Jaime Bellolio (UDI): “Nunca el contexto puede justificar violaciones a los derechos humanos”




Semanas agitadas ha vivido el Gobierno luego de la salida del ex ministro Mauricio Rojas por sus dichos sobre el Museo de la Memoria, y la instalación de los derechos humanos en la agenda.

En entrevista con Revista Opinion.cl, el diputado Jaime Bellolio (UDI) abordó el desafío de retomar la agenda, y de paso, acusó la existencia de una izquierda poco republicana. Asimismo, realizó un autocritica a su sector y señaló coincidir con el diputado Gabriel Boric (FA) en el esfuerzo de coherencia en materia de derechos humanos que ambos estarían realizando en sus respectivos sectores políticos.

Junto con ello abordó los desafíos del Gobierno y la centro derecha, revelando sus opciones para las elecciones internas de la UDI.

¿Cuál es su impresión respecto a las tres últimas semanas que ha enfrentado el gobierno, particularmente con la instalación en la agenda de los DDHH?

Yo creo que para todos los gobiernos está siendo muy difícil mantener la agenda, y que no sean temas coyunturales los que finalmente se la tomen. Eso no es algo propio del actual gobierno, sino que también lo fue del gobierno anterior y está siendo también parte de los otros gobiernos del mundo. Creo que tiene que ver con una reflexión más profunda, que es de cómo ha cambiado el poder en su esencia, y por tanto la forma en la cual se ejerce el mismo. Hoy día tenemos una sociedad que exige que los liderazgos sean mucho más en los márgenes, más que liderazgos hiperverticales como era antes.

 ¿Hay un error no forzado por parte del Gobierno? Recordemos que la agenda de DDHH se reinstala producto de los dichos del ahora ex ministro Rojas.

Sí. Lo que te quiero decir es que estamos en un contexto, en que esto es mucho más líquido, más sensible, y que es más difícil generar agenda propia como se hacía antes. No basta con mandar proyectos de ley y que la comunicación del gobierno se haga todos los días en la noche, para mantener la agenda, como se podía hacer hace 10 años atrás. Pero sin lugar a dudas, aquí también hay una oposición que tiene distintas identidades, hay una que es muy poco republicana, que dijo desde un principio que iba a decirle que no al gobierno a cualquier cosa, y  otra que estaba más abierta a discutir, y a falta de un proyecto de unión entre ellos, están buscando errores del gobierno, y aquí hubo efectivamente una frase errada que permite que ellos se agrupen en torno a un tema común, que vuelve a poner en la palestra la discusión sobre los derechos humanos.

¿Es una frase errada o fue un error del Gobierno derechamente no haber previsto lo que podía ocurrir producto de estos dichos antiguos del ex ministro?

Si, tenían un par de años y uno podría haberlo previsto, pero es fácil ser general después de la batalla. Implicaba haber escuchado la frase, haberla leído en alguno de los textos y evaluado cuál era la sensibilidad al respecto, porque algo que tiene la frase no es solo que esté mal dicha, es más profundo. No puede compartirse, en ningún gobierno, que lo que sucedió en el país y está expuesto en el Museo de la Memoria es un montaje, porque no lo es. Y segundo, el contexto no puede nunca pretender hacer una justificación moral de una violación a los derechos humanos, eso es simplemente inaceptable, y en esa discusión la centro derecha tiene que ser súper clara, entonces es más que una mala frase.

Usted marca una diferencia con una parte importante de la derecha en esta materia. ¿De alguna manera tiene que ver con la renovación que usted busca representar en la derecha, particularmente en la UDI?

La mayor parte de la ciudadanía está en la posición que yo he tratado de manifestar en estos días. Nunca el contexto puede justificar violaciones a los derechos humanos, estas son siempre inaceptables, sean de una dictadura de derecha o una dictadura de izquierda, y las dictaduras de uno y otro lado, no pueden ser susceptibles de felicitaciones ni de odas.

Ese doble estándar que la ciudadanía ve en la izquierda, que hoy felicita, aprueba y minimiza las violaciones a los derechos humanos en Venezuela, Nicaragua, en Cuba, Siria, en China y en otros lados, obviamente que les da rabia a muchas personas. Pero también en la centro derecha, le hemos regalado por mucho tiempo los derechos humanos a la izquierda, por no haber hecho la reflexión de que la UP, la lógica de la lucha de clases, y el uso de las armas como método de la política, el golpe de estado, las violaciones a los derechos humanos, y después las trasformaciones económicas y sociales, no son parte del mismo paquete. Uno no puede decir en todo eso sí o no, sino que tiene que ser capaz de decir: mire, existió en los 60 y los 70 una violencia política que no queremos que se repita, pero aun cuando existió esa violencia política no es justificable el que luego el Estado ocupe su fuerza para ir en contra de las personas, violarles sus derechos humanos, torturar y asesinar.

Ese es el punto que nos ha costado en la centro derecha, hacer esa reflexión y mientras no la hagamos es difícil que nos pongamos en la altura de decirle a la izquierda, oiga, es el turno de que ahora condenen lo que sucede en países amigos de ustedes, en latinoamérica y otras partes del mundo, donde lamentablemente ellos no solo guardan silencio, además le echan la culpa a las víctimas sobre las violaciones a los derechos humanos.

El Diputado Gabriel Boric, del Frente Amplio, tiene una visión muy similar a la suya en esta materia. ¿Es un tema generacional este cambio en la clase política?

Yo agradezco la reflexión de Gabriel, porque además da cuenta de que tanto para él como para mí esto tiene costos, llamémoslo así, en el corto plazo. Esto es políticamente incorrecto, porque los grupos que están más movilizados en esta materia son los que lamentablemente son negacionistas de ambos lados. Entonces, cuando yo digo lo que te acabo de mencionar, me dicen que le hago el favor a la izquierda, que soy amigo de la izquierda ideológica, que estoy negando la historia y una serie de otras cosas más, y me insultan, incluso un tipo se le ocurrió publicar mi teléfono, mi mail y me llegaron, no amenazas, pero muchos insultos.

