La derrota del escudero del Presidente y la tarea de esta hora




Mañalich fue el Chadwick de la emergencia. Se puso al frente de la crisis, fue vocero, ministro del interior y de salud. Con plenos poderes.

En ese lapso el gobierno se ilusionó con volver al podio. Pareció, por un breve instante, que todo sería como en el rescate minero. Una ilusión poderosa propia de egos inflamados culminó en el delirante llamado a una nueva normalidad y la fallida reapertura del Apumanque (duró un día). Mientras los países europeos iniciaban una escalada cautelosamente gradual, Chile, con un ánimo primermundista, se situaba en esa fila de estados que venían de bajar la curva cuando recién la remontaba.

Un error fatal. Un castillo de naipes.

¿Qué habrá ilusionado al Presidente y a su fiel escudero?

Una primera hipótesis es que el gobierno vivió una ilusión óptica al haber pasado de los 6 puntos del estallido social a poco más de 25 en mayo, a raíz del manejo inicial de la crisis. Esta tesis se funda en esa idea algo peregrina de que Piñera habría recuperado la adhesión de la “derecha dura” (¿es qué la “derecha blanda” tiene solo 6%?). Creo más bien, que, ante la emergencia y el miedo, muchos se refugiaron en el gobierno, como ha ocurrido en otros países, depositando su esperanza en una buena gestión. La acertada medida de traer mayor cantidad de ventiladores mecánicos y ampliar camas UCI reforzó todo ello, De todas maneras, la ilusión de subir 20 puntos en dos meses pudo haber contribuido a cegar al gobierno.

Tanto, que en ese período nadie servía. Ni poderes locales, ni sociedades médicas, ni mucho menos expertos. La soberbia es ciega.

A la par que el ministro desplegaba su estrategia, el presidente se reservaba para cadenas nacionales y explicar las medidas que se iban tomando en cuidadosas puestas en escena. El presidente Piñera estaba al margen de la pelea cuerpo a cuerpo que Mañalich sostenía con el mundo y medio. Lo demás es historia conocida.

Alcaldes y sociedades médicas han acompañado al nuevo ministro en los informes diarios, después de haber sido ignoradas o ninguneadas en la etapa precedente.

¿Qué lecciones nos deja esta caída?

El mito dice, que, en el Chile de antaño, ante una emergencia o tragedia, se instalaba un sentimiento de unidad para enfrentarla de mejor forma. En el Chile de hoy, en cambio, reina la desconfianza y cunde la soberbia. Nadie quiere dar el brazo a torcer. Y, aunque el reciente acuerdo en materia económica trae algo de esperanza, nadie se explica porqué se negoció una medida que la realidad hacía tan evidente.

Las cifras actuales de la pandemia duelen, el azote a los sectores sociales más postergados, especialmente, debiera obligar a converger en dos o tres medidas urgentes que apoyemos todos y todas, sin excepción.

La primera es una cuarentena real y efectiva por un tiempo prolongado en las regiones más grandes principalmente. Se requiere frenar la epidemia. Eso puede ayudar a descomprimir los servicios médicos, estresados al máximo y reducir el número de contagios. Las “cuarentenas dinámicas” demostraron su fracaso. La segunda, es preparar acciones complementarias al plan de emergencia recientemente acordado, con el objetivo de enfrentar la grave crisis social que se va instalando y que permita hacer una cuarentena real a los sectores populares y ayudar a sobrellevar la dura realidad de quienes han perdido el empleo. Detener el contagio e instalar algo de esperanza es lo primero.

Si esto sucede, habrá tiempo después para todo lo demás. Es la tarea de esta hora.

 

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