La naturalización de la pobreza en la vejez




Octubre mes de los grandes: celebraciones, seminarios, bailongos, reflexiones, encuentros intergeneracionales, fiesta de la primavera… sigue y suma. Dando visibilidad a las personas mayores en torno a los programas de políticas públicas y gobiernos sub nacionales, conducente a interpretaciones que la sociedad de la inmediatez no parece comprender. El ruido y jolgorio oculta verdades que ninguno quiere reconocer, en el afán de vivir y luchar por la esquiva concepción de dignidad para la vejez.

Todos queremos vivir, ver crecer a nuestros hijos y ojalá a nuestros nietos (mirada tradicional), todos queremos vivir con dignidad, es ahí cuando surge la relativización; ¿dignidad significa mejor salud? ¿Ingreso justo? ¿Cuidado y protección frente a la enfermedad? ¿Autonomía? ¿Qué significa dignidad? En un comentario público, alguien señaló que se trata de una burla, debido a los bajos ingresos por pensiones, pues más bien la vejez es una etapa de infra consumo. Así las cosas, difícilmente podemos comprender la ausencia de medidas vinculadas al aumento de precios en productos básicos y transporte en su relación con los adultos mayores, que disminuyen las posibilidades de movilizarse,  con entornos poco amigables o ciudades que no fueron construidas para personas mayores, lejos de ser espacios para envejecer, lo que implica el alto costo de transitar en una ciudad que no te acoge.

¿Es discriminación? Sin duda, aun cuando existe un número importante de personas mayores que genera herramientas y capacidades propias de adaptación y participación que benefician su  calidad de vida, (34% participan en organizaciones de diverso tipo. CASEN 2015) los modelos de participación  también se ven afectados por la segregación residencial, además de su componente estructural difuso, poco atractivo para las nuevas generaciones de adultos mayores. Los nuevos ciudadanos mayores, que asumen la energía vital para enfrentar retos, pero con la dificultad propia de adaptarse a la reducción de sus ingresos en un escenario social, donde quien no tiene capacidad de consumo es invisible.

Por otra parte,  la mayoría de las personas cree que no fue preparada  para  la vejez  y sus etapas (antelación es clave) sumado a la poca capacidad de ahorro por empleos precarios, un sistema de AFP que no resuelve sus expectativas y un Estado en permanente anuncios,  constituyen la máxima que las nuevas generaciones deben tener en cuenta sobre su propia vejez. La sociedad en su conjunto y sus instituciones no responde al esfuerzo de toda la vida laboral versus la legítima expectativa de vivir más y mejor (dignidad) esto implica necesariamente, asumir el tema de pensiones.

He aquí la discusión, que por cierto ha sido larga e infructífera, el sistema de AFP pareciera ser el corazón de una sociedad embellecida por la pasajera juventud, mercantilización del trabajo y concentración de la riqueza… alguien dijo una vez: ”todos queríamos ser ricos, luchamos tanto, construimos casas, educamos a nuestros hijos y cuando envejecimos nos dimos cuenta que éramos mas pobres que antes, la plata y los amigos se fueron, nos quedamos solos, es hora de sobrevivir”. Según la Casen 2015, el 21,6% vive en pobreza multidimensional, por eso, la reforma previsional del año 2008, otorgó un respiro justificado plenamente a los más de un millón de personas mayores que reciben pensiones básicas solidaria y aporte solidario. Fue la mejor reforma, una verdadera luz que ante los cambios sociales requiere nuevas transformaciones.

La mayoría de las personas mayores no puede cubrir sus gastos básicos. Y en ese contexto, cansa la capacidad de análisis y estudios que muestran a las personas mayores en su estado natural: la pobreza. Ya se hizo natural habar de adultos mayores y pobreza, una situación que es dramática, una condición que refleja la incapacidad de la sociedad de contener sus características, de asumir el envejecimiento como propio y lanzar anuncios que las personas mayores no esperan. Si este país tiene personas mayores pobres, es resultado de la intervención negativa del sistema de pensiones en nuestras vidas. El sentido de culpa no existe en el mercado, por lo que resulta fundamental que las nuevas generaciones solidaricen sobre la importancia de la dignidad en la vejez y no asuman la pobreza como propia de las personas mayores, la naturalización de la pobreza, implica entregar nuestras condiciones futuras a un mercado que especula sobre nuestros ingresos y esperanza de vida, de cara a una sociedad que no se siente convocada por la vejez.

Ser adulto mayor pobre, no es motivo de celebración, se requiere urgente avanzar en contextos de mejoras en las pensiones y modificación al sistema de AFP, mas allá de todas las explicaciones. Es necesario comprender que las personas mayores no tienen “tanto” tiempo para esperar, entendido que el trascurso de la vida, no es solo esperar la muerte, es también  expectativas que dignifiquen vivir y mantener recursos económicos para sostener las condiciones básicas que definitivamente no están resueltas.

Nuestro pecado es olvidar la vejez de otros, no asumir nuestra propia vejez y obviar por completo los desafíos del envejecimiento poblacional. Naturalizar la pobreza de los adultos mayores es nuestro pecado, las consecuencias son gravísimas para quienes viven la vejez y serán dramáticas para quienes han contemplado con soberbia y superioridad la vida de otros. En estos tiempos, la gestión humana sobre su especie, debe superar la interpretación divina de la vida y asumir con acciones concretas el tema del envejecimiento.

Las AFP deben modificar su lucrativo estándar de acción sobre las personas, los poderes del Estado deben asumir esta tarea como prioritaria, no solo asistir a celebraciones por la vida, es necesario un rol mas protagónico y claro sobre este tema, no es posible la relativización, hablamos de personas que están siendo sistemáticamente atropelladas en sus derechos humanos, hablamos de un país que tiene una situación de ventaja en América Latina, un país que en campaña política posesiona a la vejez en primera línea, un  país que debe ser capaz de mirar su corazón que envejece y propiciar a través del gobierno mejores condiciones en materia de pensiones.

El alza de combustible es el mejor ejemplo de la pobreza en la vejez, pues las pensiones no tienen incremento a causa de las condiciones económicas, disminuyendo oportunidades de participación, recreación, control médico, provocando aislamiento social en personas mayores, marginalidad que definitivamente no puede ser costumbre.

Naturalizar la pobreza de las personas mayores es un pecado y abordar los desafíos es un imperativo ético y moral para la acción del gobierno  y  parlamento. Es tiempo de asumir que los discursos abundantes en bendiciones y buenas intenciones resuelvan con acciones las necesidades específicas de este grupo etario. Seguir omitiendo es agudizar la desigualdad, discriminación y atropello a los derechos humanos de las personas mayores.

Una discusión seria probablemente lleve años, por eso, es necesario capitalizar la acción de la comisión Bravo y a partir de sus conclusiones motivar definiciones mas allá de las declaraciones. Estoy segura que un defensor de mayores tendrá mucho que decir respecto a los males derivados de la pobreza, pero sobre todo, lo relativo de sus efectos como condicionante de vejez, bajo un constructo teórico basado en la precariedad inmerecida de millones de personas que asumen en silencio el precio de envejecer.

La pobreza en la vejez no se puede naturalizar y es primordial enfrentar el desafío como fundamental en nuestro país.

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