El orgullo de ser progresista: Siete años del PRO




Los primeros meses de 2010 auguraban tiempos difíciles para las fuerzas progresistas y transformadoras en nuestro país. Por primera vez, después de 40 años, la derecha volvía a La Moneda, y lo hacía de la mano del empresario especulador Sebastián Piñera. La Concertación, fagocitada y anquilosada, le entregaba la banda presidencial a la coalición con la cual terminó acostumbrándose a cogobernar.

El progresismo había emergido con fuerza en las elecciones presidenciales del año anterior de la mano del liderazgo de un joven parlamentario de 35 años, Marco Enríquez-Ominami, quien con coraje y audacia fue capaz de instalar un discurso de renovación y ruptura que cambió la política chilena: rompió la camisa de fuerza que significaba el duopolio, instaló el debate de la renovación y democratización del sistema político, y dictó un decálogo programático que en un par de años terminó instalándose como sentido común de las grandes mayorías de nuestro país. Entre sus puntos incluía el fin sistema binominal, primarias obligatorias, cambio de la Constitución, derechos sociales garantizados, fin a las AFP, educación pública gratuita, derechos reproductivos de las mujeres y recuperación de los recursos naturales, entre otros, abordados sin dogmatismos.

De aquella elección, varias decenas de mujeres y hombres, jóvenes y viejos, tomamos la decisión de bajar de la galería y entrar a la dura y difícil cancha manejada por el duopolio político, formando y legalizando un instrumento político para impulsar las ideas y debates que habíamos logrado instalar en las elecciones presidenciales de 2009: el Partido Progresista (PRO). El progresismo, sin alcaldes ni concejales, ni diputados ni senadores, sin abuso de puestos de gobierno, sin medios de comunicación afines, solo con la esperanza y apoyo de miles de chilenas y chilenos, se lanzó a las calles para legalizar el PRO. El 19 de julio de 2011 lográbamos legalizar las primeras cuatro regiones (Arica y Parinacota, Tarapacá, Antofagasta y la Región Metropolitana), constituyéndonos legalmente como partido. Tardarían dos años más para que, en julio de 2013, con la región de Los Ríos, termináramos de inscribirnos en las 15 regiones del país.

El andar del progresismo estos siete años ha sido intenso. Llegamos a la política para –con audacia y coraje– enfrentar las ideas y prácticas conservadoras hegemónicas en nuestra sociedad, impulsando transformaciones para hacer de Chile un país más libre e igualitario. Entramos a la política cambiando las prácticas desde un inicio. Sometimos nuestro nombre a elección. Establecimos cuotas obligatorias de mujeres, jóvenes y pueblos originarios en todos nuestros órganos de dirección. Transformamos los viejos y oscuros tribunales supremos es espacios promotores de la democracia, probidad y transparencia interna.

Decidimos que serían nuestras propuestas las que dibujarían nuestra visión de la sociedad, y hemos sido por lejos el partido político que más propuestas ha hecho en los últimos años. Más de siete libros hemos lanzado con propuestas e ideas programáticas. ¿Qué partido político ha publicado tal número de libros y visiones de país?. Son cientos los seminarios y talleres programáticos organizados por nuestra Fundación Progresa o por el mismo PRO en estos años.

Abrimos las puertas de la participación política a la gente común y corriente. Invitamos e incentivamos a todos quienes hicieran suyas las ideas progresistas a ser candidatos. Más de 3.000 candidatas y candidatos progresistas hemos llevado en las elecciones municipales y parlamentarias de 2012, 2013, 2016 y 2017.

Toda esta energía nueva y nuestro espíritu desafiante tuvieron una brutal respuesta desde la elite empresarial, política y comunicacional. A principios de 2015, Marco casi triplicaba en las encuestas a Piñera, y el PRO se perfilaba como la fuerza nueva emergente. Las fuerzas reaccionarias aprovecharían el caso del financiamiento ilegal a la política para llevarnos al lodo y desatar una campaña comunicacional y judicial contra un liderazgo presidencial como el de Marco y su partido. Con gran despliegue comunicacional y sin ningún decoro, con amparo de mañosas excusas jurídicas, fiscales y medios comunicacionales al servicio de los poderosos fueron aprovechándose de un escenario de necesaria impugnación al sistema político para arrastrarnos y debilitar el perfilamiento del progresismo y en particular de Marco, como alternativa política al duopolio político y empresarial.

Los progresistas hemos siempre actuado con total y absoluta decencia. Usamos todos los espacios que la ley pinochetista daba para la acción política, pero siempre levantando con claridad y firmeza las banderas progresistas. Jamás nadie podrá acusarnos de algún acto de corrupción. Sin haber sido nunca funcionarios públicos se nos intenta achacar acusaciones fuera de todo fundamento legal y ético. Jamás Marco ni los progresistas hemos usado los espacios políticos para beneficio personal. Muy por el contrario. Entonces, ¿de qué se nos acusa? De nada, nada, salvo ser inmanejables e incontrolables por los poderosos.

A siete años de nuestra fundación, estamos orgullosos del camino recorrido. Estamos orgullosos de nuestros liderazgos. Estamos orgullosos de Marco. Estamos convencidos de que, para Chile, para avanzar en igualdad y desarrollo, la alternativa es y seguirá siendo el progresismo. Por lo mismo, con absoluta convicción, hemos y seguiremos trabajando en la unidad y confluencia política de las fuerzas progresistas, en un solo y único Partido Progresista, para desde este espacio unitario, reunir y congregar a las todas las fuerzas de izquierda y centroizquierda en una amplia alianza de unidad a favor de los cambios. No serán jamás de progresista los vetos ni los sectarismos.

A siete años de nuestro nacimiento, el PROgresismo puede decir con orgullo que ha cumplido con el desafío de cambiar la política en Chile. Que bajo las banderas progresistas emergen liderazgos nuevos, populares e innovadores, como el de nuestra diputada popular Marisela Santibáñez. Que trabajamos por la convergencia y unidad del mundo progresista, como el encuentro con nuestro Senador Alejandro Navarro. Que seguiremos impulsando una agenda de transformaciones profundas y necesarias para Chile, desde la mayor amplitud y encuentro con la izquierda y la centro izquierda. Que continuaremos abrazando las banderas de la integración y el latinoamericanismo. Y que, frente a los ataques de la derecha y el conservadurismo, seguirá firme en su andar. Nos hemos hecho cada vez más fuertes y convencidos, y ese valor, en política, siempre, los pueblos lo premian y valoran.

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