La Democracia de las Audiencias 2.0




El filósofo francés Bernard Manin acuñó en los noventa la idea de la democracia de las audiencias como una de las transformaciones del gobierno representativo, que superaría a la democracia de los partidos. El principal factor que la explicaba era el protagonismo personal de los personajes y líderes políticos, y la relación que éstos establecían con los ciudadanos a través de los medios de comunicación, especialmente la televisión.

En nuestros días, las posibilidades infinitas de acceso a la información y comunicación que nos entregan las herramientas digitales, nos permiten observar una nueva forma de esta democracia de audiencias, una versión 2.0, donde se profundiza la autonomía de los líderes políticos, y donde la acción comunicada (buena, mala, coherente o confusa) prima sobre la capacidad de transmitir ideas y conceptos políticos, o sobre la posibilidad de interpretar de manera estable a un cierto electorado.

Así es como hoy cada plataforma de redes sociales se encuentra llena de perfiles de políticos de los más variados colores, intereses y territorios, desde los concejales a los candidatos presidenciales. Todos hablan de lo importantes que son las redes sociales hoy en día para la política, pero no todos consiguen utilizar estas herramientas para hacer gestión, o bien estimular el crecimiento de  su capital político.

Algo de esto podemos observar en el renacer de la popularidad de Joaquín Lavín, que ya en los 90´ nos dio una gran lección de cómo utilizar los medios de comunicación para construir una imagen política (apolítica). Después de una larga vuelta, recaló nuevamente en la municipalidad de Las Condes, con el agregado digital de mostrarnos que sigue siendo tan hábil como siempre, pero ahora en Instagram, Twitter y Facebook, lo que no es poco. Los drones que hablan, el albergue para perros vagos en invierno y su viralizada alianza con el alcalde Jadue respecto de la inmobiliaria popular, lo han vuelto a posicionar como uno de los políticos mejor evaluados.

Algo similar, aunque paradojal, ocurre con los líderes del Frente Amplio, casi nativos digitales, que nos transmiten los vaivenes de su acción política, e incluso de sus estados de ánimo con una compulsión casi obsesiva a través de las redes. Pero cuando abres la puerta así, no puedes evitar que la audiencia se te meta hasta la cocina, y lo que encontramos en ella es bien parecido a lo que terminas encontrando en cualquier cocina de un conglomerado: política. Cuando surgen contradicciones, conflictos y maniobras propias de la política, en el FA hablan de mejorar la institucionalidad, la misma que es inexistente frente al despliegue mediático digital de sus líderes. El desafío para ellos no es comprender la democracia de audiencias, pues nacieron desde ella, sino consolidar una posición y un proyecto político más allá de los miles de likes que cosechan diariamente.

Las mismas razones, pero con una estrategia diferente persigue José Antonio Kast, que en vista de que no posee espacio alguno desde el cual mostrar gestión o acción concreta, se ha convertido en el más entusiasta polemista de la política chilena, y aún a riesgo de funas y agresiones estira al máximo el chicle de la libertad de expresión para pegarle a todo lo que él denomina la “izquierda odiosa”, que en su visión es más o menos todo el mundo. Kast, al igual que Lavín, entiende perfecto cómo se mueven las audiencias digitales, cómo reaccionan desde su celular los chilenos, y profundiza el miedo con tal de aumentar su popularidad. Ya tiene un piso de 8% en la última elección presidencial.

Vaya una mención especial al reciente tuit de la presidenta Bachelet felicitando a la joven ganadora de un concurso de televisión y provechando de hacer un guiño al lenguaje inclusivo utilizando el “chiquilles”. Gran olfato político para leer el contexto y la oportunidad.

Así, lo que probablemente muchos avizoraron en los noventa respecto de la importancia de los medios en política, en nuestra actualidad termine haciendo prevalecer la lógica de lo inmediato por sobre el mediano y largo plazo, el patrullaje televisado por sobre la política de estado en seguridad ciudadana, el community manager por sobre el vínculo territorial con las personas y sus organizaciones. La democracia de las audiencias, en la era de las redes sociales, representa un desafío no sólo para quienes se dedican a la política, sino también entrega a los ciudadanos una herramienta poderosa de observación, seguimiento e incluso fiscalización, que es necesario relevar, para que usada responsablemente contribuya a la mejora de nuestro sistema democrático.

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