Hambre




Solo quien ha pasado hambre, ha sufrido la angustia de no tener con que parar la olla al día siguiente para alimentar a sus hijos, puede entender que muchos chilenos salgan a manifestarse a las calles, desafiando a la pandemia que enfrenta el mundo, para exigir a las autoridades que hagan su trabajo, que dejen la pelea chica, el show de los matinales, y entreguen respuesta a las necesidades que tiene la población.

Autoridades como la Senadora y presidenta de la UDI Jacqueline Van Ryselbergue, quien exigió mano dura contra los manifestantes, o el joven diputado Diego Schalper, quien acusó a los pobladores de “miserables”, evidentemente no conocen lo que es tener necesidades, no tienen la menor idea lo que es pasar hambre, y mucho menos saben de la angustia de un padre o madre que no tiene como llevar el sustento al hogar.

A estas alturas de la vida, no vamos a pedirles a estos congresistas ni a otros que pasen hambre. Menos que se vayan a vivir a una población como populistamente hace algunos años lo hizo el alcalde de los matinales. Pero si, desde la sociedad civil, nos corresponde llamarles a actuar con seriedad, con empatía frente al dolor de muchas familias chilenas, que antes de la pandemia les costaba llegar a fin de mes, y que hoy siquiera llegan a la mitad de este.

Por eso el llamando al Gobierno, oposición, actores políticos y sociales a conocer la realidad en terreno. Hoy más que nunca se deben abrir los ojos y ver lo que está dejando en  evidencia la crisis sanitaria. Chile tiene hambre, necesidades urgentes que resolver. La pelea chica de la política no ayuda a avanzar.

Nuestras autoridades deben reconocer que Chile es un país donde la gran mayoría vive en la pobreza, la que seguramente muchos no notaban o derechamente ignoraban antes de esta crisis, porque estaba oculta en cómodas cuotas. Sí, en cómodas cuotas, porque muchas familias para llegar a fin de mes debían usar tarjetas de crédito para comprar lo básico, la comida.

Decir quédate en casa es fácil. Pero claro,  para quienes tienen todas sus necesidades cubiertas, para lo que no tienen la “común” preocupación de cómo pararan la olla o pagar sus cuentas básicas. Es para los más humildes, como queda en evidencia, una vez más, para quienes la cuarentena más que una medida de protección a su salud, se convierte en una verdadera condena a la miseria, al hambre y la pobreza.

Por ello, el Estado debe actuar con prontitud, sin pequeñeces, e invertir en su pueblo que tiene hambre, pero no sólo de pan, tiene hambre de dignidad.

Por eso, si usted que esta leyendo y ejerce algún cargo de autoridad, y no es capaz de estremecerse y empatizar con el dolor y la angustia de quienes hoy sufren y pasan hambre, por favor deje su cargo, porque no merece el privilegio de representar a nadie.

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