La esperanza de la Nueva Educación Pública




El Nuevo Sistema de Educación Pública constituye una parte importante de una de las Reformas Educacionales más grandes de la historia del país, es innegable la oportunidad de mejora que se abre con su implementación y la importancia que cobra hoy el éxito que tengan los primeros Servicios Locales de Educación (SLE) que se instalen, no sólo por generar un impacto real y significativo en la ciudadanía, sino especialmente bajo el contexto actual, de un gobierno contrario a la idea de la “desmunicipalización”.

Cada uno de los SLE nos entrega la esperanza de contar con servicios públicos especializados, con foco único en el desarrollo de procesos educacionales de calidad, con real importancia y valor a la trayectoria educativa.

El plan estratégico local, construido de manera participativa, que guiará el camino de las Salas cuna, Jardines Infantiles, Escuelas y Liceos de cada uno de los territorios, generará en las diferentes comunidades educativas un sentido de pertenencia profundamente necesario para el establecimiento de contextos fecundos a los aprendizajes significativos y de calidad.

Es prioritario entonces que sean estos espacios los pioneros en instalar prácticas innovadoras, no solo en la gestión de los recursos humanos y administrativos, sino que ojalá provoquen un verdadero terremoto en cada una de las salas de clases, invitando a descubrir nuevos aprendizajes y a desafiar a educadoras/es, docentes y asistentes de la educación a la mejora y diversificación de las didácticas que venían utilizando en cada una de las experiencias de aprendizaje que ponen a diario a disposición de los y las estudiantes.

Por ejemplo, por qué no utilizar estos espacios como agentes de innovación en los sistemas de evaluación interna de los aprendizajes, no sólo pudiendo eliminar la comunicación pública de notas por asignatura, entregando a apoderados y estudiantes el nivel de logro de sus propios aprendizajes en vez de una mera calificación, sino también pudiendo generar procesos de evaluación colectiva centrada en procesos por sobre el habitual foco en los resultados, ambas disposiciones podrían mejorar significativamente la convivencia interna en las aulas, generando también un estancamiento en procesos de competencia interna e impacto directo en la formación de seres humanos con sentimientos colectivos por sobre individuales.

El uso con sentido educativo de la gran cantidad de aparatos tecnológicos a los que hoy los niños y niñas tienen acceso también debe estar presente, no solo en el discurso de los que hoy tienen las banderas de la implementación, sino que debe hacerse carne en adecuaciones curriculares y consolidarse como una nueva forma de abordar la realidad del país en los procesos educativos formales. No podemos seguir pensando en prohibir la tecnología, hay que darle una utilidad real y significativa, para avanzar en cosas tan evidentes como la promoción de la lectura.

La educación no sexista tampoco puede quedar fuera de este nuevo escenario, los estereotipos y  la valoración de un género por sobre otro deben estar completamente erradicados, debemos instalar una lucha por el aseguramiento de la igualdad y equidad real entre hombres y mujeres, donde se resguarde el uso del lenguaje, la inclusión de ciertas temáticas a reflexionar y el promover la construcción colectiva de nuevas formas de comprender lo masculino y lo femenino, basadas por supuesto en el respeto a las diferencias y la diversidad

Este nuevo escenario nos da la esperanza y un nuevo impulso para volver a creer que la integración en nuestra segregada sociedad, se produzca a través del desarrollo nuestra Nueva Educación Pública.

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