En deuda con el futuro y la Formación Ciudadana




La última semana hemos vivido diversos hechos que hacen sacudir nuestra democracia y la sana convivencia, por recordar dos, quizás los más impactantes, el día 31 de julio la Corte Suprema otorgó libertad condicional a cinco oficiales (R) del Ejército que estaban presos en la cárcel Punta Peuco cumpliendo condenas por delitos de torturas, secuestro y homicidio en diversos crímenes de lesa humanidad, junto con esto la aparición de grupos nacionalistas y misóginos en la última marcha pro aborto realizada en Santiago atacando a mujeres que pacíficamente exigían, en todo su derecho,  legislar sobre la materia.

Situaciones como estas nos llevan a pensar y repensar el país que esperamos construir, con gobiernos de cuatro años que intentan estampar visiones a través de la vía legislativa, por sobre una mirada de Estado superior hacen que el futuro de nuestras generaciones tenga características profundamente individualistas por sobre el bien colectivo y la construcción de un país donde verdaderamente quepan todos y todas.

El año 2016, se realizó en Chile, con la participación de más de 5000 estudiantes de octavo básico el estudio ICCS, un estudio internacional que pretendió conocer qué tan preparados estaban las y los jóvenes para asumir su rol de ciudadanos a futuro. Los datos obtenidos resultan preocupantes y trazan una clara línea de aspectos en los cuales avanzar y trabajar.

Nuestro país presentó un puntaje promedio considerablemente inferior a la media internacional en la escala de conocimiento cívico, quedando en equivalencia con países como Colombia y Bulgaria, claro está que al analizar los datos por nivel socio económico estos varían y las y los estudiantes de nivel socioeconómico alto muestran un nivel de conocimiento cívico similar a la media internacional (521 puntos y 517 puntos respectivamente), a diferencia del nivel socioeconómico bajo donde obtienen un puntaje similar al de Perú (448 y 438 respectivamente). Junto con esto los datos mostraron que la mitad o menos de las y los jóvenes confía en instituciones como el gobierno, parlamento o los tribunales de justicia, situándonos en el extremo de mayor desconfianza a nivel internacional, en Chile entonces, a diferencia de los demás países de la región, se produce una disminución entre los años 2009 y 2016.

Frente a este escenario es la escuela la institución donde encontramos el espacio ideal para promover habilidades, conocimientos y actitudes que necesita todo ser humano para convivir con otros, más aún considerando que estas características no son innatas y se configuran como una pieza fundamental para el cimiento de la sociedad del futuro.

Hoy tenemos una gran (pero al parecer olvidada) herramienta a utilizar, la Ley Nº 20.911, que crea “el Plan de Formación Ciudadana para los establecimientos educacionales reconocidos por el Estado” que en su único artículo señala la obligatoriedad de brindar a los estudiantes la preparación necesaria para asumir una vida responsable en una sociedad libre y de orientación hacia el mejoramiento integral de la persona humana, como fundamento del sistema democrático, la justicia social y el progreso. Asimismo, deberá propender a la formación de ciudadanos, con valores y conocimientos para fomentar el desarrollo del país, con una visión del mundo centrada en el ser humano, como parte de un entorno natural y social.”

¿Cómo está siendo hoy su implementación?, ¿estamos trabajando por mejorar estos resultados en las futuras generaciones? no lo sabemos, sólo sabemos que no parece ser una prioridad gubernamental en materia educacional, se ha optado por hablar de “los campeones”, “los bingos”, y una supuesta calidad entendida en la inclusión de lenguajes digitales y desburocratización, dejando de lado la verdadera calidad educacional, esa que considera el aprendizaje integral.

Solo nos queda confiar en que en cada una de las comunidades educativas y equipos directivos, de los establecimientos educacionales del país, en que sean estos los que releven acciones fundamentales de preparación para los ciudadanos del futuro, y de esta manera poder contar con una población mayormente crítica y analítica, que realmente se remueva y reaccione frente a decisiones de tribunales de “justicia” que van en contra de los Derechos Humanos a nivel Internacional, frente a grupos terroristas que atacan en una marcha feminista o frente a un grupo de empresarios que se coluden en el precio de oferta del papel tissue.

Hoy merecemos un Chile más justo, con  escuelas que promuevan el conocimiento, la comprensión y análisis del Estado, de la institucionalidad y que formen en sus estudiantes las virtudes cívicas que necesitamos para el Chile del futuro, hoy ya considerando el que sea o no una prioridad del gobierno de turno.

 

 

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