La gesta popular-ciudadana, y el futuro de Chile




A la evidencia de que estamos ante una inédita; histórica y más grande movilización social ocurrida en Chile, se une con mucha fuerza la interrogante sobre cómo seguirá este democrático y popular proceso, desde abajo.

Una minoría llena de pánicos; miedos escénicos; acostumbrada a sentirse parte del minoritario círculo de poder político-económico dominante, sigue apostando a que esto termine; se encauce; haya normalidad. Son las y los mismos que dicen que “la democracia está en peligro”; que entramos a la crisis más grande que ha vivido Chile, sólo comparable al golpe de estado y sus derivados atroces.

Desde esa visión apocalíptica, y desde el miedo, han tratado de apoderarse de un grandioso proceso abierto por las luchas de un Pueblo que expresa y muestra nuevas identidades; nuevas expresiones; nuevas ideas; nuevos protagonismos; con singularidades que impresionan al mundo entero…no así a la mezquina élite criolla, y buena parte de los hegemónicos medios de información, en su mayoría parte de grupos y clanes familiares y económicos transnacionales.

En los hechos, es esta élite que no quiere reconocer algo esencial: que es minoría. Y sus ideas; sus instituciones y sus propuestas, son también minoría.

El Chile real sigue su curso. Y es bien probable que el año 2020 esté signado por esta misma ruta popular y ciudadana.

Cuatro cuestiones que es importante considerar:

  • Hasta ahora, ninguna de las demandas sociales sustantivas, que emanan del transversal movimiento popular y ciudadano en curso, ha tenido respuesta. Si eso se mantiene, es lo más probable que las democráticas protestas por cambiar de raíz la desigualdad, continúen y se incrementen en marzo. Y eso será necesario.

 

  • La oportunidad de abrir paso a un proceso constituyente soberano y democrático, existe. Pero las élites insisten en ponerle trampas; reducir los espacios soberanos. Es un campo en disputa. Es un camino cuya direccionalidad sigue abierta, y no está definida. Ni para los intereses de la élite, ni para los deseos de las mayorías nacionales.

 

  • La gestión política de un gobierno que tiene el autoritario poder del presidencialismo, ha comenzado a generar mayores voces que señalan que esto no puede seguir así. Y por tanto se requiere analizar un cambio de gobierno por vías democráticas y electorales, precisamente para dar legitimidad plena al proceso constituyente y resolución a las legítimas demandas sociales que exige la mayoría del país. No son sólo las murallas; los gritos de muchas y muchos; que exigen que renuncie. Hay quienes incluso sostienen que no es tarea de la oposición “defender” o “blindar” a Piñera y su gobierno, sobre la base del extorsionador argumento de que así se estaría defendiendo la “estabilidad democrática”. Este es, también, un asunto que se debe considerar.

 

  • Hasta ahora, (y es bien seguro que así sea en el 2020), todo lo que ha ocurrido en Chile, del punto de vista de las posibles transformaciones, ha sido fruto de las luchas y las movilizaciones. TODO. Es democráticamente bueno, que miremos con esperanza, alegría, y hasta emoción, este proceso inédito del Pueblo chileno.

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