El valor de los jóvenes como agentes sociales de cambio




En nuestra sociedad hay problemáticas que nos hacen pensar que se requieren cambios profundos, o una revisión en lo que ya está hecho. La situación de los jóvenes es una de ellas. Muchos de ellos, se encuentran al margen de algunos derechos y beneficios importantes para su desarrollo, y la paradoja es que son ellos los que se hacen presentes como principal fuerza y motor en innumerables movimientos sociales, mostrando su descontento con el sistema, exigiendo la satisfacción de sus necesidades, como también las de otros grupos.

La acción colectiva de los jóvenes tiene como característica esencial la búsqueda de acuerdos y fórmulas de intercambio comunicacional innovadores, cuyo fin es garantizar su proyección identitaria y su integración sistemática a los procesos de desarrollo social como también económicos del país en el que viven. Es decir, en colectivo aparecen y se convierten en actores sociales.

La existencia de un colectivo unido por una causa, otorga un fundamento de carácter valórico y crítico a los jóvenes para expresar su disconformidad. Su acción abre nuevas oportunidades, que contribuyen a mejorar condiciones para una construcción social basada en la confianza y la pérdida del miedo. Sin embargo, estas aspiraciones tienden a no ser observadas o comprendidas, ya que las instituciones en general tienen una resistencia heredada a los cambios, a la vez que poseen poca capacidad de adaptarse a la realidad.

Las experiencias de movilización de causas como la educación no sexista, la protección de los animales, la situación de los estudiantes endeudados por el CAE, entre otras, nos dan cuenta de la capacidad de lectura y levantamiento de banderas que los jóvenes poseen, puesto que son personajes activos en constante lucha por la libertad de pensar y expresar su mensaje desde su perspectiva del mundo. Por ello, más que juzgar su acción (sus herramientas de expresión), hay que hacer espacio para adentrarse en el análisis del contenido, de su demanda.

Las diversas manifestaciones de los movimientos sociales protagonizados por los jóvenes, son un espacio de expresión valórica de sus ideales, convicciones y  deseos de un cambio de concepción del cómo vivir, del cómo aceptar al ser humano, de lo que realmente significa actuar bien. Hay también incluido en ellos un nuevo concepto o definición de libertad, entendida como un proceso de intercambios con otros que valora el respeto, la diversidad y la discusión de ideas como base para la democracia.

Una democracia plena, sin miedo ni sombras autoritarias, permite que el movimiento social, y los jóvenes que lo componen, desarrollen una conciencia estricta respecto del valor de la convivencia, el diálogo, la propuesta y el valor de los proyectos sociales. En una sociedad compleja y multicultural, la profundidad de la conciencia y el valor de la demanda colectiva enriquecen nuestra identidad.

Los movimientos sociales impulsados por jóvenes son fuente inagotable de conocimiento, ideas y fuerzas que articulan la experiencia de la transición con una perspectiva de transformación, como un actor clave para cultivar una democracia más profunda. Debemos, por tanto, poner mucha atención en ellos y promover su desarrollo.

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