“Estamos en guerra”, la inoperancia del líder




Los condenables incidentes que se están produciendo en el país, y que ya han cobrado la vida de 11 personas (según fuentes oficiales),  deja en evidencia la magnitud de esta explosión social.

Hoy Chile es otro país. Las instituciones gubernamentales no han podido revertir la demanda de su pueblo. Las medidas dictadas por el presidente de la república, se notan insuficientes para la mayoría de las personas que vivimos en este país, por lo tanto, cuando pienso que esto puede mejorar, me doy cuenta a mi pesar que empeorará más. Existe una desconexión total con la ciudadanía, la autoridad no logra ponerse en sintonía con las verdaderas acciones y medidas que el pueblo está solicitando. Esta sociedad que se oprime tanto en lo emocional como en lo económico no da para más, se necesitan cambios radicales, no medidas de pincel. Creo que estamos en un punto de no retorno, y para la autoridad las oportunidades las pierde a cada momento.

Las palabras del presidente hace algunos días, no ayudan precisamente a calmar los ánimos: “Estamos en Guerra”, ante la magnitud de los disturbios y actos vandálicos. Solo demuestra lo sobrepasado del liderazgo, lo cual no deja de inquietarme. Afortunadamente Chile no está en guerra, así lo menciona el Jefe de la Defensa Nacional, contradiciendo el errático discurso del mandatario.

Piñera no se da cuenta, ni sus asesores, que sus palabras tienen una trascendencia que van mucho más allá de una opinión personal de cualquier ciudadano. No se enviste de estratega, demostrando solamente irresponsabilidad, falta de previsión, empatía entre otras. Lo único que hacen sus palabras es apagar el incendio, con bencina. A la postre, la crisis social se agranda teniendo nuevamente al pueblo como actor de lucha y a la vez, como víctimas del poder represivo.

Me preocupan  las pérdidas humanas, que por cierto Piñera no se pronuncia en el discurso de medidas, nuevamente no se conecta con lo emocional del pueblo. Más bien lo alejan y lo hacen un operador con muy poca confianza ya a estas alturas.

El vandalismo, demuestra y es resultado de la inversión en educación. Si no existe educación en un pueblo, las satisfacciones inmediatas, a toda costa, hacen que las personas transgredan una y otra vez los límites morales de la buena convivencia.

No quiero ser pesimista, pero debo conectarme con lo que voy sintiendo, y observando a mí alrededor. Cada intervención del líder, lo desacredita más y más, perdiendo tiempo, y espacio hacia las personas. Hoy, la ciudadanía no respeta a su líder simplemente porque no logra dar un giro esperado de timón que cambie de una vez por todas el camino que el país necesita para ser una sociedad más justa e  inclusiva. El pueblo, no perdona los problemas legales que ha tenido su líder. Pierde credibilidad cuando la justicia falla a favor de lo innegable. El pueblo siente el doble estándar y se revela sin vacilar contra lo que no es justo para todos.

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