¿Existe dignidad en el salario mínimo?




Durante estas últimas semanas el gobierno ha impulsado nuevas propuestas al reajuste del salario mínimo, situación que ha generando controversia en los distintos bandos políticos y especialmente a la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), liderado por Bárbara Figueroa, quien declaró “queremos ir al Parlamento a construir lo que no se pudo lograr con el Ejecutivo, por su falta de voluntad”. En su reacción, el actual Ministro de Trabajo Nicolás Monckeberg declaró “estamos seguros que este acuerdo será aprobado en el Senado”. Esta propuesta fue finalmente rechazada por el Senado, lo que implica que esta iniciativa deberá resolverse en Comisión Mixta.

Esta votación deja heridas en la oposición, entre quienes estaban dispuestos a aprobar el acuerdo obtenido en la cámara de diputados, y quienes consideraron que el aumento propuesto por el gobierno era insuficiente, más aun si no hubo acuerdo con las organizaciones de trabajadores. Por su parte, el Ministro del Trabajo ha sido un fiel defensor de este proyecto que incrementaría 10 mil pesos el salario mínimo –reajustado por última vez el 1 de enero del 2018 a un monto de $276.000 brutos- lo cual implica que el valor hora de trabajo pasaría de $1.431 a $1.483, aumentando $52 pesos su valor (Fundación Sol, 2018). Esta propuesta de aumento y su monto sin duda no se condicen con los anuncios del Banco Central respecto a la mejora de nuestra economía durante los últimos meses, sino más bien evidencia una persistente falta de voluntades políticas para fijar estándares mínimos en este ámbito.

Es así que el 50% de trabajadores chilenos tienen un salario igual o inferior a $380.000, posicionándolos por debajo de la línea de pobreza, según el monto promedio fijado por el Ministerio de Desarrollo Social de $417.248 (versus el sueldo mínimo $228.000 líquido), lo cual atenta contra la dignidad de las personas y las familias chilenas, al no poder acceder a los bienes y servicios necesarios para una calidad de vida mínima.

Estos hechos han transformado a nuestro país en uno de los países más desiguales a la hora de hablar de ingresos. Según la OCDE, Chile está ubicado en el lugar 28 de 34 naciones respecto de la distribución de los ingresos, lejos de Holanda y Australia que lideran el índice en una distribución más equitativa. Es por esto, que sin duda Chile debe avanzar a ser un país más justo, fijando un salario ético, que busque generar mejores condiciones y que les permitan sacar a sus familias de la pobreza o satisfacer sus necesidades básicas.

 

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