La tesis y renuncia del converso




El recién renunciado ex ministro de cultura Mauricio Rojas, señaló el 2015 en su libro “Dialogo de Conversos” que el Museo de la Memoria “…más que un museo, se trata de un montaje cuyo propósito, que sin duda logra, es impactar al espectador, impedirle razonar” (…) “es un uso desvergonzado y mentiroso de una tragedia nacional que tanto nos tocó tan dura y directamente”. En 2016 en la cadena CNN español, Rojas insiste en su tesis y señala que el Museo de la Memoria es algo instalado “para que la gente no piense, para atontarte… para crearte un verdadero trauma.”

Una vez que asume la cartera, el renunciado ministro se desdice de lo dicho hace menos de dos años señalando que “no refleja su pasamiento actual”. En su defensa salió el secretario de la presidencia Gonzalo Blumel, quien señaló que los dichos del renunciado solo eran opiniones anteriores y no reflejaban su pensamiento actual. Por su parte, la hija del presidente, Magdalena Piñera, lo defiende y a través de Twitter (que después borra) señala que el museo explicaba una verdad parcial de lo ocurrido, lo mismo que opinó en su momento el diputado Mario Desbordes.

El nombramiento, que no duró más de 90 horas, no es solo un error táctico de Piñera y/o de sus asesores, sino que refleja sin duda el escaso interés que tiene y ha tenido la derecha chilena post 73 respecto de los derechos humanos en nuestro país. La derecha olvida que existe una verdad oficial en este país declarada por el Estado chileno, que estableció en el informe Rettig en el año 1990 que 2.279 ciudadanos chilenos murieron por agentes del Estado, que 27.153 fueron torturados y privados de libertad por razones políticas según el informe Valech I. A ellos se agregan otros 9.795 torturados y prisioneros políticos reconocidos mediante el Informe Valech II.

Considerando que las violaciones a los DDHH cometidas por la dictadura pinochetista fueron omitidas por los civiles que la apoyaron, algunos de los cuales son ministros actualmente, no les incomodo en nada el nombramiento de Rojas como titular de cultura, porque en el fondo pretenden desconocer la existencia de violaciones a los DDHH en este país o al menos minimizarla. De hecho, aun existiendo estas graves “opiniones” de Mauricio Rojas, el gobierno lo contrató como asesor político con exclusiva oficina en el segundo piso de La Moneda, donde probablemente vuelva ahora a trabajar redactando los discursos del presidente Piñera.

Mauricio Rojas señala en el libro escrito con el ministro Roberto Ampuero su pasado de extrema izquierda en el MIR, cuestión que es desmentida por el ex secretario Andrés Pascal Allende, quien señaló que Rojas no participó de estructura alguna en la época.

Lo expuesto por Rojas en el libro y que es ratificado en la entrevista de 2016, no es solo una opinión –como lo ha querido defender Blumel-, es derechamente una idea política meditada respecto a los DDHH en nuestro país, representando tal tesis un negacionismo directo y expreso de lo ocurrido en Chile entre 1973 y 1990.

En países europeos como Alemania, cualquier persona que apruebe o niegue los crímenes cometidos por el Estado Nazi es castigado hasta por cinco años (artículo 130 del código Penal Alemán). En caso de existir esta ley en Chile, que actualmente se tramita en el congreso, el converso renunciado Mauricio Rojas debía enfrentar una investigación penal y juicio por instalar la tesis política que la violación a los DDHH y su símbolo más representativo -el Museo de la Memoria- que busca no olvidar lo ocurrido y establecer el “nunca más en Chile”,  es una falsedad de la izquierda chilena.

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