Tanto lo que ha hecho Gabriel como lo que he intentado hacer yo, es una construcción de coherencia de mediano y largo plazo, y la mayor parte de la ciudadanía lo ve así, que no le importa que sea una dictadura de izquierda o de derecha, simplemente no queremos que hayan dictaduras, y no queremos que hayan violaciones a los derechos humanos, porque el estándar debe ser el mismo, por algo se llaman crímenes de lesa humanidad, porque nos afectan a todos, no es solamente al hermano mío, también al que está en la otra nación, y se suponía que ya habíamos llegado a ese consenso en el país. Pero lamentablemente lo que uno ve es que hay retroceso a veces en la derecha, y también otras tantas veces en la izquierda, y yo esperaría que todos empujáramos en nuestros sectores para que realmente tengamos esa coherencia y consistencia en materia de defensa de la dignidad humana.

¿Su posición busca marcar una nueva derecha en nuestro país, capaz de reconocer las violaciones a derechos humanos, de tener una mirada distinta sobre esta materia?

No me atrevería a decirle nueva derecha, porque no es que estemos refundando esto, es más bien una derecha que quiere tener una mirada de futuro sin olvidar el pasado, y mi impresión es que esto no es nuevo. Es la necesidad de no estar pegado en el espejo retrovisor de la historia, sino que aprender de la historia, pero manifestar una coherencia plena en los valores y convicciones democráticas y de respeto a la dignidad humana hacia futuro también.

No quiero caer en la soberbia de decir: mira sí, nosotros tenemos esta posición, ésta es la nueva derecha. Además, no es solamente generacional, no es solo de aquellos que no nacimos para el 73, veo también una transformación en personas que son de más edad, que sí les tocó vivir de más cerca los tiempos de la dictadura, y los de la unidad popular, y que te dicen que es necesario que hagamos la transformación, con una mirada de coherencia en materia de derechos humanos, para que realmente nunca más vuelva a ocurrir en nuestro país.

Dentro de los desafíos que vienen para la derecha. ¿Va a competir por presidir la UDI?

No. Me toco a mí ir de candidato a presidente de un proyecto colectivo, que tenía la vista puesta en el futuro en la UDI, no sacamos la mayoría, obtuvimos un 40%. Para mí fue un honor empujar que hubiera apertura, votación de un militante un voto que hasta esa época no había, de remecer un poco la discusión al interior del partido. Pero nunca se trató de mí la disputa, era un proyecto colectivo, y creo que es Javier Macaya quien mejor puede liderar ese proyecto, y hace rato que lo conversamos, y yo tomé la decisión de no competir al interior de la UDI, y vamos a respaldar a Javier.

La UDI requiere un cambio, requiere un liderazgo que sea unitario, colectivo, que no actué de manera personalista, ni mirando a unos grupos y excluyendo a otros. Y que además vuelva a poner a la UDI en lo que en mi opinión es realmente es su valor, que es su carácter popular, y dado eso es que uno necesita sintonizar con esas necesidades de la ciudadanía, particularmente de las familias de clase media que hoy son ese mundo popular de hace 20 años atrás, que está poco discutido en el país.

En ese sentido, ¿está pensando en una UDI más cercana al liderazgo de Joaquín Lavín o lo que fue la UDI de Pablo Longueira?

Siempre ha habido liderazgos populares en la UDI y que han podido conectar con esas necesidades. Hoy día las poblaciones de los 80 y los 90, donde la UDI trabajó de manera muy cercana, son familias de clase media vulnerable que miran el futuro, a veces con optimismo, pero muchas veces con cierto temor, con cierta incertidumbre. Si por ejemplo se enferma alguien de su familia pueden perder todo lo logrado, y van a tener que esperar años para conseguir una operación o para conseguir un tratamiento, entonces se tienen que endeudar y tienen que recurrir a distintas alternativas para poder hacerlo. Que si pierden la pega van a perder la calidad de vida que han tenido, y quizás sacar a los cabros del colegio, de la Universidad o del CFT, entonces ahí es donde uno necesita sintonizar con esa incertidumbre de futuro. Hasta ahora la UDI se ve solamente cuando pelea con el Gobierno, o cuando dice que no a algunos proyectos, pero la pregunta es cuándo va a proponer su propia agenda, cuál es la agenda que la motiva para estar en política, y esa es la que yo quisiera que encabezara Javier Macaya.

¿Cuáles son los desafíos del Gobierno, o qué debería asumir considerando los cambios en el contexto?

El primer desafío es transformar la mayoría electoral de la última elección en una mayoría social, y para ello se requiere tener sintonía con la ciudadanía y particularmente con las familias de clase media, tener un proyecto de sociedad creíble, en que las personas se vean reflejadas en las autoridades de Chile Vamos, y que digan sí esto es lo que necesitamos, y por eso queremos seguir apoyándolos. Esa es la única manera que podemos lograr de nuevo ganar una elección, no hay otra vía.

Y en temas específicos, sin duda materias de salud, listas de espera, atención primaria, hospitales públicos, en materia de educación elevar el nivel de calidad de la educación pública y subvencionada, en vivienda poder encontrar mayor velocidad en construcción de viviendas, porque nos estamos quedando un poco atrás, y la lógica de una ciudad más amable que crezca de manera razonable con las necesidades ciudadanas. Hay muchas cosas de calidad de vida que están en disputa, que si la centro derecha logra darles respuesta de futuro entonces creo que va a poder seguir estando en el Gobierno.

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