Igualdad de Oportunidades: una posibilidad para el progresismo




En mayo de 2018 el Presidente de la República, Sebastián Piñera, reaccionó rápido y asertivamente frente a las manifestaciones feministas que sorpresivamente se tomaron la agenda. Las movilizaciones partieron por la denuncia de abusos y acosos sexuales a mujeres -cometidos recientemente y otros hace años-, exigiendo sanciones a los victimarios y condiciones institucionales para prevenirlos y abordarlos de manera clara.

Los movimientos internacionales como el #metoo vinieron a constatar lo que era un secreto a voces: en el mundo del espectáculo existe una cultura de acoso y abuso. Lo que vino después fue la confirmación de que no es una característica exclusiva del mundo del espectáculo, sino que es más bien una conducta extendida a todos los ámbitos de la vida y en todo el mundo.

Volviendo a la reacción del Presidente, éste tampoco quiso quedarse atrás y, como es su costumbre, anunció con bombos y platillos una “agenda de igualdad por la equidad de género” con 12 medidas orientadas a avanzar hacia una sociedad donde hombres y mujeres tengan los mismos derechos, deberes y oportunidades. Es una agenda auspiciosa que comienza por una reforma constitucional que plantea terminar con todo tipo de discriminación contra la mujer incorporadas actualmente en las leyes chilenas, y agrega antiguas demandas como el derecho a sala cuna universal, igualdad de derechos entre hombres y mujeres para administrar el patrimonio de sociedad conyugal y bienes propios. Finalmente, seguir profundizando lo que es una tendencia mundial: mas participación de la mujer en cargos de alta responsabilidad, tanto en el sector público como en el privado.

Demás está decir que muchas de estas demandas han sido ampliamente promovidas por movimientos feministas hace décadas atrás, que no es una genialidad de la autoridad debido a su alta sensibilidad respecto del tema, sino que son la continuidad de lo ya realizado por gobiernos anteriores de la Concertación y de la Nueva Mayoría, en especial los gobiernos dirigidos por la presidenta Michelle Bachelet que cimentaron las bases tanto en lo institucional como en lo social para poder empujar una agenda como la planteada.

La pregunta inevitable es si el gobierno de verdad tiene las convicciones y la capacidad política para darle curso a una demanda social que les reventó en la cara. En lo particular tengo mis dudas, no es que no crea que estas medidas son muy necesarias, ni las suscriba, todo lo contrario. Solo qué al ver la performance del presidente y su gobierno en estos 6 meses, dudo de sus convicciones y capacidad política como para llevarlas a puerto. La impericia política del gobierno de Piñera, la falta de cohesión en Chile Vamos y la desconexión con los valores laicos y progresistas de la gran mayoría de las personas en el país me hace presagiar que esto no es de fondo, sino solo forma.

Una agenda de género coherente, profunda, nos puede abrir una oportunidad como oposición de superar nuestras desconfianzas y acordar un camino común para sacarla adelante. Esto nos permitirá apoyar un movimiento ciudadano justo, necesario, en sintonía con la evidencia internacional nos confirma la urgencia de integrar plenamente los derechos de las mujeres en todos los ámbitos. Así ya lo hacen muchas parlamentarias como Maya Fernández, Cristina Girardi, Camila Vallejo, Pamela Jiles, Yasna Provoste, Maite Orsini, entre otras. Nos falta expresar la voluntad política de la centro izquierda de seguir este viaje en hechos concretos.

 

Alejandra Vásquez Leichtle

Magíster en Gobierno y Sociedad de la Universidad Alberto Hurtado

Ingeniera Civil Industrial de la Universidad Diego Portales

Diplomada en Filosofía Contemporánea de la Universidad Alberto Hurtado. 

 

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