia en lo ocurrido, pero en la forma, no en el fondo.

Resurgieron las voces perturbadoras de la división, que pensé (ingenuamente), se estaban diluyendo con el tiempo. “Zurdos manipuladores de la historia”; “Fachos”; “Por qué tenemos que pagar un museo de la izquierda”; Momios”; “No estamos hablando de blancas palomas”, “Comunachos”. De uno y otro lado emergió ese odio profundo que dividió a los chilenos a partir de los 70´s.

Este episodio sirvió para revisar el estado de nuestra conciencia como país.

La presidenta de la UDI dijo que el Museo de la Memoria contaba sólo una parte de la historia. Además de buscar un empate inexistente, cabe preguntarse cómo puede aseverar algo así, sin haberlo visitado. Probablemente muchas de las personas que repitieron “zurdos comunistas”, una y otra vez, tampoco lo hayan hecho.

El Museo de la Memoria nos recuerda uno de los episodios más oscuros de nuestro país.

La dictadura hizo desaparecer a más de 1.000 personas, torturó al menos a 30.000, asesinó a 2.000. Madres, hijos, y esposas quedaron para siempre esperando al menos el regreso de un cuerpo para sepultar. No creo que haya un dolor más grande.

Aunque muchos no tengamos vínculo directo con víctimas de la dictadura, sí tenemos la capacidad empatizar con ese dolor infinito, con la tragedia de un ser querido desaparecido, degollado, fusilado, lanzado al mar. ¿Cómo no hacerlo? ¿Cómo no poder hacerlo? ¿Cómo no querer hacerlo?

Han pasado más de 40 años de una crisis institucional y de un brutal y violento Golpe de Estado ¡y aún nos tratamos de fachos y zurdos!  Nos descalificamos a la distancia, sin saber quién es el otro, cuál es su historia o su experiencia de vida.

Un Museo de este tipo, plantea recordar para no repetir tragedias del pasado, pero nuestro “estado mental” como chilenos hace pensar que no aprendimos nada.  Se llegó a decir que este es un “museo de la izquierda”, “un museo zurdo”. ¡No lo es! y no hay empate posible.

No me atrevería a decir que la gente de un determinado signo político minimiza la gravedad de los hechos acaecidos a partir del 73´; Sí me atrevería a asegurar que las personas que lo hacen, son un poco menos personas.

El dolor no tiene posición política, el que perdió a un ser querido, sólo tiene dolor y hemos fallado en acompañarlo. Ana González ha vivido décadas con el dolor de haber perdido a su marido, dos hijos y a su nuera embarazada: todos desaparecidos. No comprender eso, nos arrebata un poco de humanidad.

El día en que dejemos de enfrentarnos por ser de izquierda o derecha (un debate bastante añejo por lo demás) y empecemos a transmitir el valor de la unidad a las nuevas generaciones, sin importar si somos de la OCDE o cuál es nuestro PIB, podremos construir una sociedad en que podamos convivir y respetar nuestras diferencias y en la que veamos estos espacios como lugares de historia y de memoria, que honran a los muertos y alivian un poco a los vivos.

PD: Es el momento en que millones de chilenos visiten el Museo de la Memoria con el respeto que merece, e idealmente lean el Informe Valech para ver si pueden contener las lágrimas por aquellos que no conocen.

 

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