LA MEMORIA ES URGENTE




Cada vez que llega el mes de septiembre me surgen sentimientos encontrados. Por un lado, la alegría de las fiestas patrias, los asados familiares, las cuecas, las fondas y las diversas celebraciones que hacen las juntas de vecinos en los territorios del distrito que represento como diputada.  Y, por otro lado, hay una parte de septiembre que no pasa desapercibida entre tanta fiesta, y que me genera todo lo contrario. Me provoca dolor, impotencia, incluso un poco de rabia todavía. Y no faltan las personas que te dicen: “ustedes no saben nada de lo que ocurrió en Chile en esos años, no tienen porque sentir rabia o dolor por algo que pasó cuando ni siquiera habían nacido”.

Esta reflexión la tengo cada año desde que soy consciente de que, en mi país, miles de personas por pensar como yo pienso hoy, fueron perseguidas, torturadas, asesinadas y desaparecidas. Y, por paradójico que sea, me alegra sentir esa rabia y ese dolor a pesar de mirar esa historia desde lejos porque eso ratifica la magia de los libros, de las fotografías, de los relatos que se transmiten de generación en generación. Eso se llama MEMORIA y han sido muchos los esfuerzos de algunos sectores por borrarla. Por hacerle creer a un par de generaciones que en Chile ocurrieron atrocidades que están justificadas, que, si no hubiesen tomado el poder los militares, Chile viviría una “dictadura marxista”, que Pinochet nos hizo un favor y encaminó el país a un mejor futuro y que los crímenes de lesa humanidad que negaron sistemáticamente, son tan solo una indeseable consecuencia del ordenamiento nacional.

El dolor de mi pueblo fue tan inmenso, que se siente en cada lugar de memoria que he podido recorrer. Sin ir más lejos, en más de alguna reunión en la actual sede de la FECH (Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile), sentí el escalofrío de la tortura. Ahí, en el mismo lugar donde los estudiantes se organizan para luchar contra la privatización de la educación que dejó la dictadura, hubo nada más y nada menos que un centro de tortura de la DINA. Esos subterráneos oscuros a los que nunca me atreví a bajar, me provocaban un temor inmenso, difícil de relatar, pero que también lo siento cuando recorro la Villa Grimaldi o las graderías del Estadio Chile, hoy Víctor Jara… son tantos los lugares manchados con sangre y en los cuales el eco del dolor se mantiene presente a pesar de los intentos permanentes por borrarlo.

No sólo han intentado cambiar los libros de historia, como lo hizo Joaquín Lavín cuando era Ministro de Educación del primer gobierno de Sebastián Piñera, en que intentó cambiar la frase “Dictadura Militar” por “Pronunciamiento Militar”. Es así como han intentado tapar el sol con un dedo y engañar a las nuevas generaciones, convocándonos a una vacía y superficial “reconciliación”. Nos invitan a dar vuelta la página y a “pensar en el futuro”. Yo me pregunto, ¿cómo es posible creer en ello? cuando aún son miles las personas que están desaparecidas, y sus paraderos son resguardados por el miserable e inaceptable secreto militar que algunos guardan y pretenden llevar a la tumba; ¿cómo es posible creer en ello? cuando aún hay agentes cívico militares de la dictadura que siguen justificando lo que hicieron e incluso defienden la libertad de los criminales que se ríen de la impunidad que los ha beneficiado durante todos estos años.  Yo me pregunto ¿a esta reconciliación se refieren?, ¿basada en la impunidad, en el negacionismo, en la exaltación y homenaje a los criminales?

La memoria está viva y no sólo por la búsqueda incansable que llevan los familiares de las víctimas que exigen verdad y justicia. Sino también, porque la dictadura no se conformó con dejar esa mancha de sangre y dolor en nuestra patria, sino que dejó un legado que resuena día a día en nuestra institucionalidad. Un legado que se expresa hasta hoy en nuestra Constitución, la carta fundamental de un país “democrático” elaborada entre cuatro paredes, con tal nivel de amarres y ataduras que se encuentra vigente hasta el día de hoy. Esa Constitución que le dio el marco legal al verdadero objetivo político de los EE.UU. en nuestro país: La instalación de un modelo económico, político y social con profunda incidencia en el desarrollo cultural de nuestro pueblo. Los Chicago Boys no vinieron a Chile a dar un paseo, vinieron a experimentar con nosotros e incorporarnos a la red del capitalismo mundial, pero a través de la expresión más descarnada e inhumana de éste, que es el modelo neoliberal.

Chile ha sido país pionero del neoliberalismo, y las mayores expresiones de esto lo vemos en la privatización de los derechos fundamentales, como el sistema de pensiones, la educación y la salud. Esa es nuestra herencia, eso es lo que nuestra generación ha recibido, la cultura del individualismo, del consumismo, de la competitividad… por eso es que mi generación, la que ha nacido y ha sido formada bajo los antivalores del neoliberalismo, debe luchar permanentemente contra ellos. Es fácil dejarse seducir por las obras del modelo; el exitismo, el consumo y la competencia son elementos muy representativos de mi generación, y por cierto muy convenientes para la mantención y perpetuación del modelo.

En esto la dictadura fue exitosa, porque si bien nuestro pueblo valora mucho la recuperación de la democracia y poder vivir en “libertad”, sabemos que el modelo económico de la dictadura y su marco institucional siguen intactos. Es tanto así, que cada vez que se discute una ley que le incomoda a los sostenedores del modelo, a pesar de ser discutida en el espacio democrático del poder legislativo, utilizan las herramientas que ellos mismos impusieron para mantener el statu quo del poder impuesto. Y por eso evocan la revisión del Tribunal Constitucional o derechamente el veto presidencial.

A 45 años del golpe militar podemos decir que cambiar la constitución es un hecho simbólico y práctico que nos debemos para poder decir que vivimos libres del yugo de la dictadura cívico militar de Pinochet. Mientras esto no ocurra, sus ataduras nos mantendrán prisioneros de una realidad que no nos gusta, y nos daña día a día al ver conculcados nuestros derechos. Que la vida de nuestros héroes y heroínas caídos en batalla no sea en vano, depende del esfuerzo que hagamos hoy por lograr esa verdadera democracia por la que estuvieron dispuestos y dispuestas a luchar hasta vencer…

 

Karol Cariola Oliva

Diputada de la República de Chile

 

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