Hitos que marcarán un hito radical en Chile




El dieciocho de octubre de 2019, y los días posteriores, se produjeron  las movilizaciones más masivas  en la historia de Chile.

Pero también se generaron las condiciones para provocar el cambio más trascendente que se podía esperar: Abrir el camino hacia una nueva  constitución política, y la ruptura democrática con una transición y una gobernabilidad que era considerada, por las élites, como algo similar al “fin de la historia”.

Como todo proceso de esa dimensión y esa trascendencia, el estallido social o revuelta popular no es un hecho episódico. Hubo antes otras expresiones multitudinarias de protesta social, en diferentes espacios y por diversas causas.

La acumulación de descontentos y desigualdades se venía gestando hace décadas, sin embargo no había logrado romper y abrir las brechas que el estallido impuso definitivamente.

Sólo un sector minoritario del país, con mucho poder, sigue creyendo y pensando que la vida en Chile debe seguir igual, y tal vez conceden algunas reformas menores.

¿No lo vieron venir?….

La respuesta a esta pregunta sigue rondando e incomoda a la elite política y económica, que se resiste a asumir que el país ya no daba para más, y que nunca fue esa nación que transitando desde una dictadura feroz, hacia una “tercera vía” del mundo hiper capitalista y neoliberal, que sólo requería  gatopardismos y adecuaciones menores.

Tal vez, quien más cerca ha estado de dar una respuesta realista a esa pregunta, es el Premio Nóbel de Economía que, consultado si le sorprendía la revuelta social en Chile, y su dimensión, respondió: “Lo que me sorprende es cómo ese estallido social no ocurrió antes, y cómo la ciudadanía  de  ese país soportó tanto tiempo y tantos años”.

Del punto de vista histórico (para quienes creemos en la historia como dialéctica de los procesos humanos), Chile ha vivido varios ciclos que abrieron el camino a grandes reformas, en medio de profundas brechas y revueltas sociales.

Sólo para mencionar uno: Tras la gran depresión del capitalismo mundial, el siglo pasado, en Chile se produjeron una serie de acontecimientos sociales; políticos; militares, que derivaron en grandes protestas; caída de un gobierno; movimientos militares de diversos signos políticos. Y de ese ciclo surge, en elecciones, el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, con el cual se inician los más profundos cambios al estado (creación de la CORFO; Estado-Docente; reformas sociales y políticas) que tienen su punto más alto en la elección del gobierno de la Unidad Popular y Salvador Allende.

Esa “taza de leche” y la “paz de los cementerios” que siempre la oligarquía ha pretendido imponer como base de una gobernabilidad, sin el Pueblo, ha sido la falsa fotografía de una dominación cruel y profundamente desigual.

El actual estallido, pandemia mediante, ya abrió un nuevo ciclo y todo indica que no se va a detener en su rumbo hacia un nuevo estado y una nueva forma de vida.

La conexión con el 25 de octubre, día del plebiscito, es una: La soberanía Popular, como concepto democrático fundamental, ha sido impuesta no desde las élites, sino desde las mayorías en las calles; en los territorios; en los barrios y en las comunas.

No es democrático olvidar o pretender mitigar la clave esencial de lo que vive Chile: Y es que el Pueblo, con sus diversidades; heterogeneidades; sus Primeros Pueblos; sus rupturas y fragmentos; expresa de múltiples formas su legítimo derecho de ser protagonista definitivo de la arquitectura del país.

Desde allí debe surgir el nuevo Estado-Nación que se llama Chile.

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