El riesgo de no comunicar

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Llegó Septiembre. Tras el último pie de cueca, cambiaremos la chicha por los regalos de Navidad  y en un abrir y cerrar de ojos estaremos en el 2020. “El 20-20” fecha que parecía lejana y que para muchas empresas marca la obligatoriedad de subirse al carro de la digitalización está ya a la vuelta de la esquina.

El año pasado desde la vereda de las comunicaciones  me hice cargo de los procesos de gestión del cambio de compañías de diversas industrias. Con mayor o menor asombro registré discursos de CEO, Presidentes, Directivos y Gerentes. Todos, absolutamente todos destacaron la importancia de las actualizaciones en los ERP de gestión y la necesidad imperiosa de que nadie quedase abajo en este proceso, llamando al compromiso y colaboración intergeneracional.

En  implementaciones que son por definición dolorosas y que generan temor e inseguridad en las personas, hubo dos falencias que me llamaron profundamente la atención.  La primera y más común, fue la reticencia a validar los procesos de comunicación como una herramienta de soporte imprescindible de modo transversal, donde tan importante es la pertinencia en tiempo y forma de la comunicación de objetivos y logro de grandes hitos, como la bajada a todas las instancias involucradas.  La segunda y más preocupante fue la negación de altos directivos  a participar en los procesos de difusión. Con profunda tristeza y frustración observé como el más alto cargo de una de las compañías más emblemáticas de este país, se oponía a la publicación de su entrevista en el newsletter institucional. Tras pasar por todos los filtros posibles de la dirección de comunicaciones  y el equipo editorial asesor en  gestión del cambio, la oposición a la publicación del encuentro  pauteado fue categórica.

Desde la frustración por no contar con un testimonio vital, meridiano, certero y que transmitía con absoluta nitidez los objetivos y oportunidades tanto para la compañía como para sus trabajadores vino el cuestionamiento natural, ¿Cómo un líder de esa envergadura no es capaz de visualizar los riesgos de no comunicar?, incluso aún peor, ¿cómo no visualiza los mensajes posibles al no hacerlo?.

La experiencia, repetida a lo largo de los años en trabajo con diversos equipos y proyectos me da múltiples respuestas posibles. El olfato, la guata y cualquier conexión con instintos básicos  me da luces de que la respuesta es tan sencilla como lamentable: Estamos rodeados de profesionales con trayectorias gerenciales de primer nivel pero sin la habilidad blanda más básica, la comunicación. Gerentes llenos de temores e inseguridades que pierden la oportunidad de liderar inspirando por su falta de visión comunicacional.

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