El poder de la mirada




A semanas del emblemático viernes 18 de Octubre, las Universidades comienzan la recalendarización de actividades y los alumnos tímidamente regresan a clases desde las más dispares realidades. Los ánimos siguen revueltos, y las energías dispersas. ¿Cómo retomar la cotidianeidad sin hacerse cargo de tantos temas e inquietudes pendientes?… Me viene a la mente la historia de aquel niño que tras ser operado de ceguera, visita por primera vez el mar, y sentado junto a su padre, se emociona ante tanta inmensidad. Lo agarra de la mano y le pide: “Papá, ayúdame a mirar”.

Tomo aliento desde un suspiro profundo donde trato de hacerme cargo y no puedo menos que declararme incompetente ante tan grande desafío. Son demasiadas las miradas, demasiados los manejos comunicacionales, las fake news, demasiados los derechos vulnerados, las necesidades insatisfechas, las brechas de desigualdad. Demasiado el cansancio general. Los acojo desde el diálogo y trato de contener recibiéndolos con la más cálida de mis sonrisas, queriendo saber de ellos, agradeciendo su presencia allí, el esfuerzo realizado por llegar, haciéndoles saber la alegría que me provoca el reencuentro.

Desde las clases de comunicación no verbal trato de estructurar algo que les haga sentido, que ayude a la reflexión, que aporte algo con lo que seguir el diálogo hacia adelante.

Hablamos del poder de la mirada. Aquella que en su más pura esencia, ha estado ausente durante estos treinta años en la mayoría de políticos en Chile, sea cual fuere su tendencia y color. Aquella que hoy les hace declarar que no vieron venir el descontento, y mucho menos el desenlace. Aquella que impulsa a radicalizar movimientos a quienes se han sentido invisibilizados, no escuchados y excluidos del sistema por décadas, y aquella que sigue cegando a quienes se sienten dueños de la verdad. La mirada que no estuvo presente en los puerta a puerta de las campañas políticas, ni en las inauguraciones de hospitales y que tuvo sesgo e indolencia al escuchar los relatos de los más desposeídos cuando pidieron ayuda a sus candidatos para que se hicieran cargo de la realidad.

Pero, ¿Qué es la mirada? ¿Acaso no es cierto que sea algo que se co-construye solo en la singularidad de mi relación con el otro? Día a día veo parejas, amigos, padres, hijos, compañeros que se relacionan, toman café, almuerzan, dialogan, revisando sus teléfonos en una presencia ausente donde de la mirada poco o nada se sabe, donde tranzamos la ilusión de la conexión múltiple por la oportunidad real de ser con el otro, de conectar con el otro, de ver y ser visto.

Tras varias semanas de aquel “Chile despertó”, en las que hemos presenciado el aumento de la violencia en nuestras calles, en las que tantos chilenos han perdido los ojos por balines de goma, en las se han roto amistades y familias producto de las diferencias políticas, y en las que la única salida es construir entre todos un país mejor, me provoca aún más incertidumbre la capacidad que tendremos de mirar desde la empatía, desde la legitimización del otro, de la posibilidad de dar respuesta real a las legítimas demandas de quienes más lo necesitan, de construir mirando un futuro juntos, entendiendo que somos una sola nación. Me preocupa que sigamos encegueciéndonos y en ese camino perdamos el derecho de vivir en paz.

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