El tiempo se acaba para enfrentar con humanidad la crisis




A fines de marzo, de este año (es decir, hace poco más de un mes), expuse la necesita urgente y vital de adoptar medidas sanitarias y socio-económicas para enfrentar la crisis que ya en esos momentos, vivíamos como Pueblo y como país.

La situación se ha agravado en todos los aspectos. Y mucho.

Organismos mundiales no sólo predicen, sino afirman, que en las regiones periféricas del mundo (Africa; Oriente Medio; parte de Asia; América Latina), y también en los sectores y zonas de seres humanos precarizados del llamado “primer mundo”, habrán hambrunas; grandes bolsones de cesantía; padecimiento sanitario, y también muchas muertes.

Estados Unidos, potencia capitalista y hegemónica mundial, vive esta situación, que se agrava día a día.

Sin embargo, en el mundo, hay asimetrías inmensas respecto de cómo los gobiernos y los estados enfrentan esta dura situación.

Y Chile no es una excepción en este sentido.

En el plano sanitario, muchos exigimos, al comienzo de la crisis, la necesidad de una cuarentena total; de un cierre de fronteras y de medidas radicales, entre las cuáles  que el Estado asumiera el control absoluto del sistema de salud privado.

Se nos descalificó de manera burda, porque nadie propuso una cuarenta total, sin adoptar diversas medidas para resguardar la cadena alimentaria; el control de precios; la distribución de recursos, especialmente a los más precarios y a la gente de tercera edad; y un ingreso mínimo universal que permitiera a las familias quedarse en sus casas, sin el pánico a perder el empleo.

Se han propuesto otras medidas de emergencia, como recurrir a una parte de la altísima tasa de ganancias de negocios de inmensa rentabilidad, como las AFP, para cubrir los recursos que se requieren. Se ha planteado un impuesto a las familias hiper millonarias; una reforma tributaria urgente (centrada en el uno por ciento más rico), que ya antes de la pandemia se venía exponiendo como camino para que el Estado disponga de recursos para financiar gastos y políticas fiscales.

En fin, hay una batería importante de propuestas bien elaboradas, entre ellas generar mayor liquidez a la economía.

La Central Unitaria de Trabajadores, CUT, llegó a exponer al gobierno un Plan Nacional de Emergencia Integral, pero no fue escuchada, ni considerada.

El camino ha sido uno muy distinto. Casi diametralmente diferente.

El gobierno, concentrando un poder autoritario, político y mediático gigantesco, ha hecho prácticamente lo que ha querido y considerado necesario de hacer.

Bajo la consigna brutal de “unidad nacional-unidad mando”, el régimen de Piñera no ha cambiado en nada el “plan puente” que, desde un comienzo, empezó a imponer con mano de hierro, inflexiblemente.

La nefasta “nueva normalidad”, de la cual hacen eco de resonancia poderosos medios de comunicación, sigue adelante. Aún cuando ha sido tan fuerte la presión ciudadana y popular, que el gobierno ha tenido que cambiar algunas de sus medidas, como la de reingreso escolar que tenía planteada en el marco de ese plan.

La desocupación se incrementa. Las ollas comunes y los espacios solidarios de pervivencia aumentan en las poblaciones.

Pero el gobierno sigue buscando las rutas que resguarden los grandes negocios; el capitalismo salvaje en tiempos de pandemia; una sacrosanta macro economía neoliberal.

Y  no ha cambiado en nada esa línea de mando.

Respecto de las consecuencias de esta concreta forma de enfrentar la pandemia, y la crisis socio-económica, el gobierno, el gran empresariado y la derecha deberán hacerse totalmente responsables.

No es cierto que no hubo nunca otros caminos para enfrentar esta dramática situación. Eso no es verdad.

Ni respecto de medidas sanitarias, ni en el plano socio-económico.

Diálogo social, real, no ha existido en Chile.

Más aún, hasta hoy, sectores de la pequeña y mediana empresa demandan otra forma de trato a este sector, del cual una parte muy significativa no está bancarizada, y que cubre un gran espacio del universo nacional de fuentes de ocupación.

¿Hay tiempo y espacio para adoptar medidas que signifiquen disminuir los efectos de la crisis sanitaria y socio-económico?.

Sí, lo hay.

Pero es cada vez más reducido.

El tema es que hay un gobierno insensible y tozudo, que no quiere dialogar, ni escuchar.

 

 

 

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