El tiempo se acaba para implementar medidas necesarias




Es un hecho: Muchas de las acciones y medidas que se han concretado para enfrentar la pandemia, han sido producto de la presión social y popular. De propuestas surgidas de movimientos sociales y fuerzas políticas; de asociaciones de salubristas; de protestas y barricadas que defienden, como pueden, el derecho a la vida.

Sin embargo, el Poder Ejecutivo; el real poder económico, el poder Judicial, y una parte del poder político, no asumen la gravedad de la crisis y postergan y rechazan medidas que, en muchos países del mundo, hoy se implementan con extrema urgencia.

Hace unos días atrás, los insensibles “expertos” del FMI (que también los tenemos en Chile), finalmente reconocieron que se viene una recesión fuerte para la economía mundial, el año 2020.

Entonces, el mundo entero ha entrado de manera vertiginosa a una situación crítica que, en muchos aspectos, exige políticas de pervivencia para salir adelante.

Gobiernos y voces del mundo capitalista hegemónico, hoy, demandan nacionalizar sistemas privados completos de salud. El gobierno alemán, ha señalado que analiza y estudia el paso de empresas privadas al sector estatal. No pocos países europeos señalan que viven la peor crisis, sólo comparable a la Segunda Guerra Mundial.

En Chile, el precedente inmediato a la pandemia, es el multitudinario movimiento popular y ciudadano (estallido social) que simplemente dejó pasmada a casi toda la élite política y económica del país. Y en la medida que pasaron los meses, los intentos elitistas fueron destinados a controlar, y contener, más que a sintonizar con las demandas ciudadanas, todas por una calidad de vida digna, mínimamente.

Ahora, esa misma élite de nuevo parece cruelmente pasmada. Porque en rigor el tema central del momento es la vida del pueblo.

No se toman todas las medidas sanitarias que se requieren.

Muy lejos está la idea de un plan de emergencia nacional que considere acciones socio-económicas que aseguren la pervivencia.

No lo dicen, pero hay que decirlo: Al final, prima la defensa al modelo económico extractivista; que es el que ha generado la detención brusca del crecimiento de la economía, y la desigualdad social que hiere y violenta a las mayorías nacionales.

El tiempo se termina, tanto para adoptar todas las medidas sanitarias que se requieren, como las acciones socio-económicas que ayuden al país a enfrentar esta crisis.

Nadie puede decir que no se han hecho propuestas, menos el gobierno y las élites.

Entonces, que cada cual se haga responsable ahora de sus dichos y comportamientos.

El péndulo de la historia no necesariamente implica la agudización de una tragedia sanitaria, social, moral.

Chile es un pueblo con vocación solidaria; de unidad nacional. Pero no se le ha convocado a eso. Se le pide más bien estoicismo; que se doble y asuma; que enfrente el sufrimiento. Bajo condiciones económicas, políticas y sociales, que son la causa de las desigualdades y de no pocas consecuencias que ya hoy se viven en el país.

 

 

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