La ola feminista: capeando el machismo




Pensaba hace unos días cómo esta nueva generación de feministas se ha instalado con una fuerza de vendaval, ola, tsunami y otros términos que describen  el accionar político de tantas jóvenes maltratadas, abusadas, vilipendiadas, atropelladas, ignoradas e invisibilizadas, por mencionar algunos conceptos que reflejan la influencia del  patriarcado.

Hoy no me quiero detener en abordar los diferentes hitos que han marcado esta Ola chilena pero sin duda el caso de la Manada en España marca un antes y un después, que moviliza con más fuerza a todas nosotras para apurar los cambios y visualizo, desde mi perspectiva,  dos focos: la educación sexista y los privilegios que las y los docentes instalan en sus discursos y accionar, con sesgos inconscientes, desde la educación inicial  donde los niños son tratados de manera preferente; y los medios de comunicación y su influencia en la mantención de los estereotipos con  modelos conservadores de mujeres de siglos pasados.

Vamos al primero: las niñas, durante los dos primeros años de vida tienen habilidades más desarrolladas en las áreas cognitivas, social, adaptativa y de comunicación (ELPI, 2010-2012) posterior a ello y cuando ya inician procesos de socialización en el jardín infantil se empiezan a marcar las diferencias cuando las llevan a  jugar con muñecas, les leen cuentos de princesas y observan láminas con la mujer preparando la cena o planchando lo que las lleva a instalar estereotipos y sesgos de género, mientras los niños están en el rincón de la construcción jugando con bloques, se  caracterizan con cascos y son los héroes de los cuentos y leyendas. En 1° básico, ellas ya tienen incorporadas que son “malas para las matemáticas”, lo que es aprendido socialmente y vivido en la escuela porque se concatenan aspectos culturales arraigados en los y las docentes: los niños son capaces y los incentivamos más para que lleguen a la universidad, las niñas son buenas en lenguaje y pueden llegar a ser técnicas en párvulos, trabajadoras sociales o enfermeras, “carreras sociales” que no despliegan todos los talentos de las mujeres, pero ese es el espacio que nos corresponde según aquella lectura que hacen de la realidad manipulada por los imaginarios culturales de los adultos.

Es por eso que el espacio familiar, la educación, la sociedad y la cultura son claves para lograr la igualdad de género y mover la aguja hacia una mayor equidad.  Pongo como ejemplo la situación de los padres de niños y niñas que rinden la famosa prueba PISA, donde ellos esperan que los hombres sigan carreras STEM (denominación en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). O sea, TODO MAL!!. Así es como se reproducen los estereotipos que terminaron por rebelar a las jóvenes que salieron hace unas semanas a la calle a torso desnudo porque esta es una forma más de violencia naturalizada dentro de un modelo cultural machista y patriarcal, que se desarrolla al interior del primer núcleo básico donde socializan y aprenden patrones.

Hoy más que nunca debemos cuestionar los roles tradicionales de género, acompañar amorosamente (como dice Humberto Maturana) a las niñas en un proceso de formación, con convicción de que ellas pueden y tienen el talento para estudiar ciencia, tecnología, matemáticas o ingeniería. Hay un grupo de docentes, en su mayoría mujeres, que han cuestionado las formas de hacer docencia permitiendo e incentivando a las niñas a que sean lo que quieran ser en sus vidas futuras post liceo. Ahora bien, no es suficiente y debemos hacer los cambios necesarios  en las mallas curriculares de la formación inicial de los y las profesores para que el impacto sea duradero y cambie las lógicas estereotipadas con que se mueven hoy en el aula. EDUCACIÒN NO SEXISTA YA!!

Segundo foco: los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en la imagen pública que proyectan de nosotras, que se crea a través del lenguaje que utilizan. Pueden ocultarnos, discriminarnos e incluso denigrarnos en publicidades, noticias, titulares o denominaciones que perpetúan los roles tradicionales de género.

Es urgente y necesario avanzar en la deconstrucción de roles que mantienen a las mujeres en una constante actitud servicial y pasional, y a los hombres en busca de la aventura llegando a la meta, poniendo la estaca en el Everest, o como los racionales que se instalan en el mundo público con tremendo éxito.

Nuevamente un avance: el Colegio de Periodistas y su comisión de género han generado una serie de iniciativas que incentivan un cambio en estas prácticas machistas y patriarcales  promoviendo el ejercicio del periodismo con  una comunicación no sexista e inclusiva en la formación y en la práctica de la profesión. Creo que un tratamiento igualitario en el discurso mediático puede contribuir, no solo a visibilizarnos, sino a acelerar el avance hacia la igualdad en muchos otros ámbitos. Es necesario que el lenguaje periodístico se haga eco de los procedimientos lingüísticos encaminados a evitar la discriminación por razón de sexo, ya que de esta forma se favorece la toma de conciencia y se contribuye a animar sensibilidades en aras de una sociedad más igualitaria.

Sin duda existen una serie de aportes en ambos focos, pero no son suficientes, lo que queda demostrado por ejemplo en la frase que el Presidente utiliza con la Presidenta de la Cámara de Diputados en su última Cuenta Pública, dejando a la vista sus sesgos inconscientes machistas, lo que ratifica la necesidad de seguir marchando, discutiendo y reflexionando para generar cambios estructurales en esta sociedad nuestra.

Ellas y nosotras como sujetas de derecho, sin barreras para lograr nuestras metas con proyectos alternativos a la maternidad, instaladas como científicas, escritoras, mineras, ingenieras o escultoras exigimos ser respetadas, valoradas y reconocidas como “otra legítima”, esa una de las consignas principales de esta Ola Feminista que vino para quedarse. Las invito a capear juntas y juntos el machismo, para seguir avanzando y mover las aguas con más fuerza.

Síguenos