El retorno a la anormalidad




No hay retorno seguro. No existe. De hecho, no hay nada seguro. El virus acecha y la idea, por ejemplo, de que el fin de los contagios estaba cerca en el hemisferio norte no parece nada de cercana aún.

En este hemisferio, Ecuador ha tenido que reconocer hace poco nuevos contagios, Brasil, que no ha declarado cuarentenas, aumenta día a día los contagios y mantiene una crisis de gobierno luego de las renuncias de dos ministros del gabinete de Bolsonaro, los más emblemáticos. No hay nada seguro. Ni allá ni aquí.

Primero la salud, luego la economía, parece ser la solución correcta de un dilema, que de falso no tiene nada, entre la una y la otra. Detrás de la idea de que se contagie un mayor número no perece estar la idea de inmunización sino la de cuidar al capital. Como no, si uno de sus fetiches, el petróleo, continúa varado en múltiples costas y su precio fluctúa como por un tobogán. Es por lo que se requiere mover el mundo de nuevo.

Pero la salud, bien despreciado y recortado en los ajustes de casi todos los países en las últimas décadas, requiere en lo inmediato no un mercado pujante sino un estado en forma, que garantice protección y derechos, insumos y equipamiento. Ahí está la tensión. La bolsa o la vida han dicho algunos.

La pandemia parece una irrealidad, pero es real y tangible. “Es como una película” se repite en las conversaciones, pero es la cotidianeidad. Hasta hace poco, pensadores como Harari, proclamaban que nos graduábamos de dioses e incluso crearíamos vida, la inteligencia artificial.

Pero no, la peste relatada por Tucídides en Atenas, la peste antonina de Roma, la peste de Camus, la vieja peste de las historias de abuelas: la epidemia de influenza en el Chile de 1957, reaparecen para retrotraernos a un temor parecido a la edad media, un ambiente “hobbesiano” parece ser la atmósfera del mundo hoy.

Hace dos años hubo un informe de prestigiosos médicos que advertía de la posibilidad de una pandemia, el SARS y el Ébola habían ocurrido hace poco rato. ¿Qué pasó ahí?

No es la única amenaza. Los síntomas del cambio climático están también hace rato, hasta que nos encontremos con una catástrofe aguda más que afecte a grandes poblaciones y sea demasiado tarde. U otra pandemia, terminada esta.

No. No hay retorno seguro. Ni nueva normalidad. Habrá una anormalidad constante mientras no haya vacuna o el virus se retire.

Es por lo que, en Chile, más que eslóganes o frases para la comunicación política del gobierno, lo requerido es un plan eficiente que convoque a diversos actores poniendo por delante aumentar significativamente la capacidad de testeos para detectar más asintomáticos, hacer efectivas las cuarentenas que se decretan en distintos territorios e incorporar la fuerte red de atención primaria de salud instalada en las comunas para hacer mayor prevención y educación.

Síguenos