Hacia ciudades integradoras a escala humana en Chile




Jane Jacobs, periodista Urbana y unos de los pilares del movimiento CPTED (Crime Prevention Through Environmental Design) a nivel mundial, ya en la década del 60’ en su primer libro ‘Vida y muerte de las grandes ciudades americanas’ nos planteaba dos ideas fuerza para lograr espacios urbanos seguros: contacto humano y ojos en la calle.

Estos dos conceptos tan relevantes se complementan al final de la vasta carrera de la autora con un tercer concepto de su último libro ‘La era oscura venidera’ publicado en 2004, dos años antes de su muerte el año 2006, en Canadá.

“Las ciudades tienen la capacidad de proveer algo para cada uno; solamente y cuando están creadas para cada uno.”

De esta forma Jacobs articulaba sus tres conceptos fuerza con el problema de la marginalidad urbana y desigualdad que está muy presente en las ciudades latinoamericanas.

En este sentido ¿cómo funcionan las políticas públicas en Chile, tanto urbanas, como sociales y de seguridad pública? ¿Consideran que deben ser diseñadas e implementadas para cada uno de los habitantes del país?

Lamentablemente el caso de Chile es lo opuesto siendo uno de los países de Latinoamérica con mayor desigual y marginalidad. De acuerdo a Ismael Puga Rayo en su artículo ‘Lo justo y posible: desigualdad, legitimidad e ideología en Chile’ Chile es un país desigual: una de las economías con peor distribución de ingresos a nivel mundial (Sabatini y Wormald, 2004).

En sociología, se denomina marginación o exclusión a una situación social de desventaja económica, profesional, política o de estatus social, producida por la dificultad que una persona o grupo tiene para integrarse a algunos de los sistemas de funcionamiento social. La marginación puede ser el efecto de prácticas explícitas de discriminación —que dejan efectivamente a la clase social o grupo social segregado al margen del funcionamiento social en algún aspecto— o, más indirectamente, ser provocada por la deficiencia de los procedimientos que aseguran la integración de los factores sociales, garantizándoles la oportunidad de desarrollarse plenamente. En un lenguaje más sencillo, es excluir a una persona por su rango económico, social o político. Marginación, deriva del latín marginem, acusativo de margo, que propició la palabra, margen, frontera, del indoeuropeo merg- frontera, por lo tanto es aquello que se mantiene en un espectro que delimita lo permisible o aceptable, de lo que escapa por alguna cuestión: vivencial, económica, política, ideológica, etc.(www.educalingo.com)

La idea de marginalidad se conecta directamente al espacio público, que en teoría debiera ser un espacio igualitario y equitativo por excelencia, que además debiera considerar un enfoque de género, diseñándose tanto para las necesidades de mujeres, como de hombres en particular. Contrariamente, la configuración espacial de las ciudades chilenas, revelan los escenarios de desigualdad que se viven en la actualidad, al categorizar grupos sociales en delimitaciones de territorio, creando así zonas más privilegiadas que otras, dependiendo de la capacidad adquisitiva que se permite la familia.

Ver y ser vistos, lugares de encuentro urbano y escala humana son principios rectores básicos de un cambio fundacional que debieran considerar las políticas públicas en Chile en pos de lograr una democracia sostenible y sana, y que son base de la metodología CPTED. Pero sin duda el principio rector, que hará que estos lugares cumplan con sus funciones de encuentro y seguridad es el  Reforzamiento Territorial, que es el que da sentido de identidad a la comunidad y el entorno, y, que por lo tanto cuidarían; esta es la clave de la antítesis de la marginalidad en Chile, que hasta el momento,  desarrolla barrios en serie que hace difícil la generación de identidad comunitaria y que esta se exprese en el territorio.

¿A qué grupo pertenezco? ¿Cuáles son mis códigos culturales que me dan sentido de pertenencia?

El ser humano como especie, necesita sentirse parte de un grupo, el estar integrado satisface una necesidad evolutiva, al debilitarse esa vinculación especialmente en adolescentes y jóvenes, el riesgo es el que se incorporen a grupos de actividades ilícitas, que afecten el entorno donde viven y se conviertan en parte de la problemática actual de crimen y delincuencia, es decir, al no darle a estos grupos la oportunidad de desarrollar un vínculo entre la identidad y su espacio urbano, estos pueden caer en grupos relacionados con el narco tráfico, confirmando lo que plantea  Mónica Zalaquett al afirmar que, “nacer hombre en Chile, es factor de riesgo” (Diario la Tercera, enero 2020).

Chile debe plantearse este paradigma que parece nuevo en Latinoamérica, la prevención del delito no es equivalente a más fuerzas armadas en las calles, sino un número de acciones de protección de ciudadanos a temprana edad y proporcionar una buena calidad de vida y así evitar que, estos no se conviertan en un futuro en “el problema”. Se debe tener en cuenta que, cuando se da techo a los ciudadanos, también debe darse espacio para su expresión y el desarrollo de una identidad que esté vinculada al chileno y al territorio.

¿Está Chile preparado para el cambio de paradigma?

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