La comunidad gestora de agua




La institucionalidad responsable de administrar el recurso hídrico ha fallado rotundamente a la hora evitar la catástrofe de mega-sequía que estamos viviendo. La desertificación de los suelos, la extinción de los ríos, la desaparición de lagos y lagunas, son prueba de ello.

Creo que la regulación jurídica de las aguas (a nivel constitucional y en el código de aguas) son en gran parte culpables de la realidad que estamos viviendo. Pero también hay fallas en el sistema de gestión que deja fuera a un agente esencial a la hora de administrar los sistemas de agua potable, en especial en las zonas rurales.

En materia hídrica es esencial el empoderamiento de la comunidad para la sostenibilidad de los sistemas de agua potable y la gestión territorial. Los aspectos socioculturales, las creencias, los hábitos tradicionales, los aspectos religiosos y las demandas específicas de género que se deberán considerar en la elaboración de los proyectos, se circunscriben en el límite de los territorios y en la relación que sostienen con la comunidad que los habita.

De cara a un proceso constituyente que se vio suspendido por una emergencia sanitaria-ambiental, hay que recordar el vínculo especial existente entre cultura y medio ambiente. Las leyes, costumbres y prácticas tradicionales reflejan tanto una adhesión a la tierra como la responsabilidad por la conservación de las tierras tradicionales para su uso por las generaciones futuras. Los territorios no constituyen un simple objeto de dominio sino que son un elemento esencial de los ecosistemas y de la biodiversidad con los que interactúan de forma Cotidiana. Un actor de esencial relevancia en esta cadena de agentes, son las comunidades que habitan los territorios en los cuales se administran sistemas de agua potable.

Está claro que la comunidad debe involucrarse una vez que los recursos y los lineamientos técnicos ya están definidos. Pero una vez que los sistemas estén en desarrollo, las comunidades, de la mano del gobierno comunal, deben tener voz y voto, pues finalmente se trata de satisfacer una necesidad básica, un derecho humano que tienen. En este sentido, el rol de las Municipalidades es esencial, no pueden seguir estando al margen de la gestión del recurso hídrico. Los líderes locales juegan un papel fundamental que debe reconocerse en la nueva regulación jurídica de las aguas.

El centralismo acabará por matar nuestros ríos, territorios y cuerpos. Pero lo que no podrá morir nunca es la memoria del agua. Más temprano o que tarde, debe volver a donde pertenece.

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