La revuelta social y el proceso constituyente con perspectiva de género




El  18 de octubre se cumplió un año desde las movilizaciones nacionales que se enmarcaron en el denominado estallido social o revuelta social que marcó el punto de inflexión, o si se quisiera, la gota que rebalso el vaso, a raíz de la desigualdad social, económica y la crisis de la institucionalidad que viene acarreando el país desde décadas. La consigna, no son 30 pesos, son 30 años es ejemplo de aquello. Durante las movilizaciones, pudimos observar como la temática de la violencia de género y los derechos de las mujeres también formaron parte de las demandas mas emblemáticas. Mayo feminista en el 2018 fue una antesala y nos dio muestras de todo esto.
No por nada, posteriormente en el 2020, una de las movilizaciones históricas, por su concurrencia, fue una realizada el 8 de marzo a propósito del día internacional de la mujer.

Lamentablemente, la literatura sobre la revuelta y el estallido, principalmente escrita por hombres, omiten el impacto que tuvo en esta olla a presión la constante discriminación, exclusión y violencia cometida sistemáticamente en contra de las mujeres, personas LGBTI, para exigir un cambio al modelo político y económico no solo desigual sino que también patriarcal. En este sentido, si analizamos el contexto político e histórico de la revuelta con una perspectiva de género, podremos encontrar estos elementos, y aún más, si tomamos en consideración el proceso constituyente y la disputa que existió por la paridad de género en el órgano constituyente. Desde este punto de vista, la reivindicación de la mujer y de la diversidad sexual y de género debe tomar un elemento central en los análisis históricos y políticos que realicemos sobre este suceso y periodo. La revuelta social ha tenido como uno de sus objetivos principales el cambio de paradigma vigente por la constitución de la dictadura.

En primer lugar, debemos preguntarnos algo, ¿Si nos han excluido y violentado históricamente, desde qué lugar nos posicionamos para este cambio de paradigma? Responder esta pregunta no es fácil ni tampoco tiene una respuesta única, pero para adentrarnos en una propuesta, ésta sería el proceso constituyente. En efecto, el cambio constitucional es la herramienta principal, pero no única, para el cambio de paradigma de una sociedad profundamente desigual y violenta hacia las mujeres, personas de la comunidad LGBTIQ y otros grupos históricamente discriminados. Sin embargo, nos enfrentamos a distintas barreras para esto, principalmente por un sistema político y electoral que no nos beneficia, sin perjuicio de la paridad de género que solo se aplicará a la convención constitucional en su integridad. Desde este punto de vista, las barreras en la representatividad en la convención, y la discusión constitucional que se dé al interior de la convención forman parte de los desafíos principales para el cambio de paradigma.

Desde aquí nos debemos parar, el cambio constitucional como la piedra angular del cambio de paradigma de un modelo de sociedad machista, patriarcal, conservadora, que aún cuando se han avanzado en reconocimiento y conquista de derechos, los efectos son diluidos por una constitución que establece un modelo político y patriarcal que reproduce y permite la discriminación y violencia estructural. La constitución no es neutral, su silencio en materias de género, de diversidad, niñez, pueblos originarios, es deliberada, y esto ha sido interpretado así por los sectores conservadores y en particular por el Tribunal Constitucional. De esta forma, la constitución y su modelo se defiende a si mismo a través de los distintos dispositivos de poder que perduran hasta el día de hoy.

Es por esto que el nuevo texto constitucional no puede solo apuntar solo a un mero catálogo de derechos de las mujeres, de la diversidad, entre otros ejemplos, sino que debe integrarse una perspectiva de género, diversa, multicultural en la estructura de los derechos fundamentales reconocidos en la nueva constitución. Además de lo anterior, la distribución y la configuración del poder no puede quedar exenta de lo anterior. El modelo actual fue creado, bajo una supuesta neutralidad, por hombres blancos heterosexuales de clase alta para estos mismos hombres, y es aquí una de las causas principales de por qué se produce a exclusión y discriminación. El cambio de paradigma requiere que el nuevo texto constitucional reconozca, desde su bases, un modelo distinto de sociedad, que lentamente ha ido cambiando pero aún se resiste, tal como la constitución de la dictadura se ha resistido a desaparecer.

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